Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Monopolios, Todos Son Malos
Eduardo García Gaspar
11 agosto 2010
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Hay algo que llama mucho la atención en las discusiones políticas. En muchas de ellas, los liberales y los socialistas terminan estando de acuerdo en algunos puntos significativos. Es cierto y llama la atención que sucedan acuerdos entre enemigos tradicionales.

Un ejemplo: los monopolios. Un buen liberal rechaza los monopolios. Igualmente le sucede al socialista, que también les teme por el poder que representan. Los dos quisieran deshacerse de los monopolios. Al menos en eso están de acuerdo.

La posición del liberal es una que no admite excepciones: los monopolios son malos, todos, sean de quien sean y pueden ser evitados mediante la existencia de mercados abiertos a los que es posible entrar y de los que es posible salir. El socialista, en cambio, suele admitir excepciones al rechazo de los monopolios.

Para el socialista, es admisible que los monopolios existan si ellos son propiedad del gobierno, es decir, empresas estatales no son consideradas monopolios aunque según la definición lo sean. Esta excepción socialista de los monopolios tiene consecuencias enormes.

Suponga usted el caso de Pemex, el monopolio petrolero mexicano. Es claramente un monopolio en toda la extensión de la palabra. El liberal lo rechaza, pero el socialista lo aprueba.

Ahora suponga otra cosa, que Pemex sea también un monopolio, pero de propiedad privada. El liberal mantendría su rechazo al monopolio, pero el socialista ahora lo reprobaría.

Es decir, el socialista cambia de opinión con respecto a los monopolios. Si son propiedad estatal, resultan deseables. Pero si son propiedad privada resultan reprobables. El liberal no hace esa excepción. Para él, todos los monopolios son malos sin importar quién es su propietario. Esto es lo que hace a las cosas interesantes en extremo.

El socialista tiende a creer que los monopolios privados son vistos con buenos ojos por los liberales. Es falso, pero lo cree. La razón es que el socialista no hace una distinción vital: cree él que el mercantilismo o que el capitalismo de estado es igual a liberalismo. No lo son.

Este es el tema que creo que bien merece una segunda opinión. Existe algo que se llama mercantilismo o capitalismo de estado. En su esencia es el intervencionismo estatal en las empresas a las que da favores y concesiones. Un ejemplo de este capitalismo de estado o mercantilismo fue la prohibición de importaciones a México hace tiempo. Las empresas fueron protegidas de competencia externa con una medida gubernamental.

El socialista, con toda la razón, debe protestar contra ese favoritismo a las empresas, a las que el gobierno da un monopolio sobre el mercado interno. Pero lo que no suele entender todo socialista es que también el liberal se opone a esa protección empresarial. Sí, el liberal no es un protector de empresas privadas, sino un defensor de la libertad.

Regresamos a Pemex: es un monopolio estatal al que el mismo gobierno protege de competencia interna y externa: aún más protección que la que dio a las empresas durante el llamado milagro mexicano. Pero el socialista apoya a ese monopolio porque es gubernamental.

El error está claro: el socialista suele creer que el liberal apoya a los monopolios privados y él se declara defensor de los monopolios públicos. Debe ser expuesto con claridad: el liberal real y fiel a sus ideas, rechaza a los monopolios, a todos ellos, sin excepción, sean públicos o privados. Todo lo que hace un liberal es defender a la libertad en general.

Con una paradoja. Un liberal, pensando con claridad, suele ser mal visto no sólo por el socialista, también por muchos empresarios. Todo aquél que teme a la competencia será un empresario que rechace al liberalismo y, para él, el mundo ideal es uno en el que negocie protección y preferencias gubernamentales… que le darán una vida más tranquila.

Visto de otra manera, el socialista odia con toda la razón del mundo a los monopolios privados protegidos directa o indirectamente por los gobiernos. Siendo yo un liberal, me uno a los socialistas en ese rechazo que va contra la libertad. Pero el socialista aprueba esos mismos monopolios cuando ellos son propiedad estatal. El liberal es más congruente en su posición y rechaza no sólo a los estatales, también a los monopolios privados.

Post Scriptum

El punto de la columna puede parecer superfluo a primera vista, pero llega a la diferencia central: la confusión del socialista que cree que el liberal apoya a los monopolios privados y por eso es su enemigo. El liberal rechaza la limitación de la libertad económica y por eso reprueba a los monopolios, no importa de quién sean.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras