Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Llueve Menos a Los Socialistas
Eduardo García Gaspar
5 julio 2010
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


Si el problema de las hambrunas es uno de sequías que alteran cosechas, decía Murray N. Rothbard (1926-1995), queda por investigar por qué la falta de lluvias sólo afecta a los países que tienen economías estatizadas. Es un comentario válido.

La sabiduría políticamente correcta hace un comentario. Suele decirse que efectivamente hay hambrunas, pero que ellas no son causadas por la falta de alimentos en el mundo ni en un país específico (en serio lo dicen). Muy bien, si las hambrunas no son causadas por falta de alimentos, qué es eso que las causa.

La misma corrección política tiene la respuesta: es la desigualdad y la injusticia que existe en el mundo lo que causa las hambrunas. Es decir, si en el país A tienen una cosecha abundante y el el país B tienen una cosecha miserable, la causa de la cosecha mala es la desigualdad entre las cosechas. La culpa la tiene A.

No tiene mucho sentido, ni lógica. Sería igual a decir que hoy no tengo queso para comer y que eso se debe a que usted sí tiene queso en el refrigerador, por lo que yo reclamaría que no hay justicia en el mundo. ¿Absurdo? Por supuesto, pero esa es la forma de pensar de nuestros días… o mejor dicho, de dejar de pensar. Sería mejor pensar que mi falta de queso es mi responsabilidad y no la culpa de usted.

Si vemos el problema de las hambrunas, le doy la razón mucho más al comentario de Rothbard. Del otro comentario no sé qué pensar porque no lo entiendo. Ignoro qué mecanismo hace que la cosecha abundante en un lugar cause una cosecha pobre en otro. Si tratamos de ser disciplinados, podremos encontrar una respuesta de mero sentido común.

En el país A, por ejemplo, se tiene una cosecha abundante y nos alegramos de eso. Más aún, digamos que en ese país, la economía es próspera y se vive bien, otro motivo de alegría. Ahora vayamos al país B, donde la cosecha es pobre y, peor aún, la economía es miserable. El primer paso lógico es examinar qué se ha hecho en cada nación.

No es una petición fuera de lo común hacer ese pequeño análisis. Es lo normal y aconsejable. La hipótesis es que se han hecho cosas diferentes y que esas diferencias son la causa de los distintos niveles de bienestar en cada país. Este es el camino disciplinado. Por supuesto, hay otro camino, el de inventar causas y decir que es la injusticia y echarle la culpa a otros de lo que me sucede.

Lo interesante de esa comparación es que siempre le da la razón a Rothbard: las economías fracasadas siempre coinciden con naciones en las que existen gobiernos que implantan políticas económicas estatizantes. Y las economías florecientes son aquellas en las que sucede lo opuesto, tienen economías más libres de intervención estatal.

Esto da una idea también de mero sentido común. Si se quiere una economía boyante la solución es interna al país, cuyo gobierno deberá liberalizar su economía. Y si se tiene una economía en mal estado, la culpa no puede ser de nadie más que del tipo de política económica aplicada.

Por eso, creo que decir que las hambrunas son causadas por la desigualdad y la injusticia es ignorar la posibilidad de analizar el problema con lógica. De hecho, las hambrunas pueden ser remediadas por la desigualdad de cosechas abundantes en otros países. Hay algo más que debe decirse.

Suponga que usted encabeza el gobierno de un país que sufre una hambruna terrible. El suceso es reportado en todo el mundo y se hacen llamados a la solidaridad mundial para que envíen alimentos de inmediato. Lo que allí ha sucedido es responsabilidad previa de lo que usted hizo, con toda probabilidad encabeza un gobierno muy interventor y corrupto, con demasiada burocracia y lleno de obstáculos a la iniciativa de la gente.

Lo que me lleva a decir que sí, que si se sufre una cosecha mísera, ello se debe a la injusticia y a la desigualdad que internamente el gobierno ha fomentado. Es culpa interna y de nadie más. Culpar a terceros de las culpas ajenas es una costumbre muy arraigada en los gobiernos totalitarios o dictatoriales.

Creo que estas consideraciones bien valen una segunda opinión para corregir una idea demasiado diseminada y carente de sentido. Una opinión que escuché de nuevo e intenté rebatir sin éxito: el hombre siguió creyendo que la mala cosecha en un lugar se debe a la buena cosecha en otro.


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