Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Libertad: un Absoluto Moral
Leonardo Girondella Mora
12 agosto 2010
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Un buen liberal tenderá a inclinarse fuertemente por la definición de libertad negativa —la idea de I. Berlin que entiende a la libertad como carencia de frenos para hacer lo que la persona desee. Es una defensa en contra de la interferencia de otros, especialmente la estatal.

El enemigo de esa libertad negativa —la ausencia de obstáculos externos— es la libertad positiva, que se entiende como libertad para: la ausencia de obstáculos internos de la persona.

Las dos libertades pueden entenderse en un ejemplo concreto —un estudiante desea entrar a una universidad determinada:

• La libertad negativa abogaría por la ausencia de interferencias externas para esa admisión —ningún otro individuo podría obstaculizar esa entrada y el ser admitido dependerá exclusivamente de los méritos y esfuerzos del estudiante.

• La libertad positiva abogaría por la eliminación de interferencias internas de la persona para lograr su admisión —si el estudiante carece de recursos, trataría de facilitárselos; si carece de capacidad, rebajaría los estándares de admisión; si pertenece a un grupo considerado vulnerable, esa pertenencia podría ser motivo de admisión por encima de otros requerimientos.

La adhesión del liberal a la libertad negativa es natural —ella sólo reclama que no existan interferencias externas para que así la responsabilidad recaiga sobre la persona misma que aprovecha sus esfuerzos, capacidades y voluntad sin depender de otros.

La preferencia por la libertad negativa se debe también a otro factor —el que descubre en la libertad positiva una tendencia a la imposición de una idea por parte de la autoridad y eso significaría tener interferencias externas ajenas al individuo. El estudiante de raza blanca, por ejemplo, enfrentaría el obstáculo de cuotas por raza en la admisión a la universidad sin que en ello influyan méritos y capacidades personales.

Es justificado ese temor. Los gobiernos suelen interferir en la libertad de las personas por causa de la imposición de alguna idea de libertad positiva. Un ejemplo: el gobierno mexicano impone en sus ciudadanos la interferencia de no poder tener empresas petroleras, una violación de la libertad negativa —y lo hace argumentando libertad positiva: con el monopolio estatal petrolero, se dice, todos los ciudadanos se benefician.

Pero, por otro lado, la inclinación por la libertad negativa no está libre de dificultades —dejar que la persona actúe libremente sin interferencias externas impone a la persona la aceptación de limitaciones a su misma libertad: debe aceptar que todo lo puede hacer pero que no todo lo debe hacer. Es decir, la libertad negativa lleva dentro de sí la necesidad de aceptar un código de normas que la permitan. Un conjunto de personas dentro de una sociedad con libertad negativa pueden mantener ese arreglo sólo y sólo si aceptan un código de normas de su conducta.

Lo sustancial del asunto es que ese código de normas debe ser visto como una verdad aceptada, reconocida y ajustada a la realidad —se trata de aceptar como verdad que la libertad es un valor absoluto. Y aceptar absolutos es algo que suele verse como una interferencia externa a la libertad negativa, una imposición indeseable contraria al espíritu de esa libertad.

Cuando la existencia de la verdad se considera una imposición o interferencia externa, queda la alternativa de aseverar que la verdad no existe y se plantea así el problema de fondo: la verdad y su aceptación sí puede considerarse una interferencia externa a la libertad negativa, pero la negación de la verdad significaría que la misma defensa de la libertad negativa no tiene fundamento.

En mi modo de comprender estas cuestiones —siendo un defensor de la libertad e inclinándome por favorecer la libertad negativa—, estoy forzado a reconocer que existe una verdad absoluta y que sí es ella una interferencia externa con la libertad, pero una de la que no es posible librarse sin perder la guerra en defensa de la libertad. Sólo admitiendo que la libertad es parte de la verdad puede ella ser defendida.

Addendum

Debo añadir un argumento que usan los escépticos —los que afirman que no existe la verdad o que al menos ella no es posible de conocer. Dicen ellos que los grandes desacuerdos religiosos, filosóficos, morales e intelectuales son prueba de que no es posible llegar a un acuerdo sobre la verdad y que, por tanto, ningún código de normas es nada más allá de una imposición contraria a la libertad.

No concuerdo con esa mentalidad por una razón: al menos entre los defensores de la libertad humana existe un acuerdo, el de que esa libertad es un absoluto. Aceptando ese absoluto es posible concluir principios que también lo sean, como el de que ningún individuo puede alterar la libertad de otro. Ya es esto un buen comienzo.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras