Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mala Economía es Buena Política
Eduardo García Gaspar
13 septiembre 2010
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
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Es una de las motivaciones más grandes y poderosas, pero es también una de las más débiles y equivocadas justificaciones. Me refiero a la intención de querer ayudar a los más pobres y desprotegidos. Por supuesto, es un deber hacerlo.

Y, también por supuesto, es un deber hacerlo con apego a la razón. Hace no mucho, leí una columna en la que se proponía hacer eso, ayudar a gente con escasos recursos en una ciudad. Lo notable no fue esa intención, sino la propuesta concreta: congelar las rentas de los apartamentos y casas en las que vive esa gente.

La lógica de la propuesta podía ser entendida por cualquiera: al congelarse las rentas pagadas a los dueños de casas y edificios, quienes en ellos viven no se preocuparían por futuros incrementos. Más aún, se dijo, que así se combatía el afán de lucro desmedido y se daba a la propiedad una función social.

El aspecto preocupante de propuestas como ésa no está en la propuesta misma, que no es nada más allá que un mal razonamiento económico. Lo que en verdad preocupa es que demasiada gente estará de acuerdo y aplaudirá al gobernante que haga tal propuesta y la implante.

Y es que existe una especie de ley: los malos razonamientos económicos suelen ser el mejor material para discursos políticos que logran popularidad para el político. Cuanto más errónea es la propuesta, más popularidad logra y más votos gana. Como consecuencia la popularidad y aprobación de gobernantes está en función del número de malas medidas económicas.

El caso del congelamiento de rentas es una variante de un control de precios y consiste en desequilibrar los precios en favor de una de las partes, en este caso quien vive en un apartamento rentado. Es obvio que eso causará aprobación entre quienes viven ahora en esos apartamentos, pero también se causará un daño severo a otros dos grupos, quienes desean rentar un apartamento para vivir en él y quienes viven de las rentas que producen los apartamentos.

Los controles de renta, además producen efectos indeseables, como la reducción de cambios de vivienda: quienes pagan rentas controladas tienen incentivos para no mudarse a otros y a se reducen los incentivos para construir más apartamentos para renta. Peor aún, los edificios existentes tenderán a ser mal mantenidos y disminuirá la calidad de vida de quienes allí viven. Más otro efecto: los acuerdos por debajo de la mesa para evitar el control.

Hay muchas evidencias que prueban estos efectos colaterales dañinos. Hay también evidencia teórica que les da soporte. Es esto lo que hace morbosamente interesante el examinar cómo es posible que lo que se sabe es malo sea, sin embargo, propuesto con toda seriedad y aplaudido por muchos ciudadanos.

Creo que una causa de este fenómeno tan curioso es la falta de cultura económica entre el electorado. También, la carencia de educación económica por parte del gobernante. Pero eso lo sabemos y no estoy diciendo nada original.

Lo que bien vale una segunda opinión es, esto sí, señalar que lo que no tiene ningún sentido económico tiene un gran sentido político. Los controles de precio, bajo casi todas las circunstancias, son equivocados y erróneos. De esto hay muy poca duda. Pero póngase usted en el lugar del gobernante y verá que tiene mucho sentido proponer controles de precios.

Es cierto que esos controles de precio son discriminatorios, tienen efectos colaterales indeseables y frenan a la economía, pero si usted es un gobernante ese es un costo que está dispuesto a dejar pasar por una razón: gracias a esos controles de precios usted será más popular y ganará más votos. Para el político eso es lo que cuenta en verdad. Los daños a la gente son de menor consideración.

Si el gobernante conoce un poco de estos temas y aún así propone controles de precios, estaremos frente a un caso de engaño intencional. Si, por el contrario, el gobernante piensa que los controles de precios sí son benéficos, estaremos frente a un caso de ignorancia supina.

Al menos, ya es posible entender y explicar el por qué los gobiernos toman medidas económicas tan torpes y es que la torpeza económica es, en buena parte, una manera de llegar y mantenerse en el poder. Casi como una ley: las malas medidas económicas para la gente son las buenas medidas para el político.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Mala Economía es Buena Política”
  1. Jesus Dijo:

    Creo que esta “estrategia”, siempre se ha dado mas frecuentemente con los gobiernos que han estado en contra del mercado libre o el derecho de propiedad, dado que siempre o casi siempre les ha dejado muy buena útilidad, llamese gobiernos Europeos, o Americanos.





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