Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Redistribuir la Pobreza
Leonardo Girondella Mora
6 abril 2010
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Quiero mostrar un ejemplo de un caso que traté no ha mucho tiempo —el de la hipótesis inconsciente: una creencia oculta en algo escrito y que se toma como cierto sin que necesariamente lo sea.

Este es otro caso de un comentario en el campo político-económico que contiene esa hipótesis tomada como cierta de manera gratuita. El 31 de marzo pasado, el boletín de noticias de El Financiero, en México, contenía un comentario sobre la reconstrucción de Haití posterior al sismo que tanto afectó a ese país.

El comentario está contenido en dos partes básicas —la primera es una muy larga frase:

“Hoy iniciará en Naciones Unidas la conferencia internacional para la reconstrucción de Haití, encuentro que cifra sus esperanzas -como apunta Ban Ki-moon, secretario general del organismo mundial, en un artículo para EL FINANCIERO- en el alumbramiento virtual de un nuevo país, que supere su atraso y desigualdad atávica para avanzar hacia un sistema democrático y descentralizado, que distribuya de manera equitativa la riqueza y logre, en ese marco, estabilizar a una sociedad hambrienta de cambio que comienza, de cero, otra etapa de su historia tras el terremoto del 12 de enero que mató a más de 200 mil personas”.

Inicia, pues, ese día una conferencia de la ONU. Su objetivo es la reconstrucción de Haití. El Secretario General de la ONU, se dice, ha establecido bases para esa reconstrucción: algo como un renacimiento de la nación.

El nuevo Haití deberá superar su retraso y la desigualdad que es tradicional allí —nada que no se haya escuchado antes y que es cierto. Haití como otros países sufre de falta de prosperidad, una posibilidad real que ha sucedido en otras partes.

Lo interesante es el detalle siguiente —Haití, para prosperar, según la ONU, deberá tener un sistema político democrático y descentralizado que distribuya con equidad la riqueza. Una observación interesante porque supone que en Haití hay riqueza que repartir y nada dice de la posibilidad de crearla. Es la hipótesis inconsciente de la existencia de riqueza gratuita y que todo lo que debe hacerse es distribuirla.

Esa distribución de la riqueza que no existe, toma una forma usual y acostumbrada —la de la ayuda internacional. El mismo comentario continúa en su segunda parte:

“El reto es gigantesco: la ONU calcula en 11 mil 500 millones de dólares el costo de la reconstrucción a largo plazo, cifra que equivale a 120 por ciento del PIB haitiano. Urge que la solidaridad con la nación hermana, aun en la etapa actual de dificultades económicas, se traduzca en acciones concretas”.

El planteamiento del problema de Haití es pésimo —intelectualmente impedido porque ignora la causa central de la tragedia y que es interna no externa: el sismo sólo la amplificó e hizo digna de la atención mundial. La ayuda internacional resulta así una caridad poco inteligente y sólo buena en el sentido de la atención a las víctimas.

Pero el problema de Haití no se resuelve con eso del “alumbramiento virtual de un nuevo país, que supere su atraso y desigualdad atávica para avanzar hacia un sistema democrático y descentralizado, que distribuya de manera equitativa la riqueza…”

Son palabras demasiado vagas que no comprenden el problema de la pobreza —Haití, por razones internas, ha sido incapaz de crear riqueza: sus habitantes, por causas endógenas, no producen bienes ni servicios atractivos a otros. Y eso se remedia por medio del establecimiento de un estado de derecho que libere el talento y la iniciativa de sus habitantes haciendo atractiva la inversión extranjera que lleve capital al país. La solución está en conocer las causas de la pobreza.

Eso es lo que crea riqueza —la libertad dentro de un sistema de orden y respeto— y lo de un sistema de distribuir la riqueza es lo opuesto a lo que debe ser. Ese sistema distributivo daría más poder a un gobierno corrupto y desorientado que haría la redistribución de acuerdo con su conveniencia, en beneficio propio y de sus favoritos.

En este caso, la hipótesis inconsciente es de Ban Ki-moon, la cabeza de la ONU —cree que el problema es uno de distribución de riqueza y actúa en consecuencia sin poner en tela de juicio el punto del que parte. Por eso habla de partir de cero imponiendo un sistema concebido bajo una hipótesis de la que no se da cuenta.

Si se hace lo que él propone, lo único que podrá redistribuirse será, otra vez, la pobreza del país —la misma historia anterior. Otra instancia más que muestra a la ONU como lo que es, un club de protección de poderes ejecutivos creadores incansables de lo políticamente correcto y atrozmente erróneo.


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