Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Políticos como Malos Poetas
Eduardo García Gaspar
11 febrero 2010
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Existen, al menos, dos patologías que afectan a los gobernantes de nuestros días (y tal vez de todos los tiempos democráticos). A pesar de ser fácilmente observables, no he visto que tales enfermedades sean mencionadas abiertamente, con frecuencia y comprendidas como eso, como trastornos de la salud mental de quienes ocupan puestos públicos.

La primera es la patología del sentimentalismo, un trastorno que está siempre acompañado por la incapacidad de razonar y el olvido de la prudencia. Los políticos de hoy, como escribió Irving Kristol en 1972, son como los malos poetas: están profundamente afectados por la emoción personal pero hacen muy mal su trabajo.

El gobernante de nuestros días se conmueve ante problemas sociales, se indigna ante injusticia, se compromete a remediar problemas, siente como suyos los sufrimientos del pueblo, se preocupa de la realidad. Se emociona, es sensible, se aflige, se entristece, acepta compromisos, se crece ante retos, se enfada, se irrita y se cree el remedio adecuado por su compromiso y deseo de servicio a los demás. En él todo es sentimiento.

Esta pasión y delirio por hacer cosas, le lleva desafortunadamente a creer que todo es posible si se tiene un entusiasmo comprometido y febril con el bien común. El problema de la patología del sentimentalismo es que impide el uso de la razón. El político cree que lo que basta es revelar su emoción y sensibilidad social, como causa suficiente para remediar cualquier problema.

Lo que nos lleva al segundo trastorno, el de la exageración de promesas, es decir, la patología de la fantasía. Para quien tiene una emoción pasional por los intereses del pueblo, nada es imposible. Todo puede ser hecho y debe serlo: bajar impuestos, aumentar gastos, tener programas contra la pobreza, fomentar la construcción, ayudar al campo, tener hospitales, crear empleos, adelgazar a la población… todo sin excepción es posible. Quiere hacer felices a todos.

La consecuencia es una serie de promesas imposibles de realizar y la implantación de acciones de consecuencias negativas que no serán suspendidas a pesar de sus malos resultados. El sentimentalismo lleva a la exageración de promesas, y ellas, combinadas, a la implantación de acciones descabelladas.

La combinación de las dos patologías mentales es una política desordenada, que lleva a la destrucción del país desperdiciando recursos y creando pobreza sobre todo. Es natural: tener a gobernantes enfermos causa males al resto. Un enfermo en un hospital, no causa mayores problemas. Un trastornado en el poder tiene efectos en la vida de millones.

Los dos trastornos son producidos por la exposición a factores de riesgo. El más obvio de ellos es el ansia de poder, la razón de ser del político. Es la causa de su existencia y, si para llegar al poder necesita ser sentimental, lo será en realidad. Será la persona más pasional del mundo. Este sentimentalismo lo produce otro factor de riesgo, el electorado mismo.

Me refiero a los votantes que no sabiendo otra manera de elegir a los gobernantes, optan por votar por aquellos con los que se sienten más identificados, a los que definen como los más sensibles a sus reclamos, los que están afligidos con las injusticias, los que prometen resolverlo todo.

El poder, como factor de riesgo, complica las cosas pues produce un síntoma que acompaña al sentimentalismo y que es la creación de fantasías: mundos irreales en los que todo es posible. Se trata de ignorar la realidad y las limitaciones que ella impone. Para un gobernante sentimental-exagerado nunca hay escasez de recursos a su disposición, jamás. Por eso se embarca en una enorme cantidad de promesas imposibles, porque para él la realidad no existe: lo único real es lo que él siente siendo la encarnación de la voluntad popular

Al final de cuentas, los trastornos de sentimentalismo y exageración, están muy asociados con el fenómeno de ignorar la realidad. Sin saber que ella nos impone limitaciones, el desempeño de un gobernante sentimental-exagerado es menos que mediocre. Es negativa. La realidad se impondrá tarde o temprano, como le sucedió a tantos presidentes mexicanos y a muchos otros.

Sí, es cierto, en diversas intensidades, los gobernantes padecen ese síndrome. Es como permitir que nos opere un optimista al que conmueve nuestra enfermedad, pero que no ha estudiado medicina.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.


No hay comentarios en “Políticos como Malos Poetas”
  1. María Elena Dijo:

    Opino que en el caso de tantos gobernantes en México, no se trata de un síndrome (eso les da cierta calidad de víctimas). Más bien, creo que se trata de una estrategia que les ha funcionado bien. El síndrome lo padecemos, más bien, los votantes.





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