Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No es Económico, es Educativo
Leonardo Girondella Mora
20 octubre 2010
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Asuntos
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Una columna de Carlos A. Montaner hizo referencia a un libro reciente de Andrés Oppenheimer —con el tema del retraso latinoamericano.

La pregunta no es nueva y presenta un reto mental que en esa columna apunta a una dirección que debe ser expuesta lo más explícitamente posible —y que puedo resumir en mi opinión con una frase: en la región dominan las ideas equivocadas.

Por equivocadas quiero decir, las ideas que son poco propicias a crear desarrollo o que, de plano, lo impiden. Y por dominio quiero decir que no son sólo sostenidas por los gobernantes y la intelectualidad de la región, sino también por buena cantidad del electorado.

En la columna, por ejemplo, se apuntan a las “raíces culturales, generadoras de una actitud poco práctica ante la vida” —y que se manifiestan en realidades, como el tener más graduados en leyes, o psicología, que en especialidades de ingeniería. Yo añadiría escasos hábitos de razonamiento acompañados por demasiada confianza en los sentimientos.

La columna apunta otra de las razones —la obsesión con el pasado, a lo que yo añadiría el recelo frente a todo lo extranjero y que ocasiona una mentalidad triste y resignada: dado el pasado de la región, ya nada hay que hacer y lo único que queda es regodearse en el examen exhaustivo de ese pasado. Es como un desprecio absoluto del futuro por parte de un masoquista que se regodea en el recuerdo dolores pasados.

Dice Montaner, hablando de la Obra de Oppenheimer,

En lugar de continuar discutiendo sobre los males de la colonia o sobre los viejos y continuados errores de la república, hay que observar cuidadosamente cómo enseñan y aprenden los finlandeses, dueños del mejor sistema educativo del planeta; qué han hecho los israelíes en medio del desierto para construir una sociedad próspera, libre y altamente desarrollada; cuáles son los secretos del pequeño Singapur, una excrecencia geológica situada en el Pacífico, atiborrada de personas, cuya riqueza per cápita es mayor que la norteamericana.

Estas y otras ideas muestran lo que puede ser el  origen real del retraso latinoamericano —y que lo definen como uno de naturaleza educativa, que no tiene una solución pronta. Las ideas tienen una tendencia a prevalecer por tiempos mayores a los de un par de generacionesal menos.

En la región, por ejemplo, existen segmentos importantes que mantienen una ideología marxista-leninista de considerable influencia —cuyo efecto neto es frenar el desarrollo, como bien se muestra en Cuba y Venezuela. Simplemente existen ideas que producen subdesarrollo y retraso.

Consideraciones como éstas redefinen el problema latinoamericano —no es un problema económico, es un problema de una política sostenida sobre ideas erróneas, las que impiden desarrollo y bienestar. Es un problema educativo, más que escolar: sociedades en las que las creencias equivocadas dominan y tienen consecuencias tangibles.

Por ejemplo, el énfasis exagerado en el humanismo universitario produce carreras y especialidades ligeras —son las fáciles de estudiar y que permiten un título universitario, pero no producen graduados con habilidades mentales y capacidad de solución de problemas, además de escaso conocimiento matemático.

O también, una intelectualidad que tiene una manía por el pasado como explicación del presente —entendiendo a la historia como la búsqueda obsesiva de culpables que dañaron a la región sin remedio y la condenaron al subdesarrollo por toda la eternidad. Poco o nada existe en esta mentalidad para poner atención en el futuro.

Eso crea plataformas políticas de enorme xenofobia y sustentadas en odios y rencores externos e internos que dividen a la sociedad con esa misma pasión por encontrar culpables que deben ser derrotados —sobre los que es posible elevar al poder al populista que capitaliza tal mentalidad.

Y, por supuesto, una cultura política cimentada en la idea de encontrar salvadores de la nación —jamás en ideales universales, que es lo que explica el surgimiento y adoración por caciques y caudillos, más que gobiernos limitados.

Mi conclusión ha sido ya apuntada y coincide con la de Montaner en su revisión de Oppenheimer —tan sólo añado que el problema de subdesarrollo latinoamericano no es económico. Es un problema de malas ideas que dominan no solamente a los círculos políticos e intelectuales, también a la mayoría de la población.

Nota del Editor

Existe más material sobre el tema general en ContraPeso.info: Prosperidad.

También hay material en ContraPeso.info: Latinoamerica.

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