Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Olímpica Mala Conducta
Selección de ContraPeso.info
11 marzo 2010
Sección: FAMOSOS, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Michael Miller. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. El autor es Director of Programs en el Acton Institute y responsable del trabajo internacional del instituto.

Casi nada es tan común en los deportes que el escuchar a un locutor hablar de cómo un joven atleta es un hombre o una mujer admirables; cómo se esfuerzan y sacrifican por su deporte, son respetados por sus compañeros y hacen trabajo voluntario con niños.

Disfrutamos la emoción de la competencia atlética y gozamos un juego bien jugado o un movimiento perfectamente ejecutado, y es natural que pensemos que estos atletas son tan excelentes dentro como fuera de su deporte.

Queremos héroes como Eric Liddell, el de Carros de Fuego [campeón olímpico de los 400 metros lisos en los Juegos Olímpicos de París en 1924], quienes superan obstáculos sustanciales en el atletismo y tienen también vidas heroicas de sacrificio. Sin embargo, al ser testigos frecuentes de deportes colegiales y profesionales, y, recientemente las Olimpiadas, los jóvenes atletas no son demasiadas veces, desafortunadamente, esas personas admirables.

Casi estamos dispuestos a esperar eso, de estos deportes profesionales y cada vez más, de los colegiales, pero las Olimpiadas mantenían su brillo. Mientras las Olimpiadas de Invierno terminaron ese domingo, continuaron conociéndose más historias de conductas lascivas y vulgares. Desde reportes de proveeduría de la Villa Olímpica con 100,000 condones hasta sugestivas fotografías y admisiones de noches locas y adicción a la pornografía, una lección es aparente: no dejes que tus niños crezcan para ser olímpicos.

Se dice a menudo que los deportes desarrollan carácter. Pueden y lo hacen. Enseñan trabajo duro, paciencia, abnegación y trabajo en equipo. Pero, especialmente en una cultura obsesionada con el deporte, como la nuestra, los deportes también tienen la tendencia a crear narcisismo.

Los atletas se convierten en artistas privilegiados que han sido mimados y se les ha dicho que son especiales desde el momento en el que muestran destreza. Son adorados y sus faltas, ignoradas. Comienza por lo pequeño, pero esas faltas pueden convertirse en una forma de vida, como lo es el deporte.

Queremos que nuestras estrellas del deporte sean modelos para los demás, pero en vez de eso, son ellos crecientes abastecedores de decadencia cultural, egoísmo y distracción de los retos morales serios de una vida de heroísmo y real virtud. Cuando Charles Barkley [el ex-jugador de baloncesto] declaró que no era él un modelo de comportamiento, estaba en lo cierto. En su manera inimitable, estaba tratando de decirnos algo: encuentren sus héroes en otra parte.

Sí, para convertirse en un profesional o en un atleta olímpico, se necesita gran dedicación y sacrificio, pero no importa realmente mucho a menos que esas cualidades se transfieran a otras áreas de la vida. En su lugar, el sacrificio y la abnegación parecen estar limitadas a la propia búsqueda de gloria personal.

La crisis moral que penetra en los deportes es parte de una mayor falla social que es elevada por una cultura que tiene miedo de hablar de la verdad y la virtud —mucho menos del mal moral y del pecado. El relativismo moral se ha convertido en la norma, y la libertad significa hacer lo que uno quiere en lugar de someterse a un estándar superior (al menos fuera de los campos deportivos).

La auténtica búsqueda de la virtud ha sido reemplazada por mero voluntariado y activismo político de moda, y se ve con cinismo la idea de que hombres y mujeres jóvenes deban luchar por la excelencia moral y el autocontrol. Los 100,000 condones para los atletas olímpicos son emblemáticos del mensaje que se da a los jóvenes de una miríada de formas: se espera que actúen como animales, sin poder controlarse a sí mismos.

Pero no son animales —pueden controlarse a sí mismos y muchos lo hacen. Esto puede sonar como una queja mezquina sobre jóvenes que simplemente se divierten. Ojalá lo fuese. Sería un problema menor si los artistas —sean atletas olímpicos, actores, o estrellas del rock— no jugaran un papel tan principal en la formación de la cultura.

Nuestra cultura, altamente tecnológica, post-industrial, es dominada por el espectáculo. Pero los artistas son como los salvajes a punto de invadir, y su conducta es emulada por admiradores, jóvenes adoradores que ven que la virtud moral y la fuerza de carácter no son requisitos para el éxito atlético y social.

Esto tiene consecuencias de largo plazo para nuestra libertad. George Washington previno que una sociedad libre requiere de personas virtuosas con madurez y autocontrol. La libertad no es la propiedad de adolescentes incapaces de controlar sus pasiones. Sin embargo, la vida cultural está siendo cada vez mejor descrita por lo que Diane West [la periodista] llamó “la muerte del adulto”.

Queremos que nuestros atletas sean héroes, pero también glorificamos la cultura adolescente que sigue sus caprichos. Los dos son mutuamente excluyentes. C.S. Lewis describió el problema hace décadas: “Nos reímos del honor y nos sorprendemos de que existan traidores a nuestro alrededor, castramos y pedimos a los capones dar frutos”.

Nota del editor

Sobre Charles Barkley, se ha escrito:

He was frequently involved in on- and off-court fights and sometimes stirred national controversy, as in March 1991 when he mistakenly spat on a young girl, and as in 1993 when he declared that sports figures should not be considered role models.

La frase original en inglés de Lewis es: “We laugh at honor and are shocked to find traitors in our midst, we castrate and bid the geldings be fruitful.”

Un reporte de la Canadian Broadcating  (24 febrero 2010) dio a conocer que:

Health officials in Vancouver have already provided 100,000 free condoms to the roughly 7,000 ahtletes and officials… about 14 condoms per person. But as of Wednesday, those supplies started running dangerously low… Free condoms first started to be distributed at the Olympics in Barcelona at the 1992 Games.

El número por persona, de 14 condones por cada deportista, quizá sea incorrecto. Ya que el artículo se usa por cada dos personas, en realidad es de 28 condones por pareja. Con 10 días de competencia, el promedio es de 2.8 condones por día por pareja.

Hay datos no tan curiosos sobre el costo de las Olimpiadas en Cuestión de Espectáculos. Y en Predicar Con el Ejemplo, se trata también el mismo caso del modelo de conducta que los ídolos deportivos del futbol dan a los fanáticos.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




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