Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Refranes Como Salvación
Eduardo García Gaspar
26 noviembre 2010
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión, Y FABULAS E HISTORIAS
Catalogado en:


La abuela había mandado al nieto a estudiar a la gran ciudad. Durante los estudios mantuvieron contacto por medio de cartas y llamadas.

En el pueblo, la abuela hablaba continuamente y con orgullo de que su nieto sería doctor. Pasó el tiempo.

Y un día, llamó el nieto. Había terminado sus estudios, dijo a la abuela, y regresaría al pueblo en un par de días. Fue el tiempo suficiente como para que la abuela se hiciera responsable de comunicar a todos la hazaña de su consentido.

Por supuesto, al menos medio pueblo se encontraba en la estación de tren el día del arribo.

Bajó el tren y una vez reconocido, se oyeron gritos de aclamación. Abrazó a la abuela y fueron todos a la vieja casona, donde se sirvió abundante comida y bebida. En medio de todo el alboroto, la abuela pudo tomar al nieto y llevarlo al jardín, para un rato de soledad ellos dos.

La abuela le preguntó por sus estudios y él efectivamente le confirmó que obtuvo el título de doctor. “Doctor en Filosofía”, añadió el joven mirando a la abuela a los ojos.

La abuela no pudo contener las lágrimas de una emoción enorme. “Y dime, mi niño”, dijo la abuela, “buenas especializaciones hay hoy, dime, ¿qué tipo de enfermedad es la filosofía, muy contagiosa?”

La historia es más o menos conocida en versiones distintas, pero todas ellas capitalizan la ignorancia al respecto de lo que es eso que se llama filosofía.

Quizá la noción más popular es la contenida en la frase “tomar las cosas con filosofía”. Las connotaciones son varias: pensarlo bien, aceptar con resignación, ver los diferentes lados de las cosas, no tener reacciones vehementes.

Hay algo promisorio en tales ideas, que contienen un común denominador más o menos claro: la posibilidad de pensar en abstracto. La clave está en esa palabra “abstracto”. Podemos pensar, por ejemplo, en realidades como la de un par de legisladores mexicanos insultando hace poco a un secretario de gobierno en México.

Podemos pensar en los hechos. Esos dos legisladores del Partido del Trabajo le gritaron al ministro, que era un asesino, que no tenía rasgos humanos, que era un borracho y un usurpador. Pensamos en esto o en otras cosas tangibles, las podemos narrar e imaginar.. Las podemos describir.

Pero podemos ir un paso más allá, al terreno de lo abstracto y lo hacemos con frecuencia al evaluar lo que vemos. Podemos, por ejemplo, considerar que esa conducta de los legisladores es de vergüenza y reprobable.

Lo podemos hacer porque tenemos criterios que no son tangibles. No los podemos ver, solamente los podemos imaginar con el pensamiento.

Es decir, tenemos ideas que son imposibles de detectar por medio de nuestros sentidos. Todas esas ideas son filosofía. Quizá sea filosofía primitiva, pero lo es y mucha de ella se encuentra en algunos refranes populares, de esos a los que Sancho Panza era tan aficionado.

“Bien predica quien bien vive”, dijo Sancho, como también, “Cada oveja con su pareja”. Son producto de observaciones y conclusiones, como “donde una puerta se cierra, otra se abre” y “donde las dan las toman”.

Las cosas pueden complicarse partiendo de “a caballo regalado no se le ven los dientes” hasta llegar a lo de “Pienso, luego existo” y más allá de eso. Pero en el fondo, es lo mismo: una disciplina del pensar con sentido común. Filosofía es tener ideas.

El tema, como todos los que no suelen llamar la atención de la mayoría, es de extrema importancia. Lo es por una razón: somos una especie cuya principal característica es poder pensar en abstracto, tener ideas que no pueden tocarse, ni verse, ni ser sujetas de un análisis en un laboratorio.

Son las ideas que tenemos lo que guía nuestros actos.

Todo lo anterior me lleva al punto que bien creo merece una segunda opinión: no lo sé con certeza razonable, pero tengo la impresión que hemos perdido buena parte de esa facultad para hacer filosofía y pensar en abstracto. Hay evidencia de esto en pruebas escolares y la escasa venta de libros.

Tal vez se ha perdido la afición por discutir de ideas por causa del coronamiento de actitudes extremas de tolerancia que hacen de lo políticamente correcto un hábito que considera de buena educación no hablar de lo que realmente importa.

Al menos nos quedan los refranes, que pueden ser un buen reinicio de la afición para pensar con sentido común.

Post Scriptum

Una buena cantidad de mis columnas usan historias para ilustrar sus puntos. La colección se encuentra en ContraPeso.info: Fábulas e Historias. El Cordero Que Razonaba es un buen ejemplo.

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