Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Lecciones de Vida
Eduardo García Gaspar
11 enero 2010
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión, Y FABULAS E HISTORIAS
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La historia comienza en un bosque muy lejano, hace mucho, pero mucho tiempo. Tres animales se habían reunido y logrado después de varias discusiones un acuerdo: los tres trabajarían en equipo con la meta de lograr la presa más apetitosa y repartirla entre ellos.

Se comportaron de manera muy civilizada los tres. Cada uno hablaba por turnos que los otros dos respetaban, Y con las aportaciones de todos, se trazó un plan para cazar a un venado sumamente apetitoso, pero que ninguno de ellos habría podido cazar por separado.

El león, el asno carnívoro y la zorra celebraron aquella noche su acuerdo. Durmieron plácidamente pensado en el gran bocado que mañana disfrutarían. El asno, que era un muy buen matemático, pasó parte de la noche calculando cómo partir en tres partes iguales al venado. Trazando mentalmente líneas en el cuerpo de venado llegó a la solución perfecta.

Era ya la mañana. Los tres animales se reunieron en el lugar convenido. Primero llegó la zorra, un animal nervioso e impaciente, pero de gran agudeza. Muy poco después llegó el león, caminando con altanería. De inmediato llegó el asno que repasaba sus cálculos de la noche anterior.

Con sigilo salieron del lugar en dirección a donde solía pastar el venado que buscaban. La caza les tomó varias horas, pero lo lograron. Hacia el medio día, en un claro del bosque yacía el venado muerto. A su alrededor, los tres socios lo miraban satisfechos y anticipaban el sabor de una buena y tierna carne.

Procedieron a la división, ordenada por el león, de la que se hizo responsable el asno de acuerdo con sus cálculos. Le tomó algún tiempo pero al fin tuvo tres porciones exactamente iguales del venado. Nunca se había realizado en una división más perfecta que ésa. Terminada su tarea, el asno volteó a ver a sus socios. Con la mirada les indicaba que podían proceder a devorar a su presa.

El primero que avanzó fue el león, quien para sorpresa de todos, se lanzó sobre el asno, lo mató y devoró en pocos bocados, mientras la zorra quedaba inmóvil. Cuando ya no quedaba rastro del asno, el león volteó a ver a la zorra y le dijo:

“Es ahora tu turno. El asno dividió antes al venado en tres porciones perfectas. Ahora, que somos dos, quiero que tú dividas al venado en dos partes también perfectas”. La zorra, que pensó que su vida no duraría mucho, creyó que sería conveniente no huir y comenzó su tarea.

Tardó más tiempo del que pensaba mientras el león la comenzó a ver cada vez con más interés. La zorra terminó su tarea de dividir al venado y mostró al león las dos partes. La zorra había primero reunido las tres partes del venado en una sola porción enorme y de ella tomó una muy pequeña parte para sí misma, la que puso de lado.

El león vio con beneplácito a la zorra y le dijo: “Bien sabes dividir con justicia y derecho, un arte del que el asno era ignorante”. La zorra lo miró con miedo y respondió: “No tan ignorante era el asno, pues fue en realidad él quien me instruyó en el arte de la división”.

La zorra mordió la pequeña parte de una pata del venado que se había asignado a ella, y corrió al interior del bosque dejando al león con toda la presa. La historia es de Esopo. Una de sus fábulas, a la que termina dando una moraleja: feliz es ése que aprende de las desfortunas de otros.

La historia me recuerda a un ejecutivo estadounidense con el que trabé buena amistad y que solía decir que una gran manera de reducir los riesgos de negocio era aprender de los errores de su competencia. Así, decía él, “al menos puedo lograr una breve lista de las cosas que no debo hacer”.

La figura de la zorra exalta una virtud loable, la capacidad de aprendizaje inmediato. Podría la zorra haber optado por huir muy rápido y lograr el mismo objetivo de salvar su vida. Con el venado a sus pies, el león no se hubiera molestado en perseguirla. Pero optó por una estrategia en la que tuvo un beneficio, pequeño, pero beneficio al fin, esa muy pequeña parte de una de las patas del venado.

La historia me recuerda a otra persona que conozco y que siempre dice que el aprendizaje nunca termina. Con lo que contradice la mísera mentalidad del que cree que teniendo un título universitario se ha acabado de aprender. Es curioso que se piense así cuando cada día, cada momento, en nuestras vidas, se aprende en el más profundo de los sentidos, el de la experiencia cotidiana.


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