Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ponerlos a Dieta Urgente
Eduardo García Gaspar
2 septiembre 2010
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La vida no es predecible. No puede conocerse el futuro, excepto por unas pocas cosas que son ciertas. Una, eventualmente moriremos. Otra, todo gobierno gastará más de lo que recibe. Es cierto.

Por ejemplo, el gobierno federal de los EEUU. Su déficit calculado para 2011 es de 1.4 billones, más de 100 billones superior a lo calculado en febrero.

No es la excepción, es parte de la regla que se cumple siempre. Lo mismo sucede en México.

Reportes de hace unos días establecen que en los primeros seis meses de este año, el gobierno federal registro un déficit de más de 151 mil millones. Casi 8 mil más de lo que se registró el año anterior. Eso según un reporte del mismo gobierno. En otras palabras, lo que ingresa no alcanza a cubrir lo que egresa.

Y todo a pesar de que en los primeros siete meses del año, la recaudación de impuestos se elevó en 12 por ciento. Es eso que digo: a pesar de que el futuro sea incierto, de que el porvenir sea imposible de prever, hay ciertos sucesos de los que uno puede estar razonablemente seguro. Como un amigo que tengo y que siempre toma Bacardi con Coca-Cola Light… aunque la alternativa sea champaña, nunca cambia.

Los gobiernos, estamos siempre seguros, gastarán más de lo que reciben. Las instancias de lo contrario serán la excepción. Una vez reconocido esta ley de la vida política, la primera reacción es la de entender al gobierno como lo hace otro amigo, el que dice que pagar impuestos es como mantener a un sobrino vividor al que nunca le alcanza el dinero.

Es una manera de explicarlo, pero la mejor manera de hacerlo es usar las pequeñas células grises del cerebro, como decía H. Poirot, y encontrar razones. Debe existir algo en la estructura gubernamental, en la mente de los gobernantes, que explique la existencia de déficits constantes.

Una razón me parece muy clara: no es dinero propiedad del gobernante, es dinero de otros, y con las propiedades de terceros todos tendemos a ser menos cuidadosos que con lo nuestro. Además, es dinero que se recolecta por la fuerza. El que no paga impuestos va a la cárcel. No se tiene que convencer a la gente de pagarlos.

Eso cambia las cosas mucho, realmente mucho. Porque, adicionalmente, parte del dinero recolectado lo gastan los gobernantes en sí mismos. Está en la naturaleza humana que un dinero de terceros se gasta en uno mismo con más liberalidad. Buena prueba de esto son los sueldos de los legisladores que suben continuamente.

Y el remanente, lo que se gasta en bienes públicos y proyectos de gobierno, tiende a ser usado con descuido. No es dinero propio y se usa en cosas que usan otros. A nadie debe sorprender que se gasten con descuido y negligencia, lo que empeora al saberse que ese dinero puede ser aprovechado para comprar lealtades.

A todo lo anterior tenemos que agregar otra razón alucinante: la creación de la idea comúnmente aceptada de que el gasto de gobierno es bueno para la economía. Una idea que, por alocada que sea, es tomada con toda la seriedad posible por demasiados. Aceptarla es como decirle al alcohólico que beber más es bueno para su salud.

Estas, y sin duda otras razones más, han creado una situación grave y que en pocas palabras tiene un nombre: gobiernos en bancarrota. Sí, podemos hablar de déficit gubernamental, o encontrar otra forma menos ruda de calificar a una situación, pero en el fondo es una bancarrota. Una que se presenta con consistencia, como una ley de vida. Algo que es posible predecir con confianza.

Si sabemos la enfermedad y conocemos sus causas, podemos concluir lo que la curará. El remedio es limitar a los gobiernos. Más o menos lo mismo que hace un alcohólico cuando se interna en una clínica para desintoxicarse. Si se le impide beber, al gobierno se le debe impedir gastar más de lo que tiene y eso que tiene debe ser limitado también.

Es como un problema de obesidad. Teniendo gobiernos que son obesos extremos, se les debe poner a dieta. Comer poco, es decir, tener poco dinero para gastar y con escasa discrecionalidad. Por ley debe ser obligados a no tener déficit. Tener en bancarrota a un gobierno es causa de pobreza y subdesarrollo futuros.

Finalmente, cuando veo la bancarrota de los gobiernos, termino por preguntarme cómo es posible que a tantos se les ocurra pensar en la posibilidad de tener más gobierno.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Ponerlos a Dieta Urgente”
  1. Jesus Dijo:

    En efecto tenemos un gobierno Obeso, con una enfermedad de mas de 70 años, y curiosamente los gobiernos locales-municipales-sufren del mismo mal, ¿Quien o quienes seran los medicos que curen este mal?, o tendremos que acostumbrarnos a sobrellevar esta pena. Me comenta un amigo Medico homeopata, el proceso de recuperación o alivio de una enfermedad lleva por lo menos el mismo tiempo que se ha padecido la misma, quizas un poco menos, desde el momento que se empieza a tratar la enfermedad.





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