Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Quién es el Ladrón?
Eduardo García Gaspar
23 abril 2010
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


En pocas palabras, si usted y yo no tenemos propiedades, tampoco tendremos derecho alguno. A lo más que podremos aspirar sin ser propietarios es a suplicar que otro se haga cargo de nuestra vida. Es decir, no puede haber una distinción entre derechos de propiedad y el resto de los derechos.

Si ellos se separan quedaremos al final sin derecho alguno, ni el de propiedad ni el resto. Si no podemos poseer bienes, ningún otro derecho tendremos. Puede esto verse muy bien en la situación de las personas que viven en niveles extremos de pobreza: sin bien alguno poseído, ellas dependen de los demás.

Cuando ninguna persona puede poseer cosa alguna, todos se convierten en pobres extremos dependientes de otros. No es algo vano de recordar. Hace unos días escuché de nuevo esa frase que dice que “la propiedad privada es un robo”. La pronunció como una grave sentencia incuestionable un curioso personaje.

Una de esas personas que ha confundido con sabiduría la posibilidad de recordar innumerables frases ajenas e inconexas que liga en peroratas que impresionan al ingenuo. Y eso dijo, “la propiedad es un robo”. Me hubiera gustado tomar su portafolios y llevármelo, para averiguar qué decía de este robo, porque al final su propiedad del portafolios debía ser, según él, un robo también.

La posición chocante y fatua del personaje contradice la realidad. Es irresistible sujetar un clisé como éste a un examen de mero sentido común.

Supongamos una situación en la que no hay propiedad privada de nada, que es lo que se propone en frases como ésa. Si esto sucede, entonces, se dice, habría propiedad colectiva. Es decir, habría propiedad de todas maneras, colectiva pero propiedad. Es imposible un mundo sin propiedad de ningún tipo.

Entonces, la decisión es la de seleccionar qué tipo de propiedad, colectiva o personal. Para decidir, el asunto debe examinarse en dos planos, el de la naturaleza humana y el de la práctica real.

El plano de la práctica ha sido solucionado con el ejemplo del burro del que todos eran dueños a quien nadie cuidaba ni daba de comer: la propiedad colectiva no produce los incentivos de cuidado que la privada. Poco hay que añadir a esto, excepto por otra consideración también muy pragmática.

Para evitar que exista propiedad privada no hay otra opción que la de tener a un organismo que se encargue de vigilar que no se tenga. Peor aún, ese organismo tendrá que ordenar a cada quien los detalles de su vida, como el ordenarle dónde dormir… porque sin propiedad personal nos la pasaríamos peleando por los mejores sitios para dormir, comer, beber, estar, trabajar. Esos que sólo pueden ser usados por una persona en cada momento.

Es decir, en palabras muy claras, la propiedad colectiva tiene un requisito práctico inevitable, que es la erección de una dictadura que ordene a cada quien lo que debe hacer: qué comer, cuánto; qué vestir; el tamaño de la familia.

En el plano de la naturaleza humana, la propiedad colectiva debe justificar que ninguna persona tiene la dignidad suficiente como para poseer bien alguno. Si nadie es digno, entonces hay una contradicción, tampoco lo sería la autoridad que mandara sobre los demás la propiedad colectiva. Es decir, la propiedad colectiva presupone que hay seres superiores al resto, esos que vigilan que no haya propiedad privada.

Lo que sucede, me parece, es que se ha hecho un mal análisis del problema: queriendo solucionar el problema de la pobreza se quieren tomar medidas en contra de la riqueza. Es como querer curar a las enfermedades evitando la salud en los sanos. No tiene sentido. Si se ataca a la propiedad privada, se ataca también a la propiedad privada posible del que sale de la pobreza.

La naturaleza humana, su dignidad personal y su valor individual, necesitan de la propiedad personal para ejercer libertades. Trate usted de ser libre sin propiedades y verá lo que digo. La propiedad personal no es sólo un derecho, es la base del resto de los derechos. Nadie puede tener libre expresión sin propiedades, ni libertad de creencia sin ellas.

La postura del personaje que dijo que la propiedad es un robo no es sólo débil e imposible, sino arrogante y altanera. Una combinación muy propia de esas personas a las que fascinan las más estultas ideas, las que repiten creyendo ser profundos pensadores cuando son meros pericos que no alcanzan a medir las consecuencias de lo que dicen.

Roban ideas superficiales creyendo ser profundos e ilustrados, causando lo mismo que pretenden querer corregir. En fin, otro caso de un clisé que resulta irresistible analizar y cuya justificación más sólida es la de haber sido repetido por años.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras