Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Más Allá del Látex
Eduardo García Gaspar
13 diciembre 2010
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SEXUALIDAD
Catalogado en:


Fue la repetición de una historia ya conocida. Conviene examinarla algún tiempo después, cuando las mentes están más tranquilas.

Todo empezó un día a finales de noviembre, cuando la noticia circuló por todas partes. En resumen, se dijo, el Vaticano cambiaba de opinión: permitía el uso del condón.

Associated Press, BBC, Reuters, el New York Time, todos ellos hablaban de un momento histórico o cosas similares. Los medios nacionales de muchas partes reprodujeron los boletines.

El origen de al noticia fue la revelación de un fragmento de un próximo libro, que es una larga entrevista de Benedicto XVI con Peter Seewald. Fue publicado en L’Osservatore Romano. Un fragmento nada más, sobre una situación especial sobre el uso de condones en casos de prostitución, donde podría darse un argumento de salud para su uso.

Lo fascinante no fue la noticia del fragmento, sino la reacción de los medios: una atención inmediata y una conclusión falsa.

Todo eso trajo lo que era natural, la serie de precisiones posteriores del Vaticano: no era eso que se publicó lo que el Papa había dicho.

No es la primera vez que pasa, ni será la última. William McGurn en el WSJ habló del “Evangelio según San Condón” para ilustrar el objeto último de fijación de tantas noticias y comentarios. Seewald tuvo una reacción similar: ¡tantas cosas en las que poner atención y colocarla sólo en eso!

Bastaba un poco tan solo de perspicacia para percibir la exageración de las noticias. Ellas reunieron a dos personajes importantes, a un personaje central, el Papa, pero sobre todo a otro personaje, uno adorado, el condón.

Esa adoración, mucho me temo, fue el origen de la distorsión.

Recuerde usted, tiempo atrás, una noticia similar. En su visita a África, Benedicto reprobó el uso del condón, precisamente allí donde el SIDA tiene una alta incidencia. La reacción siguiente fue automática: el Papa es culpable de genocidio al impedir el uso de remedio a la epidemia. Fue gracioso que no se reportara otra noticia relacionada.

La Harvard School of Public Health, en especial Edward C. Green, dieron la razón al Papa apoyados en evidencias. Una de ellas es la multiplicidad de contactos sexuales de las personas… si ella se redujera tendría más efectos que el uso del condón.

En fin, la historia se repitió con pequeñas variaciones y los mismos personajes. Esto es lo que hace interesante ver a esos dos con cierto detenimiento.

Empecemos con el condón. Su base es simple: la protección del látex que impide en alta proporción el contagio. No hay mucho más que añadir al personaje. Toda su defensa está concentrada en ese material o sus variaciones. Es una barrera que da libertad para tener todo el sexo que se quiera.

Sigamos con Benedicto, el que tiene una base que va más allá de lo que hace el látex. Puede ser visto en dos planos. El más simple de ellos es el de ver efectos colaterales del uso del condón y que tienen evidencias empíricas: el asunto no es tan sencillo, depende de muchas circunstancias y puede terminar empeorando la situación.

Pero Benedicto va más allá de las características del látex. El quiere que veamos nuestra propia naturaleza y cómo el sexo banal nos lastima. Esto es, al final de cuentas, lo que sucede.

Benedicto ve a la persona y nos llama a que nos veamos a nosotros mismos. Los otros quieren que sólo veamos al látex y en él centremos buena parte de nuestra existencia.

Es como si existiera una fijación en el látex, el poliuretano, el polisopreno, o cualquier otro material. Y en esos materiales pusiésemos el cimiento de nuestras decisiones razonando que si protege de enfermedades, entonces el látex nos da permiso de hacer lo que queramos.

Es como ver en el látex un dios protector a quien debe rendirse culto universal obligado. No exagero. Vea usted la reacción de los adoradores del látex. Califican ellos a quienes no piensan así, de fanáticos, fundamentalistas, conservadores, atrasados, genocidas. Y lo hacen cuando toda su fe está en un cúmulo de polímeros tratados.

Por mi parte, aunque no fuera católico, preferiría pensar que hay cosas más allá de esos materiales, que ellos no son la meta de mi conocimiento, ni la ambición de mi vida, ni la causa de mi felicidad, ni la cura única de enfermedades. Simplemente no puede un material cualquiera ser la brújula de mi conducta.

Post Scriptum

Puede resultar de interés ¿Quién es el Cavernario?, sobre la noticia en África. Hay más material en ContraPeso.info: Sexualidad.

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