Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Moralidad De Los Mercados
Selección de ContraPeso.info
1 octubre 2010
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: AmaYi
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El tema general de este resumen es el de los mercados libres, en concreto el de la moralidad de esos mercados. Butler lo trata de manera sencilla y comprensible. Hace él una lista de las críticas que reciben los mercados libres y las contesta sin complicaciones. No es aquí cuestión de examinar la eficiencia de los mercados libres, un asunto ya arreglado y que reconoce que los mercados libres son más eficientes que los sistemas de intervención estatal.

Pero sí es una cuestión de examinar la otra crítica, la que afirma que los mercados libres son inmorales por una serie de razones. ¿Son en verdad inmorales los mercados libres? Butler lo niega. No son inmorales. Más aún, son moralmente mejor que el resto de las alternativas.

Esta idea fue encontrada en Butler, Eamonn (2008). The Best Little Book On The Market : How To Stop Worrying And Love The Free Economy. Hoboken, NJ. Capstone, pp. 126-138.

El planteamiento del tema comienza con una historia personal de Butler. Durante su primera visita a Estonia, durante el dominio soviético, intentó comer en varios restaurantes.

Visitó varios sin éxito. Rehusaban atenderlo después de tocar la puerta y esperar que se abriera en instalaciones sin identificación.

Al final comió en uno después de que su amigo que lo acompañaba, natural de Estonia, logró convencer a quien abrió la puerta y alegó estar totalmente ocupado el sitio. No lo estaba. Ellos dos eran los únicos comensales.

El problema, le explicaron, era que no deseaban recibirlos ni atenderlos; los empleados recibían su pago independientemente de tener o no clientes y preferían sentarse a jugar cartas. El menú en todos los restaurantes: un guisado de salchichas con especies y gelatina.

Tiempo después, en otra visita a Tallinn, la capital, los restaurantes abundaban, todo gracias a una serie de reformas que hicieron de Estonia  un país de libertades, con reformas iniciadas por Mart Laar, el joven primer ministro.

La historia sirve para entrar al tema con una pregunta. ¿Cuál de esos dos escenarios es más moral?

En el primero de ellos, personas concretas optaron por rehusar dar servicio a otras; no tenían interés en hacerlo. En el segundo, las personas daban la bienvenida a la oportunidad de servir a otros.

En el primero, no hay duda, existían ideas morales, como la igualdad y el altruismo, pero ignoraban una cosa: la naturaleza humana. No había en ese sistema nada que sirviera para mover a las personas.

Sólo se creía que la gente tuviera entusiasmo para hacer algo sin otra razón que el logro de una sociedad socialista. Obviamente no era suficiente.

En el segundo escenario, las personas están dispuestas a servir a los demás. Tienen incentivos para hacerlo. Pero muchas personas piensan que este mercado libre no puede ser moral porque está basado en el interés propio y éste es un vicio.

Butler, entonces, hace una distinción.

El interés en lo propio es una parte de la naturaleza humana. Es necesario y bueno. Si ninguno de nosotros tuviera interés en lo propio, todos estaríamos en una situación muy triste. Nos cuidamos comiendo, bebiendo, usando ropa, satisfaciendo nuestras necesidades.

Este interés propio no puede ser un vicio. Podemos estar interesados en lo propio sin necesidad de dejar de ser honestos, confiables, justos y amables.

Lo que sucede es que hay una confusión grave: se confunde al interés propio con la codicia, la que sí es un vicio. Es decir, la primera crítica a la que se refiere Butler es la que señala que los mercados libres son inmorales porque están basados en el interés propio que es un vicio.

Es falso, tener interés en lo propio no equivale a tener codicia y, aún más, un mercado libre hace depender al interés en lo propio del interés en los demás, un punto ya antes señalado por Bastiat.

En un mercado libre hay una conexión vital. Para poder satisfacer el interés en lo propio no hay otra manera de lograrlo que ayudar a los demás a lograr el de ellos.

De seguro algunos podrán lograr beneficios engañando a otros vendiendo bienes malos, pero a la larga, si se quiere mantener la clientela, debe dársele lo que ella quiere.

El resultado neto de lo anterior es la consideración humana del interés en lo propio y cómo un mercado libre lo canaliza en acciones de atención al interés de los demás.

No hay otra manera de hacerlo que por medio de colaboración entre las partes, de muchas partes, como en el ejemplo de la ropa del obrero.

El ejemplo es de Adam Smith y apunta a la infinita cantidad de personas que colaboraron para producir la más cruda prenda de vestir. Entre todas ellas hubo colaboración y no conflictos, a pesar de sus diferencias y el lugar que habitan.

Puede verse la insistencia en lo bueno del mercado, su moralidad. Reconoce a la naturaleza humana, especialmente en lo del interés en lo propio tornándolo un incentivo para atender a los demás.

Y, no sólo eso, sino que ese mercado crea un ambiente de colaboración, incluso entre gente hostil entre sí, si es que encuentran vías para comerciar.

Butler ahora señala una crítica a su idea. Muchas personas podrán argumentar que existe una natural tensión entre quien vende y quien compra, pues ambos tienen intereses opuestos.

Esto, que muestra con fidelidad cualquier gráfica de oferta y demanda, se dice, causará conflictos que serían mejor resueltos por la vía de los acuerdos políticos de mayoría.

La crítica a los mercados libres, entonces, tiene otra dimensión.

La primera, señalada antes, confundía al interés en lo propio con codicia. Sabiendo que no son lo mismo y que el interés en lo propio es positivo, ahora se trata de ver la crítica que señala que los conflictos serán mayores en un mercado libre por causa de los intereses opuestos entre vendedores y compradores.

La solución política a los problemas de intereses opuestos, dice Butler, en realidad incrementaría el riesgo de acrecentar el conflicto, porque los montos son mayores.

Una asignación legal obligatoria impuesta por la fuerza durante gran tiempo para el uso de recursos limitados es un incentivo muy grande que crea mayores motivos de conflicto que la asignación libre de recursos.

Por tanto, cuando la asignación de recursos es política aumentan los motivos para iniciar un conflicto o lucha por esos recursos. Esos motivos son mucho menores dentro de un mercado libre, que sí tiene conflictos, pero que resuelve por medio de un sistema de precios espontáneos.

Si la demanda por un recurso se eleva, entonces su precio sube y las personas deciden usar menos de ese recurso, o quizá abandonar totalmente su uso.

Todo eso sucede a diario, con decisiones personales que no dividen a la población como sucedería con las decisiones políticas de asignación de recursos.

Hay otra crítica a los mercados libres y que tiene que ver con su moralidad. Butler usa un ejemplo para ilustrar esta crítica: una enfermera gana mucho menos que una celebridad a pesar de que la enfermera realiza una tarea más importante que la de la celebridad.

Eso, se dice, no puede ser justo (véase Deportistas y Maestros).

Butler apunta que los salarios son precios y que los precios son el resultado de una serie de reglas impersonales, igual que las reglas para jugar ajedrez, a lo que se podría añadir la característica de las leyes que son escritas para todos y nadie en particular.

Esas reglas dan como resultado las diferencias de ingreso entre enfermeras y cantantes famosos: unas muy escasas celebridades que sirven a muchos al mismo tiempo, y muchas más enfermeras que atienden a unos pocos cada vez.

Se acusa también a los mercados libres de producir desigualdad en la sociedad. Pero, dice Butler, las desigualdades son mayores en las sociedades en las que lo que cuenta es el poder político y no los ingresos.

En un mercado libre, todos tienen oportunidades. En un sistema político, sólo un reducido círculo las tiene.

Más aún, los mercados libres permiten una mayor movilidad social, con gente que con sus iniciativas puede elevar sus ingresos.

También suele criticarse la moralidad de los mercados porque ellos promueven el desea de tener ganancias traficando con drogas, armas, o personas.

Butler responde que esta critica no es válida, pues sería lo mismo el culpar a la política por los fraudes en las votaciones. Las personas son las que cometen actos indebidos. Las reglas no los llevan a cometerlos.

Se habla también de explotación, como cuando se señala que se pagan salarios muy bajos a personas que producen bienes que más tarde son vendidos en países ricos.

Butler señala que esto no es trabajo forzado y que debe considerarse la alternativa a ese trabajo, seguramente mucho peor.

Hay otra crítica más a los mercados libres, la del dominio de las grandes empresas. La crítica está basada en la idea de que por economías de escala, los negocios crecerían sin límite anulando la competencia entre ellos, para terminar en una situación de unas pocas enormes empresas monopólicas.

La respuesta a esta crítica es simple, no ha sucedido: existen numerosas empresas en competencia y ellas no permanecen siempre en lugares privilegiados.

Sí, hay empresas enormes que son las que requieren gran capital e instalaciones, pero sigue existiendo competencia. Hay desconomías de escala y diferenciación de productos, más una elevación de tipos de bienes producidos. No se cancela el riesgo de formación de cárteles y acciones indebidas de las empresas, pero para eso se tienen leyes.

Concluye Butler considerando que los mercados tienen sus problemas, pero que son una opción muy superior a la alternativa. No sólo por motivos de resultados, sino también por motivos morales. Una economía centralizada arriesga todo a un plan de largo plazo elaborado por unos pocos que toman decisiones poco frecuentes.

Una economía de mercado es más democrática, con decisiones de muchos más, tomas con mucha mayor frecuencia y sin riesgos concentrados. Por esto es que no hay compatibilidad de la democracia y libertades humanas con el socialismo.

El socialismo da enormes poderes que una democracia no puede restringir con facilidad y donde la oposición puede ser anulada con facilidad. Allí, los más despiadados son los que llegarán al poder para imponerse.

En una economía de mercado, nadie puede impedir las iniciativas de los otros. Los mercados son el futuro del mundo y necesitamos hacerlos florecer.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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