Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mientras Llega el Ascensor
Eduardo García Gaspar
4 mayo 2010
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión, Y FABULAS E HISTORIAS
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La historia comienza en un salón de clases de una universidad. Un profesor enseña un complicado concepto y escucha un maullido. Interrumpe la clase. Pregunta quién ha hecho ese ruido. Nadie responde. Pregunta por segunda vez. Un alumno se levanta, dice que es él y reconoce que lo ha hecho para faltarle al respeto.

El profesor lo lleva a su oficina y le da diez puñetazos en cada ojo. Vuelven. La clase se reanuda como si nada hubiera sucedido. El rector de la universidad se entera del suceso y llama al profesor. Le dice que pegarle a un alumno merece un castigo. El rector aplica ese castigo: le da al profesor catorce golpes en la nariz y diecinueve más en la barba.

Las actividades de la universidad se reanudan con la misma rutina anterior. El asunto llega a oídos del Ministro de Educación del país, quien manda llamar al rector. Una vez los dos en la oficina del ministro, el miniistro le felicita por la destacada labor de la universidad que dirige, pero le llama la atención.

El rector le ha dado una golpiza a un distinguido profesor, quien a su vez le ha dado otra a un alumno. La situación no es tolerable y el ministro le comunica al rector que será castigado por su acción. Acto seguido el ministro le arrea dos docenas de golpes al rector. Después de eso, la vida continúa igual para ambos.

Los sucesos llegan a oídos del presidente del país, quien para conocer los detalles manda llamar al ministro. Una vez reunidos en el despacho del presidente de la nación, éste felicita al ministro, pero le llama la atención sobre la golpiza que la ha dado al rector de la famosa universidad.

Le dice que su acción es indebida y que merece un castigo. Ese castigo consiste en darle una buena cantidad de golpes en el estómago sin que el ministro ponga resistencia. Una vez terminada la sesión de golpes, el ministro de educación sale del despacho presidencial y el presidente queda sólo.

Éste va frente a un espejo se ve a sí mismo y dice, “Eres el presidente de un país democrático y le has dado una golpiza a uno de tus ministros. Eso no puede ser y te debes aplicarte tú mismo un castigo por hacer eso”. A continuación el presidente se dio a sí mismo un terrible golpe en la cabeza contra la pared.

Tan terrible fue el golpe que se arreó que a partir de esa fecha sufrió trastornos mentales, lo que le hizo pronunciar discursos fantásticos todos los jueves, y lo hizo muy popular,. Afirmó a partir de entonces que él tenía la solución a todos los problemas mundiales económicos, políticos y sociales.

Así termina una historia de Enrique Jardiel Poncela (1901-1952), el humorista español, en uno de sus libros, Para Leer Mientras Sube el Ascensor (al parecer nunca llegó a escribir la segunda parte Para Leer Mientras Baja el Ascensor, lo que significa que quienes lo leyeron aún siguen en los pisos superiores). En fin.

La historia tiene un mérito que será sorprendente para muchos en estos tiempos. Es posible tener humor sin recurrir a la vulgaridad y sin contenido sexual. Todo un descubrimiento. También, muestra el mérito del absurdo: el castigo por golpear a alguien es a su vez recibir otra golpiza que sube en la jerarquía política hasta llegar al extremo en el que no hay otra posibilidad que el auto-castigo.

Y el porrazo que se da el presidente en la cabeza le daña el cerebro de tal manera que se convierte en el gobernante que todos conocemos: el que da discursos populares y afirma que conoce la solución de todos nuestros problemas. La verdad es que se necesita estar mal de la cabeza para decir eso. Lo interesante es esto mismo.

Porque el cuento se llama Los Encantos de la Democracia y nos da una de sus facetas. Una que vivimos a diario y que a pesar de ser un chiste, nos lo creemos todo sin chistar. Me refiero a esos que creen tener ellos la solución a todos nuestros problemas. No sólo no nos reímos de sus decires, sino que les aplaudimos y llegamos al colmo: votar por ellos.

No doy ejemplos porque falta espacio, pero eso ha sido una parte de la democracia: esa enorme credulidad ciudadana que confunde una situación cómica con una seria. Porque, la verdad, los mejores chistes que se han contado en el siglo 20 y en el actual, los han contado los gobernantes que prometen poseer los secretos del bienestar para todos.

Quizá sea que se haya perdido el sentido de encontrar el humor involuntario que los políticos nos brindan.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




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