Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pobreza y Mala Caridad
Eduardo García Gaspar
8 febrero 2010
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Queda a casi 400 kilómetros de Chihuahua. Está dentro de una barranca de más de mil kilómetros. El camino que lleva a allí tiene un carril. Se llama Batopilas y fue la segunda ciudad que en México tuvo electricidad después de la capital. Tiene ahora unos 13 mil habitantes.

Emergió como tema después del terremoto de Haití, bajo el motivo de mostrar que existen en otras partes comunidades que viven en condiciones similares, en una miseria extrema. Batopilas, está además incomunicado telefónicamente. Los servicios satelitales son saboteados.

No es la única parte de México que tiene esas condiciones. Dos reportajes (Grupo Reforma, 1 y 2, febrero 2009), señalaron 54 comunidades de ese tipo, muy localizadas en el sur: Oaxaca, Chiapas, Veracruz, Puebla, y también con menos intensidad en otras partes.

Hay mucho más allá del simple redescubrimiento de estos lugares. Ellos tienen en común miseria enorme, alejamiento y aislamiento. Son comunidades con poca población muy marcadamente indígena, en las que apenas existen servicios públicos y depende su existencia de apoyos externos gubernamentales.

Lo primero que ocurre es una reacción compasiva y comprensible: ayudarles se siente como un deber urgente. Muy bien, es cierto, pero la prudencia aconseja valorar los efectos de la ayuda dada. Lo que se dé de ayuda remediará los problemas inmediatos urgentes, pero no necesariamente los problemas de fondo y largo plazo.

Considere usted esto: las necesidades de servicios de agua, drenaje, medicina y todos esos que consideramos básicos. Establecerlos en esos poblados es enormemente costoso (sobre todo en oportunidad). El mismo hospital sería más provechoso en otros lugares más poblados. Y ya que los recursos son limitados, las decisiones de su uso deben ser juiciosas.

El problema es serio, muy serio. Se trata de una decisión muy difícil entre la ayuda inmediata de cortos efectos y la ayuda con efectos de más largo plazo. No es sencillo decidir. Se requiere una mejor comprensión de las causas, que es lo que a continuación exploro tentativamente.

Una causa muy visible e inmediata de comprender es el conjunto de rasgos de la comunidad. Unos pocos cientos o miles de habitantes en lugares alejados de difícil acceso que encarece la ayuda que pueda darse. Esas mismas personas podrían recibir más y mejor ayuda si vivieran en lugares más accesibles.

Otra causa mucho menos visible es el efecto neto de las ayudas que se dan: mantienen artificialmente un estado de cosas muy lamentable. No remedian la pobreza. Nada más la mantienen sin visos de resolverla elevando ingresos de las personas. Las ayudas dadas no resuelven la situación, la conservan.

Otra causa que pasa casi siempre desapercibida es creer que la pobreza es comunal. No lo es, es personal y tiene su origen en una realidad: la persona pobre lo es porque no tiene capacidad de ofrecer bienes y servicios que sean valorados por otros. Las mismas personas que allí viven podrían elevar quizá sus ingresos de vivir en otras partes, pero sobre todo si tienen la preparación para ser más productivos.

¿Lograrán elevar su productividad permaneciendo allí? No. Necesitan estudiar, capacitarse, entrenarse y en esa comunidad las oportunidades de hacerlo son nulas. Las ayudas que reciban serán un incentivo a permanecer en un lugar sin oportunidades.

Creo que el tema bien vale una segunda opinión. Este caso concreto de comunidades de extrema pobreza merecen un tratamiento más profundo que el usual de pedir ayudas gubernamentales, o donativos particulares. Nuestros sentimientos caritativos motivados por la compasión que despierta esa lastimosa situación de tantos seres humanos, pueden ser nuestros peores consejeros.

Una caridad prudente aconsejaría ir mas allá de las emociones inmediatas, analizando el problema con profundidad. Haití es un buen ejemplo: las ayudas recibidas de todo el mundo resolverán circunstancias inmediatas conmovedoras, pero no atacarán las causas de fondo. Es más, pueden empeorar la situación futura si hacen pensar que para la siguiente tragedia se contará con más ayuda.

Piense usted en esto: África ha recibido en ayuda internacional el equivalente de cinco veces el Plan Marshall. En otras palabras, una caridad sin prudencia es una mala caridad.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.


No hay comentarios en “Pobreza y Mala Caridad”
  1. Miguelib Dijo:

    Di ayuda para la gente de Haití y debo confesar que me alegró sólo en parte el hacerlo, pues creo que estoy haciendo un bien al mismo tiempo que puedo estar fomentando irresponsabilidad.





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