Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Olvidar la Maldita Pregunta
Eduardo García Gaspar
20 abril 2010
Sección: ARTE, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La primera vez que escuché una de sus composiciones, pensé que había un defecto en el disco. Se oía mal, muy mal. Limpié el disco sin resultado. Era uno de esos nostálgicos LPs. Después de leer el texto del disco, me enteré que ése era el sonido deseado por el compositor. Le había puesto hojas de papel a las cuerdas el piano.

Se llama John Cage es estadounidense y nació en 1912. En 1951 compuso una obra que al menos es llamativa, porque tiene la cualidad de nunca poder sonar igual. Si usted va a un concierto hoy y la escucha, los que al día siguiente vayan al mismo concierto escucharán algo totalmente diferente.

La obra se llama Paisaje Imaginario No. 4 y no necesitó una sola hoja de música para ser compuesta. Usted mismo la puede poner esta noche en su casasin comprar disco alguno. Todo lo que necesita es una docena de radios y cada uno sintonizado en una estación diferente, seleccionada al azar. Enciende usted los radios y ya está.

Tiene Cage otra pieza que tampoco requirió pluma, ni papel.

Se coloca un piano en el escenario y se dice que escuchará una nueva composición titulada 4’33’’. Se abren las cortinas, se ve el piano y el pianista sale en medio de aplausos. Se sienta en el banco frente al piano y permanece así durante cuatro minutos y treinta y tres segundos, sin tocar. Se levanta el pianista, la gente lo aplaude y ya está. No son bromas, es cierto.

Cage murió en 1992. Hay veces que me dan ganas de imitarlo y escribir una columna totalmente en blanco, sin letra alguna y justificarla diciendo que ella es la experiencia subjetiva del lector. Quizá hasta me paguen por hacer esto, aunque lo dudo. Si bien Cage es extremo, quizá represente la reducción al absurdo del arte en la actualidad.

Se ha dicho, y con cierta razón, que después de los impresionistas, la pintura dejó de ser una representación de lo visible. La fotografía representaba a la realidad. La pintura era ya el campo de experimentación del pintor y podía ser usada para expresar el mensaje del artista. Claro que el problema fue que muchos artistas no tenían nada siquiera medianamente interesante que decir.

El otro efecto fue terrible, pues dio nacimiento a una de las preguntas más aborrecibles que se le pueden hacer a una pintura, “¿qué quiso decir el artista?”.

Las respuestas, por supuesto, dan entrada a cualquier complejo ideológico del crítico, que es capaz de encontrar un mensaje marxista o freudiano en una pintura en blanco, o en Paisaje Imaginario No. 4.

Lo mejor que puede hacer una persona normal es ignorar esa idea de que toda obra de arte tiene un mensaje social y centrar su atención en la obra y su reacción ante ella. Haciendo esto, poco a poco, comienza uno a entender el arte y meditar sobre él. Por ejemplo, pensar en las diferencias que hay entre artes distintos.

Hay una diferencia fascinante, que me llama la atención, entre la pintura y la música. Ambas son bellas artes, de acuerdo, pero usted entra a un museo a ver una pintura, quizá Las Meninas. La pintura está allí, colgada en una pared. Después de verla, usted regresa a las dos horas y sigue allí.

Pero con la música, no sucede lo mismo. Ella depende del tiempo. Vive en el tiempo. La pintura, en el espacio. Y la música, más aún, es fascinante porque admite variaciones. Es como si Velázquez hubiera “compuesto” Las Meninas y usted pudiera ver la interpretación de ellas por parte de otros.

Beethoven, en su quinta sinfonía, dejó una especie de plano de una construcción musical, que al ser dirigida por Klemperer es sutilmente distinta a cuando la misma obra es dirigida por Kleiber. La diferencia entre la música y la pintura es fantástica. No hace a una superior a la otra, pero señala distinciones considerables. Y, más aún, en esto, la música es efímera.

La misma pieza, con el mismo director, no será igual siempre… aunque gracias a las grabaciones, ellas pueden quedar fijas en el tiempo y ser adquiridas por la gente. Usted puede tener una grabación histórica que es idéntica a la original, pero no puede tener más que una reproducción de una pintura. La música es también diferente en esto: puede tenerse el “original” porque hay muchos de ellos, a precios accesibles.

Al final de cuentas, el arte es una fuente de placer para todos, mientras evitemos hacernos la fatal pregunta, “¿qué quiso decir el artista?”.


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