Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Monopolios Educativos, no
Santos Mercado Reyes
26 mayo 2010
Sección: ESCUELAS, Sección: Asuntos
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Es una ilusión del todo insensata y carente de fundamento pensar que el gobierno puede mejorar la educación de los mexicanos.

Cada rato se señala lo mal que anda el sistema educativo: que los niños obtienen su certificado de primaria sin saberse las tablas de multiplicar, que los alumnos de secundaria terminan sin interés por la lectura, que los bachilleres no son capaces de redactar una carta de media cuartilla, que los nuevos ingenieros carecen de iniciativa en el trabajo y así se siguen y siguen las críticas a la educación que da el gobierno, sea por medio de las escuelas públicas o privadas.

Ante los reclamos de la sociedad, el gobierno, los rectores, directores y profesores sólo se les ocurre pedir más presupuesto, mayor gasto del gobierno “como dice la ONU” para aumentar los sueldos y salarios de la burocracia educativa. Es la peor vía para resolver la crisis de la educación.

Los burócratas educativos se aprovechan del malestar y las quejas y ofrecen  contratar más burócratas para supervisar que se cumplan los programas del gobierno, o bien, crean carreras magisteriales “para que se profesionalicen los profesores” o  introducir exámenes de oposición “para contratar solo a buenos profesores” y terminan por contratar a profesores reprobados.

Ahora el gobierno ha inventado una nueva medicina para remediar los males de la educación: crear un padrón magisterial para saber quiénes son los profesores y  qué estudios tienen, pues muchos de ellos han comprado apócrifos.

Bueno, pues nada de eso sirve y los ciudadanos deben saber que se está usando su dinero  de la forma más inútil.

No se podrá resolver la crisis de la educación si no caemos en cuanta que la fuente de sus males radica en el control gubernamental de las escuelas y universidades. Debemos preguntar, cuestionar y reflexionar si es correcto o no que el gobierno tenga el control absoluto de la educación.

En otros tiempos, se llegó a reflexionar que no era correcto que la iglesia tuviera el control absoluto de la educación.  En consecuencia, se le quitó al clero casi todas las escuelas. Las universidades que llegaron siguieron en manos del clero fue porque se comprometieron a no enseñar nada que no estuviera aprobado por el Estado.

Y de esta manera se destruyó el monopolio eclesiástico sobre la educación pero se construyó el monopolio estatal de la educación.

Han pasado más de cien años desde que se destruyó el monopolio clerical de la educación y se construyó el monopolio estatal y todavía no se aprende la lección de que la educación no debe estar en manos de ningún monopolio.

Aún cuando hubiera una empresa educativa privada muy eficiente, tampoco sería correcto dejarle el monopolio de la educación, porque ocurriría lo mismo: pobreza educativa, rezago, corrupción y todos los males que hoy tenemos.

Ahora bien, si ni la iglesia, ni el gobierno, ni una empresa privada deben tener el monopolio educativo, ¿cuál es la alternativa?

La respuesta es: EL MERCADO.  Pero como esta respuesta es compleja para aquellos acostumbrados a que todo lo resuelva el gobierno, lo dejamos para el siguiente artículo.

Nota del Editor

La lógica del autor es irrebatible y muestra lo claras que pueden ser las cosas no sólo en asuntos de educación: se consideró que era inconveniente tener un monopolio educativo, controlado por religiosos (aunque de órdenes y mentalidades diferentes) y para anularlo, se creó otro monopolio, ahora en manos estatales. Menos sentido común es difícil de exhibir.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.


No hay comentarios en “Monopolios Educativos, no”
  1. Isabel Correa Dijo:

    Y los padres de esos niños que van a las primarias y secundarias, etc., sólo observamos y exigimos derechos. Nos hemos dejado convencer, porque es muy práctico, de que la educación está en las escuelas, cuando lo que ahí reciben nuestros niños es instrucción académica. La formación no les toca a los maestros, aunque de pasada, sí pueden ellos ser agentes de cambio en los alumnos, como cualquier otra fuente de experiencia, para bien o para mal.





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