Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Lista Infinita
Eduardo García Gaspar
14 junio 2010
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
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Por lo que he visto es común. Por lo que he escuchado, se da en todas partes. Por lo que pienso, es un error grave. Por lo que creo, es un tema digno de poner sobre la mesa.

Me refiero a una definición de desarrollo. Se afirma que desarrollo de la persona y la sociedad se logra cuando se respetan los derechos humanos. Es una definición parcial, demasiado incompleta. Por supuesto que es positivo que se respeten derechos humanos. Nadie está en contra de eso, con la excepción de los gobiernos de algunos países, como Cuba y Venezuela.

Los derechos humanos parten de un principio sólido, el del valor de cada persona, digna por sí misma. Los derechos humanos son consecuencias lógicas de esa dignidad. Hasta aquí no hay problema. Pero sí lo puede haber por una peculiaridad muy de nuestras modas políticamente correctas.

Todo depende de cómo se definan esos derechos humanos. Los que dicen que con el respeto a esos derechos humanos se logra desarrollo, acuden casi todos a fuentes que den solidez a su afirmación. Hablan de los derechos del ciudadano, los originales en Francia, hasta de la declaración de la independencia estadounidense y la Carta Magna. Y más recientemente, hablan de la ONU.

Y aquí es donde entramos en problemas. A la declaración original se le han añadido más y más derechos, tantos y de tal magnitud que han tenido que ser clasificados en diferentes tipos: los originales son llamados de primera generación, a los que se han añadido otros de tan diversa naturaleza que se habla de segunda, tercera y cuarta generación. Total, los derechos humano se han vuelto una lista infinita de reclamos.

No hace falta entrar en el detalle. Basta saber que la generadora de la lista creciente de derechos es la ONU, a la que se suman cuanto organismo internacional y ONG que se le ocurra a usted: derecho al sexo seguro, a la vida sin drogas, a espacios deportivos, al arte, a estaciones de medios electrónicos… lo que se le ocurra a usted.

Por supuesto, esto causa un problema de tramo de atención: con tantos y tan variados derechos se pierde la importancia de los básicos y esenciales. Al mismo nivel es colocado el derecho a la diversión que la libertad de expresión. Otro problema es el del activismo à la carte Una ONG dedicada a la sexualidad, exigirá derechos sexuales. Otra, dedicada al arte, pedirá derechos artísticos.

Y todos, en ese remolino activista, buscan que la ONU los apruebe en declaraciones, tratados, reuniones, que más tarde se usan para legitimar los nuevos derechos. La ONU es como una especie de autoridad religiosa que otorga permisos dogmáticos sobre los derechos.

Pero el mayor problema es otro, el de la contradicción entre ellos. Son tantos y de tal variedad, que unos se contraponen a otros. Muchos de ellos, para ser implantados, necesitan que otros se violen. Por ejemplo, el derecho a seguro de desempleo: para implantarlo se requiere que se viole el derecho a la propiedad. Se le quitan propiedades a unos para dárselas a otros en forma de ese seguro.

La cosa se pone peor, porque adicional a esa contradicción, el beneficiario real de todos esos derechos añadidos no es la persona en sí misma, sino un segmento de ellas: los que detentan el poder para implantar esos derechos. Cada nuevo derecho de los no esenciales requiere que el gobierno intervenga y amplíe su poder. Y con cada nueva intervención, la sociedad entera empobrece y, paradójicamente, pierde derechos.

Los derechos originales, los que se sostienen en la dignidad personal, contienen una idea básica, la de la libertad humana. Los derechos añadidos, por el contrario, van contra esa libertad al hacer a las personas dependientes de favores gubernamentales. Este ha sido el efecto neto de la adición de nuevos derechos que la ONU ha declarado.

Empecé diciendo que hay quienes afirman que el desarrollo depende del respeto a los derechos humanos. Si por derechos humanos entendemos a los básicos y originales, la afirmación es correcta. Pero si por derechos humanos entendemos a los añadidos, la afirmación es equivocada. Más aún, como dije, esos nuevos derechos producirán falta de desarrollo.

No son cuestiones ideológicas, son de mero sentido común y sólo es cuestión de ponerse a pensar un poco rascando la superficie de todos esos nuevos derechos añadidos a la lista políticamente correcta del día. La lista infinita de derechos es en realidad una lista infinita de excusas para perder la libertad, el más sagrado de ellos.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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