Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pamplinas Educativas
Eduardo García Gaspar
9 marzo 2010
Sección: ESCUELAS, Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
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La idea es un lugar común que suele producir movimientos aprobatorios de cabeza en quienes la escuchan. Peor aún, cuestionarla se considera de vulgar y de muy mal gusto. Es la idea que dice que todo se remedia con más educación formal y que eso es una responsabilidad gubernamental.

Llevada a su extremo, la tesis de que todo se soluciona con más educación escolar lleva a acciones excesivas, como la gratuidad de la educación universitaria. El razonamiento dice que si todos tienen un título universitario, todos serán mejores y progresarán. Es una aplicación errónea del principio de igualdad total.

La idea es demasiado vaga para ser de utilidad. Y esa vaguedad conduce a remedios alocados sin fundamento, como pensar que el gran remedio es tener más escuelas públicas (y elevar el presupuesto gubernamental a niveles mayores). Conviene ser más detallado para evitar llegar a conclusiones extremas, como la de que si todos estudian más se acabará con la criminalidad.

Lo que pretendo examinar es la base de propuestas como una ahora en Ciudad Juárez, en donde el gobierno federal mexicano “planea ampliar la oferta educativa, deportiva y de desarrollo social para los jóvenes”, con la idea de disminuir la enorme violencia del lugar. La cosa no es tan simplista. Hay bastante más de lo que aparenta.

Primero, sí hay una relación causal entre educación formal e ingresos: a más educación los ingresos tienden a ser mayores. La causa central de esto es la productividad personal. La mayor preparación suele causar más productividad y ella se refleja en ingresos superiores. Pero la causalidad no es perfecta.

Hay factores que la alteran. Uno de ellos, que es vital, es el campo de estudios de la persona. Hay especialidades que son más productivas que otras. Es la realidad. Los estudios considerados light tienen menos correlación con ingresos que estudios más exigentes, como las ingenierías.

La cosa se complica por otra razón: si de los estudios considerados fáciles se gradúan más alumnos que de los estudios más duros, la oferta de esos graduados será mayor y sus sueldos, menores. Es decir, si un joven tiene la presión de estudiar pero no la capacidad mental, tenderá a una carrera fácil, lo que lo pondrá con un título universitario pero un sueldo que él verá como no apropiado a sus estudios.

El escenario será inquietante por varias razones, una de ellas es la de provocar brechas importantes de ingresos. Diferentes especialidades universitarias producirán diferente productividad, lo que con distintas ofertas crearán esa desigualdad. Es decir, el deseo de educación universitaria para todos produce en parte especialistas abundantes en ramas que no los requieren.

Pero quizá el mayor problema es suponer que educación es igual a tener escuelas gratuitas desde los primeros años, la famosa educación pública. Mucho me temo que el significado de educación es mucho mayor a tener más escuelas de gobierno. En las escuelas se adquieren conocimientos básicos, muy necesarios, en diferentes temas, como también métodos de raciocinio y análisis… con un problema serio, la educación dada en las escuelas públicas es notablemente mala en México (y seguramente en muchas otras partes).

Pero eso no es todo. El cimiento de la educación fundamental está en la casa del niño y lo que vive en familia. Si se altera esa familia, el niño sufrirá consecuencias. Sí, estoy hablando de buenas costumbres en familias estables, con padre y madre. Es allí donde se adquieren las virtudes, como la honestidad y el hábito del trabajo. Una familia rota es una desventaja para los hijos.

Usted puede abrir todas las escuelas que quiera, que ellas tendrán un efecto pequeño si los alumnos vienen de familias con problemas graves. Por esto es realmente asombroso que en los libros de secundaria, en México, se fomente la promiscuidad: se producirán embarazos de madres solteras y padres ausentes, que ponen a los hijos en desventaja (y facilitan la criminalidad).

El combate a la criminalidad puede, por tanto, ser mejor realizado por medio del cuidado de la familia y su estabilidad, que es donde los niños aprenden asuntos de buen comportamiento: lo que debe ser, lo que es bueno… y lo que deben evitar por malo. Un tema que no se trata en las escuelas públicas.

El criminal es generalmente hombre joven o adulto a veces, con escasa educación familiar y pocos estudios. Su costo de oportunidad es bajo: el ingreso de un trabajo con ingresos bajos contra la mayor probabilidad de impunidad e ingresos mayores… y no tiene ideas fuertes sobre lo que es malo y bueno. Sin formación familiar, es un buen candidato a la carrera del crimen.

En otras palabras, la educación formal pública no es ese remedio total a los males sociales, como se suele suponer. Lo mejor que ella podría hacer es concentrase en niveles previos a la universidad y buscar calidad (una meta imposible debido a los sindicatos). Y, lo mejor, cuidar y cultivar la estabilidad familiar, que es donde se crea el sentido moral.

Total, creer que la educación estatal es la varita mágica de los males sociales es una creencia inútil.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




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