Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Nana Que Tienen Dentro
Eduardo García Gaspar
4 enero 2010
Sección: CRIMEN, EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Los datos son los que cualquiera hubiera predicho. El costo del combate ha sido enorme, un billón de dólares durante los últimos 40 años. La captura de los delincuentes no ha tenido efecto en disminuir el delito. Hay unas quince mil víctimas. La aplicación de la ley ha producido modificaciones geográficas solamente y fomentado la delincuencia en México.

Los datos son del WSJ (David Luhnow, 28 diciembre 2009). Las bandas de delincuentes están siendo financiadas con tales montos de dinero que han expandido su negocio y se han adentrado en el gobierno. En algunas partes, dominan poblados enteros. Tienen cerca de medio millón de empleados. Son la tercera industria en México. Usan tecnología moderna. No hay manera de combatirlos.

Todo eso, por una razón muy noble y buena: querer impedir que las personas consuman drogas. Es la misma mentalidad que hace que los gobiernos se conviertan en nanas del ciudadanos: no quieren que fumemos, no quieren que comamos alimentos chatarra, tampoco ciertas grasas. La nana que todo gobernante tiene dentro es lo que produjo la prohibición de las drogas.

En el caso de las drogas, la miopía de la nana se convirtió en un caso que será estudiado por generaciones futuras como quizá el mayor acto de estupidez gubernamental jamás cometido, incluso mayor que las políticas del gobierno de la URSS. Otra instancia más de la ley de efectos no intencionales, pero un caso como no hay otro en nuestra historia, por su transparencia y miopía. Piense usted en esto.

A principios del siglo 20 se decretó en EEUU la célebre prohibición de bebidas alcohólicas. La intención era la misma, la de la nana preocupada por ciudadanos a los que mira como niños. Y con los mejores deseos se comete la peor de las tonterías posibles. Las lecciones de la Prohibición, que son claras, no pudieron frenar que se cometiera el mismo error. Es realmente asombroso.

El tema bien vale una segunda opinión para verlo más analíticamente de lo que suele hacerse.

En primer lugar, la sociedad es un muy complicado sistema de interrelaciones que no puede ser controlada con medidas pueriles como una prohibición de consumo, especialmente un consumo adictivo. Cualquier gobernante, el más ignorante de ellos, sabe esto. Se han escrito muchas páginas del tema desde hace varios siglos: establecer la prohibición de drogas causará efectos colaterales indeseables y podrá tener un efecto mínimo en el consumo, el que podrá incrementarse incluso.

En segundo lugar, la cuestión moral. Sí, es reprobable consumir drogas, moralmente negativo. Pero la ley tienen límites y no puede echarse sobre sus hombres la moral de la gente. Esos límites de la ley fueron rebasados con la prohibición de bebidas y lo son ahora con la de las drogas. Es un defecto de acumulación de funciones en los gobiernos, más allá de sus límites naturales.

En tercer lugar, la cuestión práctica, la de resultados. La experiencia con la prohibición de bebidas fue tal que se anuló años después. No funcionó. Ahora se presenta una prohibición similar y tampoco está funcionando. Es obvio lo que debe hacerse.

En cuarto lugar, la estrategia. El combate se fundamenta en la captura de los delincuentes y no en la anulación de la oportunidad del delito. Su negocio es causado por la prohibición misma, por lo que capturar a los delincuentes no logra nada real, pues las posiciones de los capturados son llenadas por nuevos delincuentes.

En quinto lugar, lo de la lógica. Entre dos o más males, debe escogerse el menor. Es un ejercicio de prudencia. Un gobernante razonablemente inteligente, seleccionaría el menor de los males. Pero en este caso, gobiernos enteros, durante décadas, han optado por el mayor de los males. Otra muestra de estulticia gubernamental masiva.

En sexto lugar, la regla de que el poder embrutece. Es una afección que ataca a todo tipo de gobierno. Es esa estulticia y tiene fundamentos sólidos: las posiciones de poder acumulado tienden a aislar de la realidad a la persona, la que cree que sus deseos pueden cumplirse, no importa cuáles sean. Y, creyendo eso, toma decisiones que no sólo no dan resultados, sino que empeoran el problema.

Finalmente, en séptimo lugar, el combate a las drogas ha desarrollado una estructura burocrática que crea un modo de vida: ingresos que desaparecerían en caso de despenalizar a las drogas. Es decir, la burocracia es la primera interesada en mantener una lucha interminable porque eso le representa un ingreso continuo.


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