Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Leyes: Muchas y Malas
Eduardo García Gaspar
18 febrero 2010
Sección: LEYES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Fueron aprobadas por los diputados mexicanos. Son reformas a leyes de,

  • Transparencia y Ordenamiento de los Servicios Financieros
  • Instituciones de Crédito
  • Banco de México
  • Sociedades de Información Crediticia.

Por supuesto, esas leyes representan un síntoma del legislador en todas partes: su obsesión para hacer leyes creando un mundo virtual, legal, complejo, contradictorio entre sí y contra la realidad, que frena las acciones de la gente común. No es nuevo el asunto, ésa obsesión ha sido un problema de siglos.

Por ejemplo, lo señaló Diego de Saavedra Fajardo (1584-1648) y sus comentarios son aún más importantes cuando se sabe que los legisladores también han reformado otras leyes, las de,

  • Impuesto Sobre la Renta
  • Impuesto a los Depósitos en Efectivo
  • Impuesto al Valor Agregado.

El asunto es cuantitativo, pero es más que sólo eso. También es cualitativo, otro tema del que se han ocupado durante siglos. Lo trató, por ejemplo, Santo Tomás de Aquino en el siglo 13. Es decir, no solamente existen demasiadas leyes, también ellas son complejas y van más allá de lo que una ley puede lograr.

Son dos las cosas interesantes hasta aquí.

Una, tener demasiadas leyes es algo negativo para la gente a la que complica su vida y la hace dependiente de trámites, permisos, licencias y costos adicionales de vida.

Otra, tener leyes que vayan más allá de sus posibilidades también representa problemas, problemas de incapacidad: las leyes tienen límites. No son todopoderosas. La realidad no puede ser alterada por medio de leyes de gobierno.

Por ejemplo, en una nota se reportó que se pide, por medio de la ley, al banco central vigilar que “las instituciones financieras otorguen créditos en condiciones accesibles [tomando] las medidas correspondientes, incluso estableciendo límites a las tasas de interés aplicables”. Es decir, es una petición de control de precios, igual a una que decretara que ese banco vigilara que los lápices tuvieran precios accesibles limitados por la autoridad.

Sólo con un poco de conocimiento económico se entenderá que eso tiene riesgos de producir un boom al que seguirá una depresión. Es el viejo truco de abaratar los créditos creyendo que eso es bueno y terminando por hacer creer que las cosas son más baratas que en realidad. La lección en los EEUU parece no haber sido suficiente.

Regresemos al punto de demasiadas leyes demasiado ambiciosas. El número de leyes puede ser explicado por la obsesión de los legisladores: la medición de su desempeño suele ser expresado en números, creyendo que a más leyes mejores son los legisladores. Es absurdo, pero eso es lo que se piensa en general.

Lo que eso logra es un medio ambiente en la sociedad en el que casi todos los ciudadanos están fuera de la ley… sin realmente saberlo. Hay tantas y tantas leyes que resulta imposible conocerlas todas. Y, como consecuencia, la ilegalidad es la situación común del ciudadano.

A esas leyes, demasiadas de ellas, hay que agregarles otro rasgo, el de su complejidad y pobreza de redacción, lo que las hace incomprensibles, demasiado detalladas y con alta probabilidad de contradicción entre ellas. Por necesidad se elevan los costos de la legalidad: hay que consultar a expertos para saber qué dice la ley y mantenerlos para resolver conflictos posteriores.

Más ese rasgo tan propio del político que cree tener la capacidad para resolver todos los problemas que hay por medio de la emisión de órdenes. No exagero, vea usted a la serie de personas que con total seriedad piden que el banco central tenga como objetivo el crecimiento económico… como si eso fuese posible de decretar directamente en una ley.

Mi punto es mostrar la mentalidad del gobernante en general y del legislador en concreto. Una mentalidad muy ajena al mundo real en el que vivimos en resto de los mortales. Para ellos, el mundo es como el de aquél que poseía un martillo como toda herramienta y por todas partes veía clavos.

Todo lo que ellos tienen son leyes y por todas partes ven problemas que piensan resolver por medio de los ordenamientos que se les ocurra crear. Por supuesto, con esas leyes numerosas, complejas y sin límites, los ciudadanos no sólo tienen que resolver sus propios problemas personales, sino también solucionar los que les crean los legisladores.

No es un mal sólo de México. Es universal, desde Canadá hasta Argentina y desde China a España.


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