Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Universidad Ciega
Santos Mercado Reyes
20 julio 2010
Sección: ESCUELAS, LIBERTAD CULTURAL, Sección: Asuntos
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Hay dos tipos de escuelas: las que rigen su comportamiento según las necesidades de la gente y aquellas que se administran a base de ocurrencias y caprichos.

Las primeras, las que responden a las necesidades y gustos de la sociedad están atentas a las señales del cliente. Si los estudiantes (clientes) piden carreras de administración o de música o de astronomía, estas escuelas hacen hasta lo imposible por satisfacer al cliente (el que paga, manda).

Si tienen una carrera de la cual nadie quiere estudiar, la dan de baja inmediatamente, para evitar pérdidas. Son escuelas que funcionan bajo la lógica del mercado, es decir, no reciben subsidios del gobierno. Son escuelas que tienen dueño y que persiguen el lucro a partir del favor del cliente. Saben que si no satisfacen el gusto del cliente, no tendrán ganancias y tendrán que dedicarse a otra cosa.

Estas escuelas, por la necesidad de sobrevivir, deben tener los ojos muy abiertos para detectar las señales del cliente a fin de hacer las adecuaciones o reformas necesarias no solo en los planes y programas de estudio sino también del personal, secretarias, afanadoras y profesores; si alguien no funciona bien, lo amonestan o de plano lo despiden pues no se pueden dar el lujo de conservar gente que perjudique al negocio ya que le provocaría pérdidas y posiblemente el fracaso.

Las segundas, las que no viven del cliente sino de los subsidios que envía el gobierno, son escuelas que ponen los ojos en la mano del funcionario gubernamental que les da el dinero. Les basta con hacer lo que el gobernante en turno les indican y solo tienen que garantizar que la escuela o universidad no genere conflictos que desagraden al poder en turno.

Los planes y programas de estudio son elaborados por los empleados que pasan a formar parte de la nómina oficial y que ya tienen chamba segura de por vida. Se reúnen en sesiones maratónicas donde disfrutan de ricas viandas pagadas con el erario y al final sacan planes y programas que se imponen para que duren décadas y que poco o nada tienen que ver con el interés del estudiante,  más bien reflejan las ocurrencias y caprichos de los nuevos funcionarios educativos.

Aún cuando estos planes y programas no responden a la necesidad de la gente, las escuelas ciegas tienen una cantidad enorme de solicitudes y sobreviven por muchos años.  Cualquiera podría pensar que son instituciones exitosas, dada la demanda y la larga sobrevivencia.

Pero no, la demanda es muy alta dado que ofrecen “educación gratuita” donde el estudiante no paga, sino los gastos se transfieren al erario; y sobreviven por décadas porque tienen asegurados los subsidios, incluso hasta logran plasmarlos en sus constituciones políticas.

Cada persona tiene su propio criterio en cuanto al éxito de la institución. Pero si pensamos en lo difícil que es sobrevivir en un mercado de libre competencia, se puede decir que aquellas instituciones educativas que viven del cliente, son exitosas si se han sostenido por más de una década. Las estadísticas dicen que el 80% de los negocios nuevos perecen antes de tres años.

Y aún cuando ya hayan rebasado la década, nada garantiza que al día siguiente sobrevivan pues un error puede causar el fracaso de la institución. Pero el riesgo de fracaso sólo ocurre con las escuelas y universidades privadas, las que sobreviven en la dinámica del mercado.

Podría pensarse entonces que para evitar el riesgo de fracaso de una institución educativa, la  nación debe admitir solo universidades subsidiadas por el gobierno, es decir, construir un cuerpo educativo a base de instituciones ciegas. Pues esas no fracasan, y sobreviven siglos. Solo que hay graves problemas en ello:

• Las universidades ciegas nunca van a resolver los problemas de la sociedad, es más están indefectiblemente divorciadas del sector empresarial y de los comerciantes, que son los verdaderos generadores de riqueza. Se constituyen en excelsas Torres de Marfil.

• Son verdaderos barriles sin fondo. Ningún presupuesto las deja satisfechas, siempre piden más y no les gusta entregar cuentas.

• Se cumple la profecía de Carlos Marx cuando decía en su Crítica al Programa de Gotha que las universidades públicas (instituciones ciegas) están diseñadas para que los pobres paguen la educación de los ricos. En este punto Marx no andaba tan equivocado si miramos que la gente pobre de un país, a duras penas termina la educación básica.

• Las escuelas y universidades ciegas son el caldo de cultivo natural para la mentalidad anticapitalista, es decir, se desarrolla naturalmente todo tipo de ideas izquierdistas.

Todo esto este alegato es para convencernos que si un país basa su sistema educativo en escuelas y universidades ciegas garantiza dos cosas:

• Tendrá un sistema educativo inútil.

• Tendrá un sistema de destrucción de recursos que terminan por empobrecer al país.

¿Cuál es la solución?

Eliminar las escuelas y universidades ciegas. En otras palabras, todas las instituciones educativas deben arrojarse al proceso y a la disciplina del mercado. La competencia y la lucha por sobrevivir son la mejor garantía de que surgirán buenas y excelentes instituciones educativas.


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