Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
“No, Chico, no se Puede”
Santos Mercado Reyes
29 enero 2010
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Asuntos
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Hace años  fui a Cuba, invitado por la Universidad de La Habana, a dar un Seminario de Neoliberalismo y casi me desternillaba de risa por las ideas absurdas de los profesores de economía. Me aseguraban que en Cuba no había inflación pues los precios eran fijos desde que Fidel Castro tomó el poder.

Una cajetilla de cigarros vale hoy cincuenta centavos, lo mismo que hace 20 años, me decían. No me quedé con la duda y lo primero que hice al terminar la sesión del seminario fue ir a las tiendas para ver los precios de las cajetillas de cigarros. En tres o cuatro tiendas que visité, en efecto, el precio era el mismo: 50 centavos.

Di por cierto que en toda la isla el precio era el mismo, no sólo de los cigarros, sino del café, el azúcar, el frijol, etc. También pregunté a la gente adulta sobre los precios de los productos en años anteriores y todas me contestaban lo mismo: son los mismos precios desde el triunfo de la revolución.

¡Vaya, pensé, aquí sí han logrado la estabilidad de precios durante décadas!

Los profesores de economía me explicaban que esa estabilidad era uno de los triunfos de la revolución socialista de Fidel Castro, y agregaban que la inflación era solo un fenómeno maligno de las economías capitalistas donde los productores voraces suben los precios, pero eso no hay en Cuba, pues Fidel terminó con los especuladores, me decían.

Enseguida les pregunté de quién eran las tiendas. Naturalmente, del gobierno. ¿De quién son las tabacaleras? Del gobierno. ¿De quién son los camiones donde transportan la producción? Del gobierno. Así que todo es del gobierno, verdad, les dije. Bien, y díganme, profesores,  ¿quién pone los precios?

La respuesta fue contundente: el gobierno. “Por eso los precios son estables, porque el gobierno los determina  ya que aquí en Cuba no hay tenderos ambiciosos que suban los precios para enriquecerse”.

Toda la noche me la pasé despierto para buscar la mejor forma de explicarles que estaban cometiendo un grave error de graves desgracias económicas. Para colmo de males, me presumían que en Cuba todo era muy barato, a diferencia de los países capitalistas (porque ellos creían que México era un país capitalista).

“Es que el gobierno socialista se preocupa por el poder adquisitivo del pueblo”, me decían.

Se me revolvían las tripas, pues según ellos me estaban dando una gran lección de las virtudes del socialismo, para que yo me regresara a México con mis ideas neoliberales guardadas en el bolsillo.

Muy bien, les dije, puesto que en Cuba todo es muy barato, en este momento saldremos del salón y nos vamos a la tienda más cercana pues les voy a obsequiar a cada uno de ustedes una caja de cigarrillos, una botella de ron y todas las cervezas que quieran. ¡Vamos!

“No, chico, eso no se puede hacer. En las tiendas cubanas solo pueden comprar los cubanos. Tú eres extranjero y no puedes comprar en nuestras tiendas”.

Bueno, les dije, yo le doy el dinero a uno de ustedes y trae cervezas para todos.

“No, chico, eso no se puede hacer. Si el gobierno lo permitiera, podría haber gente que acaparara y luego tratara de vender a precios altos. Los cubanos pueden comprar cuando deben comprar, por eso tienen una cartilla que dice cuándo y cuánto les toca comprar tabaco o frijol, pero no lo pueden hacer cuando se les pegue la gana”.

Mi primer triunfo: Así que los cubanos no tienen libertad de comprar o consumir cuando deseen. Ni pueden comprar más que lo que el gobierno les dice. Bueno y… ¿así les gusta?

“No nos gusta, pero estamos en una economía socialista y así es”.

Bueno y para qué tienen dinero si no pueden comprar lo que ustedes quieren y cuando ustedes quieran y la cantidad que ustedes deseen.

“No, chico, eso no puede ser, el dinero es para pagar lo que compramos en la tienda, pero sólo cuando nos toca comprar. Por ejemplo, hay tabaco sólo los viernes y te tienes que formar desde las cinco de la mañana, los jueves es el arroz, los miércoles el azúcar, los martes el frijol pero sólo puedes llevar dos libras o tres si tienes un niño en edad preescolar, y la leche sólo la puedes comprar los lunes y dos botellas de cerveza cada seis meses”.

¡Ah! Muy bien profesores de economía. Y ¿así les parece bien? Bueno, contestaron, “así es, así lo dijo Fidel y no hay nada  que protestar”.

Terminó la sesión con la explicación de que los precios fijos que dicen tener les destruye su economía, que tienen una economía artificial cuya escasez es una consecuencia necesaria y que en Cuba, en realidad, no existe el dinero a pesar de que hay toneladas de billetes, que pueden hacer lo mismo sin usar billetes pues es una economía de racionamiento o de planificación burocrática como era la Unión Soviética.

Que si bien sus “precios” no cambian, sin embargo viven una inflación descomunal. Además, el dinero es una institución propia del capitalismo que incentiva a tomar decisiones propias y eso va contra el socialismo. Así que, si persisten en el socialismo, tienen que quemar sus billetes, no los necesitan. Estoy seguro que más de dos profesores me comprendieron.


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