liberalismo

Libertad negativa y libertad positiva. Dos interpretaciones de la libertad dependiendo del tipo de limitaciones que ella tenga, internas o externas. Más, las dos facetas de la libertad positiva.

Introducción

El gran tema de este resumen es el de la libertad en dos de sus acepciones. Para un liberal, la libertad es el máximo valor político que puede existir y la que entiende como la ausencia de limitaciones externas a la persona, especialmente las que provienen del gobierno. 

Paradójicamente, los mismos deseos de libertad personal han sido usados para justificar la intervención que el liberal teme, la del gobierno, lo que se debe a la existencia de dos maneras de entender a la libertad. 


La idea de este resumen fue encontrada en Dupre, Ben (2007). 50 philosophy ideas you really need to know. London. Quercus Publishing, pp. 176-179.


Punto de partida

La libertad es algo con lo que casi todos están de acuerdo. Es bueno ser libre. La libertad es uno de los más importantes ideales políticos, tal vez el mayor de todos.

Pero también es algo en lo que existen serios desacuerdos sobre cuánta libertad tener, si debe o no restringirse para prosperar y cómo conciliar libertades entre personas.

La discusión sobre la libertad se complica aún más, dice Dupre, por otra razón: no hay tampoco acuerdos sobre lo que la libertad es.

Entra I. Berlin a definir libertad

En esto, sigue el autor, Isaiah Berlin hizo una gran contribución al distinguir entre libertad positiva y libertad negativa.

La explicación de esas dos libertades se enriquece con el estudio de la siguiente situación.

Un hombre está sentado frente a una mesa. En la mesa se encuentra una copa con brandy. El hombre está sólo. Nadie lo ve. Él puede o no beber la copa que tiene frente a sí. Es su decisión y de nadie más. Tiene la libertad de hacer lo que le venga en gana.

Pero este hombre es alcohólico. Él lo sabe y conoce las consecuencias de beber esa copa. Al final, toma el brandy y lo bebe.

Esas dos libertades están presentes en la situación anterior:

Libertad negativa

La libertad negativa, que es una de las formas más comunes de entender a la libertad. Es la ausencia de restricciones externas que impidan a la persona a actuar como ella lo hubiese deseado.

Es como una ausencia de impedimentos o de coerción y que deja a la persona actuar de acuerdo con lo decidido por ella.

Libertad positiva

La libertad positiva, que está bien ilustrada en la historia anterior, donde el hombre no tiene tanto control sobre sí mismo. No es totalmente libre a pesar de carecer de restricciones.

Precisiones

La libertad positiva, entonces, se refiere a los impedimentos que internamente afectan a la libertad personal.

Las personas son libres en el sentido de la ausencia de obstáculos externos. Esta es la noción de la libertad negativa. Ella, sin embargo, no puede ser absoluta porque necesariamente se estarían alterando la libertad externa de los demás.

Si todos desean tener la misma libertad no hay otra opción que la de llegar a acuerdos, que son frenos externos cuya misión es hacer igualmente libres a las personas

Una total ausencia de impedimentos externos, por ejemplo, haría libre a la persona cuando ella condujera un coche a la velocidad deseada y por el carril deseado, haciendo caso omiso de señales de tráfico.

Estas consideraciones crearon el principio del daño y que establece que ninguna persona puede actuar de tal manera que esa conducta cause un daño en otra.

Salvada esa dificultad, la persona es libre y puede actuar sin limitaciones. Estos son los derechos o libertades de conciencia, expresión y demás.

Es la noción generalmente entendida de la libertad, cuando la persona puede hacer su voluntad sin que existan fuerzas externas que se lo impidan.

Libertad negativa a libertad positiva

Esa noción tradicional de libertad negativa como ausencia de impedimentos externos a la persona puede ser trasformada argumentado que una persona cualquiera es libre para, por ejemplo, llegar a ser presidente de su país pues nadie se lo impide, pero que en realidad no lo podrá ser. Le faltan recursos, no tiene la educación esperada, no tiene el status social requerido.

Esto es lo que se refiere a las limitaciones internas de la persona, a la que nadie impide desde el exterior, por ejemplo, entrar a una universidad, pero que no puede por razones personales como la falta de recursos, o de capacidad.

Limitantes internos, limitantes externos

La libertad negativa es un asunto de relaciones entre personas, algo externo a cada una de ellas y que se entiende con sencillez en la ausencia de coerción para la realización de actos.

Pero la libertad positiva se refiere a cuestiones internas de la persona y que son limitaciones para alcanzar lo que ella se propone. Ninguna persona se lo impide, es simplemente que algo dentro de ella no lo permite.

Y, como en el caso anterior, abre la oportunidad de ayudar a la persona sugiriéndole no tomar esa copa de brandy, o en cualquier otro caso, dando ayuda a la persona para quitarle esos impedimentos a su libertad.

Entrada al intervencionismo

Ambos enfoques defienden a la libertad y la desean para las personas, pero su diferente punto de partida lleva a consecuencias muy diversas.

La libertad positiva lleva dentro de sí la bondad de la ayuda externa para retirar limitaciones internas de la persona y orientarla a una situación mejor.

El problema es que esta libertad positiva abre la puerta a la intervención estatal que con el pretexto de hacer libres a las personas les impide realmente serlo al imponerles su voluntad.

La situación planteada es comprensible: una persona libre en el sentido de carecer de obstáculos externos que le impidan realizar lo que ella quiere sólo tiene una limitación, la de no alterar esa misma libertad en los demás.

Sin embargo, a pesar de esa ausencia de restricciones externas la persona no tendrá la capacidad total de realizar sus decisiones por obstáculos que son internos a ella. Es libre de viajar, por ejemplo a China, pero no conoce el idioma, no tiene los medios, no tiene el tiempo.

Este deseo de tener una libertad sin limitaciones internas, propia de cada persona, es también uno de libertad.

Pero contiene un riesgo que le puede hacer perder su intención original de libertad anulando la voluntad de la persona al llevarla por el camino que decide no ella, sino quien intenta liberarla.

Estos son los excesos del gobierno interventor y que ocasionan un freno a la libertad al ser un obstáculo para que la persona sea la de decida por sí misma.

Concluyendo

La idea central de dos definiciones de libertad es admirable por su poder para explicar cómo es que con un mismo reclamo de libertad general pueden tomarse dos acciones opuestas entre sí y tenerse dos posiciones políticas contrarias.

Un liberal tradicional defenderá a la libertad, a la libertad negativa, a la que pide el retiro de restricciones externas a la persona para que ella decida sus propias acciones sin alterar esa misma posibilidad en otros. La responsabilidad de lograr lo deseado por la persona es dejada a ella y a su dedicación.

Pero un socialista defenderá a la libertad positiva. Querrá intervenir para liberar a la persona de sus obstáculos internos y así se presenta el riesgo de una intervención estatal que altere las libertades de todos.

Podrá intervenir para, por ejemplo, distribuir recursos, para asignar cuotas de aceptación en universidades, para dar diferentes tratos fiscales y otras acciones que alterarán no solo la libertad negativa sino también la positiva.



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Y una cosa más…

Debe verse:

Aquino, Ockham y la libertad

Otras ideas relacionadas:



[Actualización última: 2020-08]

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Apuntes extras sobre la libertad

Por Eduardo García Gaspar

Probablemente una persona de gran ingenuidad diga que la libertad es hacer lo que uno quiere sin que nada ni nadie se lo impida. La libertad positiva en una interpretación rústica: carencia de frenos y rienda suelta a la voluntad.

Si inquirimos a esa persona sobre el tema, cuestionando que entonces todo se puede hacer, incluso robar y matar, seguramente ella responderá que no, que hay cosas que no deben hacerse.

Por burdo que sea ese reconocimiento, revela un elemento normativo: la libertad debe tener algunos frenos para, por ejemplo, evitar que se cometan fraudes. La esencia en este elemento es sencilla de ver, la libertad no debe dañar a los demás.

La definición de libertad se mantiene llana y simplona, pero incorpora ese elemento que es vital, el no lastimar a otros. La mente más cándida e impreparada entenderá eso. Puedo hacer lo que se me dé la gana, sin frenos, pero solo si no causo males en los demás.

Refinando la idea de la libertad positiva

La idea detrás de lo anterior es sencilla. La única posibilidad que se tiene para concluir que no debo dañar a otros es que los otros son iguales a mí, tienen la misma libertad. Ya la definición de libertad positiva se ha vuelto un tanto más refinada.

De entenderla como el mero hacer lo que se me antoje, hemos llegado a reconocer que los demás tienen el mismo derecho que yo. Mi ejercicio de la libertad tiene el freno de no dañar a los demás, es decir, los demás tienen un valor o dignidad que es igual al mío. No son inferiores, ni superiores. Son iguales.

Yo también soy digno y tengo valor

Ya que yo soy igual a los otros, eso quiere decir que yo también tengo dignidad y valor. No debo dañar a otros porque son dignos y bajo este razonamiento necesariamente debe concluirse que tampoco mi libertad debe dañarme a mí. El asunto se pone interesante.

De una simplista definición hemos llegado a un entendimiento diferente. La libertad no es ya esa posibilidad de hacer lo que quiera, sino la de hacer lo que no dañe a nadie, ni a los demás y tampoco a mí.

Si yo no debo dañar a otros, pero puedo dañarme a mí, eso significaría que yo soy inferior a los demás.

Como no lo soy porque los demás no pueden dañarme, eso significa que tampoco puedo dañarme a mí mismo. Es decir, por principio, la libertad tiene un componente normativo que indica lo que no debemos hacer.

De la parte relativa a no dañar a otros se ocupan la moral y la ley aplicada con el poder del gobierno.

De la parte relativa a no dañarme a mí se ocupa sólo la moral o la ética, como usted quiera llamarle. Así se llega a una definición más completa y racional.

Libertad para hacer lo bueno

La libertad puede ser entendida como el hacer lo que me dé mi gana y comprenderla así es bastante agreste y simplón. Podría significar el dedicarme a robar automóviles, pero también podría significar el sucumbir a hábitos dañinos, como el consumo de drogas.

En ambas conductas se registran daños a terceros y a la persona misma. Pero la libertad puede ser entendida como el no hacer lo que no debo hacer. Es una idea más completa e incluye, desde luego, no dañar a los demás y tampoco a mí mismo.

Y así llegamos a una idea razonable: la persona realmente libre no es la que hace lo que se le apetece, sino la que hace lo que debe hacerse. No es nuevo esto, es lo de amar a los demás y a uno mismo. Ese es el ser libre.

La entrada del autoritarismo

Esa idea de libertad positiva, debo añadir, está incompleta al menos por una razón.

Bajo algún torcido criterio puede llegar a ser interpretada como el obligar a las personas a comportarse como deben hacerlo y con eso dar pie a un autoritarismo desenfrenado amparado en una causa de buena apariencia.

La libertad requiere por esta razón un nuevo elemento, que es el de la voluntariedad, para verla en la persona que teniendo la oportunidad de hacer lo que no debe hacerse opta por decisión propia y hace lo que debe hacerse.

En resumen

La idea de I. Berlin sobre la libertad positiva y la negativa, que es una gran contribución y señala el riesgo de la intervención estatal contenida en la positiva, puede ser enriquecida con los dos aspectos de la libertad negativa.

Ella también significa tener conductas libres que no dañen a la persona.