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No tan Liberadora
Selección de ContraPeso.info
5 enero 2010
Sección: RELIGION, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Samuel Gregg. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. La idea central del escrito es examinar las consecuencias dañinas de la teología de la liberación.

Pasó casi inadvertido, pero el 5 de diciembre pasado, Benedicto XVI conformó una de las críticas más agudas jamás hechas por un Papa de una escuela teológica en particular.

Dirigiéndose a un grupo de obispos brasileños visitantes, Benedicto acompañó a algunos ligeros comentarios acerca de la educación católica, con otros muy fuertes comentarios y críticas profundas acerca de la teología de la liberación y sus efectos en la Iglesia Católica.

Después de enfatizar cómo ciertos teólogos de la liberación tomaron conceptos marxistas, el Papa calificó a estas ideas como “engañosas”. Es éste un lenguaje duro para un Papa.

Pero Benedicto entonces subrayó el daño que la teología de la liberación hizo a la Iglesia Católica. Dijo a los obispos que, “las más o menos visibles consecuencias de ese enfoque —caracterizado por rebelión, división, desacuerdo, ofensa y anarquía—aún subsisten hoy, produciendo gran sufrimiento y una pérdida seria de energías vitales en sus comunidades diocesanas”.

Hoy, incluso algunos de los partidarios más notables de la teología de la liberación admiten libremente que ella ha caído, también en América Latina. Alguna vez considerada avant-garde, la teología de la liberación está ahora confinada a la clerecía y a los legos de cierta edad que ejercen una influencia decreciente dentro de la Iglesia.

No obstante, Benedicto XVI cree claramente que merece la pena señalar el daño exacto que ha infligido a la Iglesia Católica. Para empezar, hay pocas dudas de que la teología de la liberación fue un desastre para la evangelización católica. Hay un dicho en América Latina que resume esto: “La Iglesia optó por los pobres y los pobres optaron por los Pentecostales”.

En pocas palabras, mucho del clero católico estuvo predicando la lucha de clases y muchos de esos por cuya cuenta se libraba la guerra decidieron que no estaban tan interesados en aprender marxismo, ni en escuchar un lenguaje de odio. Simplemente querían aprender sobre Jesucristo y su amor por todos (sin importar su status económico). Y eso lo encontraron en muchas comunidades evangélicas.

Un segundo impacto fue la formación del clero católico en partes de América Latina. En lugar de sumergirse en la plenitud de la riqueza intelectual de la fe católica, muchos seminaristas de los años 70 y 80 leyeron Das Kapital de Marx y rehusaron ver la literatura “burguesa” de San Agustín en La Ciudad de Dios, o de Santo Tomás en La Suma Teológica.

Esto socavó la habilidad de la Iglesia para ser testigo de Cristo en América Latina, porque algunos clérigos redujeron a Cristo a la posición de una heroica pero menos que divina guerrilla urbana y no estaban especialmente interesados en explicar los principios del catolicismo a sus fieles.

Y también, se ha tenido un efecto en la capacidad de la Iglesia para participar en el nuevo mundo económico de América Latina, el que surgió cuando la región se abrió a los mercados en los años 90. Ciertamente, mucho de esta liberalización económica fue pobremente realizada y azotada por  corrupción.

Sin embargo, como reportó recientemente The Economist, países como Brasil —alguna vez el epicentro de la teología de la liberación—, están emergiendo como jugadores económicos globales ayudando a millones a salir de de la pobreza. Lo más inteligente que jamás hizo el presidente izquierdista de Brasil, Lula da Silva, fue no desmantelar la mayoría de las reformas económicas de su predecesor.

Desafortunadamente, una herencia de la teología de la liberación es la incapacidad de algunos clérigos católicos para relacionarse con el mundo de los negocios. Es irónico que ejecutivos líderes tengan mayor probabilidad de practicar su Catolicismo que muchos otros otros latinoamericanos. Y sin embargo, la teología de la liberación ha dejado un residuo de desconfianza de los líderes de negocios en algunos clérigos católicos —y viceversa.

La desconfianza no es propicia para el compromiso, aún menos para la evangelización.

La buena noticia es que la Iglesia en América Latina está a más de la mitad del camino en su recuperación. Cualquiera que converse con los sacerdotes más jóvenes y seminaristas actuales, constatará rápidamente que han absorbido las críticas devastadoras a la teología de la liberación producidas por el entonces cardenal Joseph Ratzinger en los años 80.

Cuando mucho, tienden a considerar a los teólogos de la liberación, como el ex-sacerdote Leonardo Boff, como herejías irrelevantes.

En verdad, figuras como Boff deben sufrir consternación porque la Iglesia Católica ha surgido como el más claro oponente de los populistas de izquierda, como Hugo Chávez en Venezuela. Lo señaló Michael Novak en Will It Liberate? (1986): los teólogos de la liberación fueron notablemente vagos cuando se trataba de propuestas prácticas de política.

Pero si algún grupo encarna la agenda económica de esos teólogos, de seguro es la izquierda populista, la que en la actualidad nos provee casos de estudio sobre cómo destruir a las economías con más velocidad de lo que se necesita para decir “Fidel Castro”.

Conforme pasa el tiempo, la teología de la liberación está en camino a ser añadida a la larga lista de heterodoxias cristianas, que van del Arianismo al Hans-Küngismo.

Como entiende Benedicto XVI, las ideas importan —incluyendo ideas destructivas e incoherentes como la teología de la liberación.

Hasta que la Iglesia Católica trate la herencia de esta teología difunta —para darle su propia designación a la teología de la liberación—, su habilidad para entrar en diálogo en el futuro de América Latina se verá perjudicado.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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