Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pésimos Buenos Deseos
Eduardo García Gaspar
26 febrero 2010
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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No son las únicas acciones, ni los únicos lugares en los que suceden. Pero son las mismas razones. Tome usted una noticia española reciente. Fue reportado que sindicatos hicieron marchas para protestar contra el aumento de la edad de jubilación de 65 a 67 años.

El motivo de ese aumento de edad es reducir el déficit gubernamental: las pensiones lo elevan. La misma meta se tiene en Grecia, donde también hay marchas de protesta contra decisiones gubernamentales de reducción de salarios y pensiones. No son situaciones aisladas.

Bien vale una segunda opinión para encontrar las cosas que tienen en común. Ya mencioné la primera de ellas, la de suceder en todas partes: tome usted a casi cualquier país (menos Cuba, Corea del Norte y similares), y verá que allí han protestado por decisiones económicas de sus gobiernos.

Ésa es la otra cosa en común, las decisiones económicas de gobierno, típicamente por ajustes en pensiones. Esas decisiones persiguen reducir déficits en el gasto de gobierno, el que fue causado por otras decisiones de gobierno, las de otorgar pensiones sin prudencia.

Es el caso clásico señalado por H. Spencer (1820-1903) hace ya tiempo: una especie de remolino de decisiones gubernamentales. La espiral inicia con una mala decisión de los gobernantes, la que persigue una meta loable, pero produce un efecto grande e indeseable; este efecto secundario imprevisto da pie a otra decisión gubernamental que pretende corregirlo, la que a su vez produce otro efecto indeseable tiempo después, el que querrá corregirse con otra decisión gubernamental…

En el caso concreto, también pueden usarse los ejemplos mexicanos de pensiones otorgadas por decisión gubernamental y que han logrado crear pasivos cuyos montos son desconocidos. La intención de tener pensiones atractivas es inobjetable, pero el concederlas sin sostén, es irresponsable.

¿Dónde está el origen de todo el problema? La respuesta no es ideológica, sino de principios: es una intervención injustificada del gobierno. Si el gobierno hubiera dejado la decisión de las pensiones en las manos de quienes las reciben, el problema no existiría. Cada persona habría sido responsable de su propia pensión personal.

El gobierno le quitó esa responsabilidad y cometió un error colosal: prometió a la persona que le daría más de lo posible. El compromiso fue irreal y causado muy probablemente por el deseo de ganar votos en las elecciones, una de las malas cualidades de la democracia. La situación tiene su gracia.

De un lado, tenemos a gobernantes que creen posible ignorar a la realidad y buscan ingenuos que crean sus promesas.

De otro lado, tenemos personas que por conveniencia o ingenuidad, aceptan esas promesas irrealizables. Puede verse como una pareja llena de candidez y candor, pero también como una llena de malicia y doblez que sabe que es posible que otros paguen su beneficio.

Estas marchas de protesta muestran otra cosa que tienen en común las malas decisiones de los gobiernos: la promesas imposibles son fáciles de implantar. Todos las alaban. Son aplaudidas a rabiar por los que las ven como responsabilidad social (esa mágica e irresponsable expresión). Pero cuando la realidad llega, son tremendamente difíciles de cancelar, tal vez imposibles.

Y así, la irresponsabilidad se arraiga porque para remediar el problema creado se acude a la ayuda de otros. La irresponsabilidad financiera de los gobiernos es resuelta con ayudas de otros gobiernos, como le ha sucedido a México también. O resuelta con elevaciones de impuestos, es decir, haciendo que terceros inocentes paguen por errores ajenos.

Lo que importa no es propiamente examinar a las protestas como las mencionadas, sino su origen, esa causa que puede ser identificada y servir como lección para no volverla a cometer. La causa original es una mala concepción de los deberes gubernamentales. Nada tienen que hacer los gobiernos en la concesión de pensiones. Nada.

Las pensiones son una decisión personal, producto de las libertades humanas. Es una cuestión de principio sobre nuestra naturaleza y que rechaza que otros nos sustituyan creyendo hacernos un bien… porque al final de cuentas, siempre pasa, que terminarán dañándonos.

Nada es tan malo como un gobernante lleno de buenos deseos.

Post Scriptum

Cuando sostengo ideas como ésta, algunas personas suelen preguntarme ¿entonces, quién debe encargarse de las pensiones? Mi respuesta es simple: ya sabemos al menos quién no debe encargarse de ellas, el gobierno. Saber eso, es ganancia.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




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