Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Petición del Papel de Baño
Eduardo García Gaspar
24 marzo 2010
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en: , ,


Estimados diputados y senadores, señor Presidente de la República y miembros de la Suprema Corte:

Me dirijo a sus excelencias en un afán de servicio público, sintiendo el mismo llamado que ustedes tienen en su irrenunciable vocación de servicio a la nación, que les lleva al sacrificio mismo de los intereses personales en aras del beneficio colectivo de las grandes mayorías nacionales.

Es bajo ese deseo de bienestar general que tengo el atrevimiento de sugerir una modificación en las leyes del país, o bien la adición de alguna más, para de esta manera agregar un par de medidas nobles e incluso urgentes para el desarrollo nacional. No hago con esto nada más que seguir la trayectoria que ustedes han marcado por décadas. Añado esta petición a la otra, hecha hace poco tiempo.

Esta trayectoria histórica está marcada con hitos en el tiempo que han hecho de su labor algo indispensable para proteger a la nación de males indecibles por medio del impedimento y la prohibición como estrategia de desarrollo. Señores gobernantes sírvanse atender esta humilde petición de un ciudadano común que no tiene otra intención que la de servir a su país dentro de los usos y costumbres gubernamentales cimentados en décadas.

Como bien es conocido, ustedes han prohibido a los ciudadanos una serie de actos, acciones y conductas usando como argumento y motivo el bienestar nacional. Han prohibido a los ciudadanos, entre otras muchas cosas, el tener empresas en sectores petroleros, petroquímica básica, minerales radioactivos, electricidad, satélites y otras más. Y si no lo han prohibido, lo han obstaculizado, que es lo mismo.

Han impedido, además, que el propietario de un restaurante decida si acepta que allí se fume o no. Han impedido que el trabajador pueda optar por no ahorrar para su pensión. Han hecho igualmente difícil que el obrero use otros servicios médicos que los que el gobierno ofrece. Han impedido que las personas acuerden contratos de trabajo voluntarios y que los padres de familia decidan la educación de sus hijos.

Es en esta gran tradición de innumerables prohibiciones que hago mi petición para que por medio de leyes, reglamentos y decretos se realice otro impedimento, la prohibición legal y absoluta de la producción y venta de cintas adhesivas cuyo comienzo es imposible de encontrar y del papel higiénico que se termina en el momento de mayor necesidad.

Han querido impedir que las personas decidan si quieren o no usar los cinturones de seguridad. Desean impedir el consumo de alimentos chatarra, que los padres pongan a sus hijos los nombres que desean. Pero no se vea a esta tradición de prohibición como una serie de labores indeseables. ¡Todas las prohibiciones son para el bien del ciudadano! Nadie debe osar pensar lo opuesto.

Han impedido que las personas consuman drogas, si es que lo quieren, siguiendo así la gran tradición de la prohibición de bebidas alcohólicas. Ha impedido el pago simple de impuestos bajos e incluso la posibilidad de que dentro de sus propiedades las personas arranquen un árbol o añadan un techo a su casa. Y, en un gran logro, han impedido las propiedades productivas en el campo.

No, no es una petición alocada. Sigue en la misma tradición, hábito arraigado y mística solera, fijada por años de intervención gubernamental. La justicia social se alcanzaría con esos dos impedimentos que por ley están a nuestro alcance y que pido a ustedes dar la más seria consideración.

Vean la tragedia social, el drama cotidiano, la injusticia social, que sufren muchos ciudadanos que desperdician tiempo en encontrar dónde comienza una cinta adhesiva, o peor aún, los llamados de desesperación en el caso del papel higiénico terminado en el momento menos oportuno y que alteran la tranquilidad familiar.

Siéntanse llamados de nuevo por esa vocación de impedir, vedar, prohibir, obstaculizar y detener todo lo que el ciudadano pueda realizar. Nada diferente es a lo que hacen con los bienes importados. ¡Prohiban de una vez por todas esas cintas adhesivas infames y esos papeles de baño que sin misericordia nos ofrecen los explotadores!

Lo mismo que han hecho con el maíz mejorado, con la entrada de nuevas televisoras. Si se impide el pago sencillo de impuestos o el logro de permisos de inversión, nada costaría añadir la prohibición de esos dos peligrosos productos a los que me he referido. ¿No es caso la naturaleza de los gobiernos prohibir, obstaculizar e impedir?

Y ya en esa tradición mítica sería de gran ayuda prohibir que la gente sufriera el gran dolor que se siente al golpearse el dedo gordo de un pie contra las patas de mesas y camas cuando andan descalzas. Sería un adelanto nacional revolucionario y todo lo que hace falta es una ley, que es lo que ustedes aman hacer. Leyes y más leyes, siempre en aras del bienestar nacional.

Es posible que alguien tomara esto como una broma, pero quien lo haga merece el adjetivo de fundamentalista intolerante, desconocedor de la gran tradición que da sustento a tantos miles de trabajadores de gobierno, cuyas vidas están destinadas y consagradas a la gran tradición estatal de prohibir.

Atentamente

Post Scriptum

Claramente estoy siguiendo el tipo de texto creado por Bastiat (1801-1850) en sus peticiones de proteccionismo y de empleo: seguir el camino lógico por el que llevan decisiones gubernamentales ya existentes.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras