Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Nos Olvidamos de Nosotros
Eduardo García Gaspar
27 diciembre 2010
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Como de seguro usted también, he encontrado una buena cantidad de declaraciones y conferencias destinadas a decirnos cómo ser mejores.

No hay problema en eso, al contrario. Es una buena intención.

Pero lo que sí puede ser objetable es lo que recuerda esa frase, la de que aquellos que pueden hacer las cosas y las están haciendo bien, son precisamente los que las hacen.

En cambio, los que no pueden hacer las cosas, se dedican a dar conferencias y decirles a los primeros lo que deben hacer.

Es exagerado e inexacto, pero tiene alguna dosis de verdad. Por ejemplo, en nuestros días es común encontrar mil y uno sistemas de mejora de calidad y hasta certificados internacionales de ella.

El problema es creer que se trata de algo nuevo, moderno y de moda, que motiva al ejecutivo a sentir la obligación de obtener un certificado y presumirlo.

Pero la idea de la calidad siempre ha existido. Es muy vieja. Antes le llamábamos hacer las cosas bien, de tal manera que ellas fueran motivo de orgullo de quien las hacía.

Eras cuestiones de amor propio, de una actitud personal que va más allá del certificado de calidad.

En realidad y al final de cuentas, es un principio muy antiguo, el de tratar a los demás como uno quisiera ser tratado. La diferencia es importante.

Esa calidad vieja, fuerte y y tradicional tiene como sujeto a la persona misma. Mucho me temo que la calidad nueva y débil tiene como sujeto más a la tecnología y los procesos que a las personas.

Esto es lo que creo que bien vale una segunda opinión, el olvido de la nosotros mismo. Lo ilustro con otro ejemplo diferente al de la calidad.

Seguramente usted también ha visto usar mucho las ideas de ciudadanía y de legalidad. No hace mucho supe de dos conferencias sobre los dos temas.

La ciudadanía y la legalidad eran tratados en los anuncios de las conferencias como grandes valores, conceptos necesarios en nuestros días para la convivencia y la prosperidad. No está mal, como tampoco está mal el hablar de procesos de calidad mejorada y estable.

Pero también aquí se comete el mismo error.

Creo que pertenece a la categoría de lo políticamente correcto hablar de ciudadanía y de legalidad. Si usted usa esos términos es seguro que todos lo mirarán con admiración y aprobación, pues está al día en la última moda intelectual.

Pero lo mismo que antes, se han olvidado de que eso no es nuevo y de que el sujeto de todo es la persona misma.

Ver a la legalidad como principio central es como ver las olas que llegan a la orilla de la playa, se olvida usted del mar y del cielo, las nubes, y de la arena. La legalidad, se dice, es la existencia de leyes e instituciones que todos respetan. Es como una costumbre arraigada de obediencia a la ley.

De acuerdo, pero se queda corto, tan corto como la ley misma. No cubre ella todos los aspectos de nuestra naturaleza, sólo unos pocos, los que pueden traducirse en mandatos obligatorios.

Es lo que nos manda el no hacer a otros lo que no queramos que nos hagan.

Eso es mucho más estrecho que el tratar a otros como uno quiera ser tratado, que sí es amplio y cubre a la naturaleza humana, que es lo mismo que se olvida cuando se habla de ciudadanía. Somos mucho más que ciudadanos, somos seres humanos.

Un ciudadano se define por sus relaciones con la autoridad, pero tenemos también relaciones entre nosotros y con nosotros (y, por supuesto, con Dios, según los creyentes).

Quizá las conferencias del día y los temas de moda sucumben a eso que es inmediato y tiene el valor de lo nuevo, pero ignoran lo que es de todos los tiempos y lo que realmente importa.

Podemos hablar de calidad todo lo que queramos, pero démonos cuenta de que no es tecnología ni procesos, es acción humana, buena acción humana.

Lo mismo va para la exageración de moda de las ideas de ciudadanía y legalidad. Nuestro mundo, el real, va mucho más allá de ser ciudadanos. Somos personas. Y nuestros valores superan por mucho a las leyes, van a las creencias humanas sobre el trato que nos debemos.

Nos hemos olvidado de nosotros mismos. Es el error del que organizó una comida y preparó los más exquisitos platos y las más refinadas bebidas, a los que acompañaría con una música excepcional. Todo lo previó, excepto mandar las invitaciones.

Olvidó que existen las personas.

Post Scriptum

Hay más material sobre el tema en ContraPeso: Educación Para la Ciudadanía.

El concepto es explicado en Educación Para la Ciudadanía.

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