Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Lástima, no es Total
Eduardo García Gaspar
28 junio 2010
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es un problema de significado. Cuando las personas usan la misma palabra, pero dicen cosas distintas, las discusiones y los problemas se acrecientan. Uno de esos casos es el de la libertad.

Quienes la defendemos, especialmente en contra de los ataques que ella sufre por causa de gobiernos en expansión, tenemos ese problema de significado… y nuestro opositor ya no es el gobierno, sino quien define a la libertad de otra manera.

Los que creen que la libertad equivale a hacer todo lo que a uno se le venga en gana, sin limitaciones, hacen un ataque frontal a la libertad. Al definirla de una manera tan superficial la destruyen. No, ser libre no significa hacer lo que a uno se le pegue la gana. Significa que uno puede hacer eso, pero entender que no todo debe hacerse.

El problema está oculto. El que define mal a la libertad piensa equivocadamente que por ser libre toda acción es necesariamente buena. Es un razonamiento pueril, pero eso se cree en muchas ocasiones. Es una lástima que también suceda que esta mala definición de libertad eleve a la democracia como el más alto valor político posible.

La democracia es una cruda herramienta que defiende libertades, eso es todo. El gran valor es la libertad, no la democracia. Y la libertad no es un valor aislado del resto, necesita otras ideas que le son esenciales, como responsabilidad, ley y, sobre todo, una idea muy clara del bien y del mal.

Si usted quiere ser libre, no hay otra manera de serlo que aceptar en lo personal las consecuencias de sus actos. Libertad sin responsabilidad es un engaño. Libertad sin orden ni ley es un imposible: los más fuertes harían esclavos a los más débiles. Pero lo más fascinante es la idea de que la libertad presenta un problema ineludible: ella se rinde ante algo, siempre.

No es difícil de entender. Ni usted ni yo usamos la libertad en abstracto. La usamos en casos particulares para decidir una acción entre varias. Decidir es seleccionar una cosa sobre el resto en situaciones concretas. Es decir, la libertad necesita un criterio para poder escoger algo, para concluir que algo es mejor que el resto de las posibilidades.

Sin ese criterio no hay libertad: nuestras conductas serían una serie aleatoria de eventos sin sentido. ¿Cuál es ese criterio? Puede haber muchos. Uno de ellos es el de hacer lo que me venga en gana en cada momento, lo que sea. Esto es lo que creen quienes definen mal a la libertad: para ellos el criterio es el gozo inmediato irreflexivo de la persona.

Hay otro criterio mejor, mucho mejor. Comienza con considerar a los demás y significa que mi libertad tiene una limitación inicial: lo que yo haga no puede alterar la libertad del resto. Por eso, mi libertad no puede validar mi conducta de robar los bienes de otros. Esto lo entiende cualquiera y significa que ya no puedo hacer lo que se me pegue la gana.

Lo que esa limitación significa es incorporar el bien de los demás, es decir, su libertad. El siguiente paso es lógico: si debo respetar el bien del resto, también debo respetar el bien propio. ¿Pero qué es mi bien? Buena pregunta. Primero, sería el respetar mi libertad: hacer eso que la mantenga, lo que, por ejemplo, evite adicciones que esclavizan la voluntad.

Eso haría reprobable cosas como el abuso de comidas, bebidas y sustancias, y otras conductas como las obsesiones de comprar, tener cirugías plásticas, la codicia y demás. Pero ahora viene lo más interesante, el dilema de la libertad: mis decisiones libres significan que escojo a algo por encima de las otras cosas.

Es decir, la libertad por definición se rinde ante algo: eso que he escogido como superior y que debe ser bueno para mí. ¿Cómo sé lo que es bueno para mí? De la misma manera que sé que algo es bueno para otras cosas porque es congruente con su naturaleza. Es bueno para mi naturaleza mantener la vida y por eso como y bebo, pero puede ser que si lo hago en exceso eso sea malo… si se me pega la gana hacerlo lo hago, pero ya sé que no es bueno para mí.

Consecuentemente, la libertad necesita esa regla para poder elegir: lo bueno es lo que es congruente con mi naturaleza humana, lo malo es lo que no lo es. Por tanto, la clave de la libertad es entenderla como la responsabilidad de decidir hacer lo que es bueno según mi naturaleza. Y evitar lo que no lo es.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




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