Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Qué Tanta Intervención?
Leonardo Girondella Mora
18 noviembre 2010
Sección: Sección: Asuntos, SOCIALISMO
Catalogado en:


Si se hiciera una pregunta simple sobre el objetivo de los gobiernos —la razón de su existencia—, quizá se obtengan dos tipos de respuestas con una gradación de intensidades.

  • Las inclinadas a gobiernos grandes, poderosos, que intervienen activamente en la sociedad.
  • Las inclinadas al opuesto de lo anterior —gobiernos menores, con poderes acotados, que intervienen escasamente en la sociedad.

Las dos respuestas poseen en común una función continua: el nivel de intervención de los gobiernos en la sociedad —o mejor dicho, en la vida privada de sus ciudadanos. Contemplar el tema desde este punto de vista arroja luz sobre el tema y permite plantearlo de manera más comprensible.

Comienzo con la pregunta básica: ¿cuál es el nivel adecuado de intervencionismo estatal en la vida de los ciudadanos? La interrogante no tiene sentido a menos que se establezca el objetivo de la intervención estatal, que indudablemente sería el bienestar personal de esos ciudadanos.

Consecuentemente, la respuesta buscada es ahora más específica: el nivel de intervención estatal que logre producir el mayor bienestar personal de las personas bajo su gobierno. Creo que será imposible producir una respuesta detallada —pero sí es posible responder de manera direccional y de intensidad: mucho, algo, poco, nada.

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Antes de poder encontrar una respuesta razonable es necesario encontrar algo en la naturaleza humana —los rasgos de ella que ayuden a encontrar esa respuesta. ¿Cómo es el ser humano y qué gobierno necesita para su felicidad personal.

Uso dos posibles definiciones de la naturaleza humana, extremas para hacer mi punto más claro.

• El ser humano es libre, digno en sí mismo, con habilidades racionales y capaz de ser responsable de las consecuencias de sus acciones —es decir, es un ser que puede actuar seleccionado entre opciones posibles que comprende y persiguen su felicidad.

• El ser humano es lo opuesto de lo anterior —tiene escasa habilidad racional, no comprende su medio ambiente, sus acciones son poco pensadas, no es responsable de lo que hace y desconoce lo que constituye su felicidad.

Si se presupone cierta la hipótesis del ser humano incapaz, resultaría obvia la opción de un gobierno muy interventor que tomara lass decisiones propias de cada individuo. Por ejemplo, bajo esta hipótesis humana, sería recomendable que no existiera la propiedad privada, pues esos recursos serían desaprovechados por causa de la incapacidad humana.

Bajo esta forma de pensar en un ser humano sin capacidades ni habilidades, la forma más recomendable de gobierno sería la de un gobierno altamente intervencionista —¿o no?

Esta tesis sobre el ser humano tiene un problema que no puede ser solucionado: los gobernantes serían iguales al resto de los seres humanos, incapaces, inhábiles y no tendría sentido que por incapaces unos fueran gobernados por otros igualmente incapaces.

Es decir, si se cree en un ser humano débil, que no puede aceptar responsabilidades de sus decisiones de acción, necesariamente se concluye que los gobiernos estarían formados por esos mismos seres incapaces.

La propuesta de un gobierno altamente interventor se caería por tierra, con una posible argumentación en contra: los gobernantes son excepcionales, seres dotados de una inteligencia superior, una casta diferente que tiene la habilidad para guiar al resto a la felicidad que otros han definido. Los regímenes totalitarios se justifican por esto.

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Si se acepta la otra hipótesis sobre el ser humano —la de ser capaz de actuar tomando decisiones—, la justificación del nivel de intervención deja de existir. Se entendería con lógica que ese ser capaz debe ser dejado libre y que es incongruente con la naturaleza humana el tener gobiernos que sustituyan decisiones que pueden ser tomadas por un ser humano capaz.

Lo anterior permite una respuesta direccional: la intervención gubernamental en una sociedad debe inclinarse hacia un nivel bajo, no alto. Todo basado en una idea sobre el ser humano, la de ser capaz, poder pensar, entender la realidad y actuar de acuerdo con su propia idea de felicidad.

Lo que estas consideraciones han aportado es otro elemento adicional: la justificación de un gobierno altamente interventor sólo puede ser la hipótesis de un ser humano incapaz e inhábil que necesita protección y alguien que tome por él decisiones que le lleven a su felicidad.

Si si eso se piensa, la contradicción es insoluble: los gobernantes también serían seres humanos incapaces y inhábiles, que no podrían guiar a otros ni tomar decisiones en su lugar.

Por esto es que puede concluirse que la única posibilidad de justificar a un gobierno interventor es aceptar que existen dos tipos de seres humanos: los iluminados que siendo superiores al resto son capaces de mandar sobre los ignorantes e incapaces.

Sabiendo que la mejor dirección es la de no intervención, la pregunta es qué tan poca debe tenerse —y la respuesta que creo mejor es la de la suficiente como para dejar en igualdad de libertad a los seres humanos.

La suficiente como para que cada uno pueda intentar alcanzar la felicidad definida por sí mismo.

Nota del Editor

Hay más material sobre le tema en ContraPeso.info: Intervencionismo Económico, donde puede ser de interés la idea de Don Lavoie en Democracia Económica.

Otra faceta de los gobiernos salidos de sus límites se encuentra en un nuevo concepto del que hay material en ContraPeso.info: Intervencionismo Moral, donde el concepto es explicado en Intervencionismo Moral.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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