Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Quién Define el Bien?
Leonardo Girondella Mora
10 septiembre 2010
Sección: ETICA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Los que defienden el matrimonio de personas del mismo sexo han tenido un gran mérito —el de abrir el gran punto central de la discusión no sólo sobre sus ideas, sino sobre muchas cosas más.

Una de las defensas de ese tipo de matrimonio —de las varias que se usan — argumenta con una pregunta muy penetrante, la de quién define lo que está bien y lo que está mal. La interrogante es honda en verdad.

Planteando la pregunta sobr el eje de “quién” determina lo bueno y lo malo, la discusión hace surgir las siguientes soluciones posibles:

• Si lo que está bien o mal lo determinan los opositores a esos matrimonios, entonces son ellos los que determinan a la moral —y se trataría por tanto, de una imposición moral, un asunto de poder.

• En cambio, si se admiten esos matrimonios, sus defensores argumentan que no se impone la moral de nadie y, por tanto, dicen ellos, no hay problema de imposición del poder de unos sobre otros.

La solución es falaz en última instancia, porque en realidad se impone la moral de quien piensa que esos matrimonios son buenos —pero no es esto lo importante, sino lo que está detrás de las dos posibles soluciones y que suele pasar inadvertido para demasiados.

La pregunta que sea plantea es el origen de la confusión que lleva a esas dos soluciones anteriores —las dos equivocadas. La interrogación que se plantea es la de quién determina lo que es bueno y lo que es malo y la falla está en el uso de la palabra “quién”. La que debe usarse es otra palabra, “qué”.

Si se pregunta quién regula lo que es bueno y lo que es malo, todas las respuestas posibles contendrán una alusión a personas —todas sin excepción. Se responderá que eso lo decide cada persona según sus valores, o la ONU, o los psiquiatras, o los ministros religiosos, o el Vaticano, o los libros sagrados según las interpretaciones de alguien.

En la pregunta misma está el germen del error en la respuesta. Quien favorece esos matrimonios verá esta cuestión de una manera irremediable —la de un problema de imposición de unos sobre otros. Y dirá que se quiere imponer la moral del Papa, o de quien sea.

Pero los opositores cometerán el mismo error en la otra dirección. Quien se opone a esos matrimonios también verá el conflicto como una imposición —la de, generalmente, el gobierno que emite leyes que legalizan esos matrimonios.

Y así, por plantear una pregunta con la palabra equivocada, la solución del conflicto entre ambas partes se resuelve efectivamente con la imposición de una de las dos partes —cualquiera que sea ella, se trata efectivamente de un problema entendido y comprendido como una imposición, como un duelo de poder entre las partes.

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Llego así al centro de mi tesis —si cambio la palabra “quién” por la palabra “qué”, la pregunta sufre una transformación total en su significado, ¿qué es lo que determina lo que está bien y lo que está mal?

El primer efecto del cambio de palabras es evitar entender esto como un duelo de poderes y una imposición de unos sobre otros —ya no será una persona o grupo de ellas, quienes decidan lo bueno y lo malo para los humanos. Y, además, se eleva la discusión a un nivel más prometedor: el de encontrar algún criterio objetivo ajeno a la voluntad personal y sobre el que se construya la definición de lo bueno y lo malo.

¿Cuál es ese criterio que es independiente de la voluntad humana que determina lo bueno y lo mal?

Lo primero a investigar es si existe en realidad ese criterio externo y objetivo. Si no existe, la respuesta de un bien y un mal objetivos, no existerpia y la única solución posible es ese duelo de poderes. Toda la vida humana se convertiría en un desafío de voluntades y de ejercicio de poder No sería un paisaje tranquilizador ése —en el que la violencia de todos tipos sería la respuesta universal a toda interrogante.

En cambio, si ese criterio externo y objetivo existiera, el mundo tendría un mejor panorama.

Sigue la interrogante, ¿cuál es ese criterio independiente de la voluntad humana sobre el que es posible determinar lo que es bueno y lo que es malo? No pienso que exista otra respuesta que la misma naturaleza humana, eso que las personas son esencialmente. La solución establece que lo bueno será lo congruente con esa naturaleza y lo malo, lo incongruente.

Por supuesto, existen discusiones sobre esa naturaleza, pero el intentar realizarlas elevaría la discusión a un nivel en el que la solución ya no está basada en la violencia ni en el ejercicio del poder —habría un viso de esperanza al encontrar una solución razonada.

Los defensores del matrimonio de personas del mismo sexo en realidad han hecho una buena contribución al usar un argumento en su defensa y que se sustenta en el “quién” impone su código moral —eso ha permitido explorar el beneficio de cambiar la interrogante a “qué” determina lo bueno y lo malo. Es un avance en la dirección adecuada.

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