Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No es un Cambio Legal
Eduardo García Gaspar
19 julio 2010
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SEXUALIDAD
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La noticia, de la semana pasada, fue reproducida en muchos medios. La BBC, por ejemplo, reportó:

“Después de un maratónico debate, el Senado argentino aprobó la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo, lo que convierte al país en el primero en América Latina en dar luz verde al casamiento de parejas homosexuales a nivel nacional”.

Fueron 14 horas de debate agrio ahora, después de que en mayo los diputados habían dado su voto mayoritario. En el senado argentino, los votos a favor fueron 33. En contra, seis menos, 27. La noticia menciona como centro de la ley a la igualdad entre personas, lo que lleva a la idea de un matrimonio igualitario que incluye a homosexuales y se considera, por algunos, un avance.

Para otros, se trata de un retroceso: la igualdad es esencial en el ser humano, pero también hay diferencias entre nosotros, diferencias que no pueden ser negadas y están en nuestra naturaleza. En fin, de nuevo se plantea el caso de una ley que parte de un principio moral en discusión. Para esta ley, una familia puede tener a personas del mismo sexo como padres, incluyendo hijos adoptados.

Mi deseo es establecer que no es un debate legal en realidad, sino moral. Toda ley parte de una idea moral, todas, absolutamente todas. Y lo que importa es examinar ese principio moral, no tanto a la ley en sí misma. El único valor de la ley, al final de cuentas, es que puede usarse la fuerza para aplicarla.

Y ese debate moral, no legal, se sustenta en una distinción entre lo bueno y lo malo. Hasta aquí no es complicado. Ayuda a entender la idea moral de los simpatizantes de esa ley en Argentina: la igualdad es el valor máximo y debe llevarse a todos los planos, por lo que si los heterosexuales pueden contraer matrimonio, los homosexuales también lo pueden hacer.

Lo anterior resume bien la idea moral detrás de la ley argentina: la igualdad es total y el gobierno debe estar encargado de forzar esa igualdad en los ciudadanos. Por supuesto, también detrás de la oposición a esa ley hay otra idea moral: el valor de las personas es el mismo, pero deben reconocerse diferencias innegables y que no pueden ser ignoradas.

Insisto en mi punto. No es un debate legal y por eso, el que sea aprobada la ley con una diferencia de seis votos es irrelevante. Lo que debe verse es la existencia de dos ideas morales opuestas, que es lo que en el fondo está en juego: eso que en realidad ha sucedido con esa ley y con otras similares en otras partes es algo de fondo.

Los gobiernos han redefinido a la moral por medio de esas leyes: no sólo han dado su aprobación a la homosexualidad sino que han hecho lo lógico en este caso, la han colocado al mismo nivel que la heterosexualidad. Más aún, le han dado a la homosexualidad la misma categoría del matrimonio y de la familia, el corazón de la sociedad.

No es un cambio menor, es gigantesco y de consecuencias que desconocemos. Un cambio en la moral no es juego de niños (menos de legisladores) y se ha solucionado con un juego de votaciones políticas.

Mi posición es opuesta a la homosexualidad por la misma razón a la que me opongo a la actividad sexual indiscriminada entre personas de sexo diferente. Acostarse con cualquiera y hacerlo con frecuencia, por el mero gozo corporal, evitando sus consecuencias naturales, es una rebaja de la esencia y dignidad humanas.

Y eso es lo que esas leyes ahora consideran bueno y deseable, que la sexualidad humana tenga un propósito sólo de placer sensual y nada más. Es la validación del hedonismo bajo que complace a los instintos y renuncia a la razón. Este es el cambio moral al que temo: ahora el matrimonio es una categoría legal que da validez al placer sexual sin sus consecuencias naturales.

Toda idea moral, por obligación, parte de una visión de la persona humana, de lo que es y de lo que debe ser. Las leyes de ese tipo, mucho me temo y es lo que me conmueve, tienen una visión baja del ser humano, la de un ser que se contenta con la satisfacción de sus instintos y no aspira a nada más que al hedonismo que evita sacrificios.

Es parte de esa mentalidad que alimenta al estado de bienestar, el que me dice, “no tienes que tomar decisiones y sufrir sus consecuencias, yo te cuidaré y te daré todo lo que necesitas incluyendo a la moral”.


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