Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No Querer Libertad de Expresión
Eduardo García Gaspar
7 julio 2010
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
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La realidad es irrebatible. Las pruebas empíricas sobran. Los razonamientos teóricos le dan la razón. Es congruente con la naturaleza humana. Y a pesar de todo, muchos son los empeñados en negar esa realidad.

Hablo de la libertad en general, en especial de la libertad económica. Ella ha producido crecientes estándares de vida. Los ejemplos recientes de Brasil, India y China, son evidencias, y hay muchas otras anteriores, como las de Inglaterra, Suecia, EEUU.

Pero la libertad económica es rechazada por muchos. El rechazo es comprensible en algunas personas, como los gobernantes: mientras menos libertad económica tengamos, más poder tendrán ellos.

Mientras que la tendencia de los gobernantes a anular la libertad económica por razones de poder es algo comprensible… no justificado, pero sí comprensible, resulta sorprendente que personas comunes de buena fe apoyen consistentemente perder sus libertades económicas. Es igual a querer perder libertades políticas y culturales.

Es inconsistente, pero sucede. Muchas personas, demasiadas, entre los que se distinguen los intelectuales, estarían dispuestos a luchar por la libertad de expresión, pero cuando se trata de libertades económicas ellos están más que dispuestos a que todos las perdamos. Busquemos explicaciones de este curioso fenómeno.

La mentalidad de un amigo que me parece un caso clásico de esa contradicción. Alaba él a la democracia y las libertades que representa. Jamás aprobaría que se perdiera la libertad de elegir gobernantes, por ejemplo. Defendería con igual bravura la libertad de expresión, de él y del resto de la gente.

Pero cuando llega al terreno de las libertades económicas, se convierte en un entusiasta partidario de perderlas. En su mente sucede algo curioso… contradictorio, pero curioso: en su opinión todo se trata de buenas intenciones y cree que el único que tiene buenas intenciones es el gobierno, el que sin excepción, según él, actuará para el bien común.

Piensa que el monopolio de las buenas intenciones y la benevolencia lo tiene el gobierno porque presupone que empresarios, inversionistas, accionistas, todos ellos tienen la sola preocupación de ganar dinero, no la de ayudar al bien común. Lo que le sucede a mi amigo es, me parece obvio, común. Cada vez menos, pero común al fin.

Le sucede que no alcanza a entender una idea que va contra su intuición, que debo decir es muy simple. Las libertades económicas funcionan de manera que se entienden en la superficie como contra intuitivos: quien busca ganar dinero para él, se piensa, no ayudará al bien común, por lo que quien no quiere ganar dinero sí es el que busca el bien común. Esto es lo que explica la supuesta, falsa, superioridad moral de quien dice no tener motivos de lucro.

Este es un problema de las libertades económicas: necesitan un poco de perspicacia para ser entendidas y conocer el mecanismo por el que la búsqueda de un beneficio económico personal es de beneficio general. Si usted abre una empresa queriendo ganar dinero, la única manera de hacerlo es satisfaciendo necesidades ajenas, en un juego de beneficio mutuo que eleva el bienestar de todos.

Muchos tienen problemas para entender esto y son víctimas cándidas de la trampa gubernamental que pide menos libertades económicas… lo que es igual a pedir menos libertad de expresión por causas de bienestar social y muy pocos aprobarían, pero estarían gustosos de tener menos libertades económicas.

El punto es importante para señalar la contradicción: muchos de los que estarían dispuestos a defender con total frenesí sus libertades políticas y de expresión, al mismo tiempo son entusiastas partidarios de perder sus libertades económicas. No tiene sentido. Si usted pierde sus libertades económicas, al cabo del tiempo perderá las otras.

También para señalar que las libertades económicas requieren un cierto refinamiento mental, no grande, para entender su funcionamiento sustentado en intercambios libres, de mutuo beneficio y en el que las intenciones personales de todas las partes pueden lograrse sin daño a nadie. Al contrario.

Y esto es lo que llama la atención: renunciar a las libertades, las que sean, es igual a aceptar perder la libertad de expresión por causa del bienestar definido por el burócrata.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




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