Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Renunciando a las Alturas
Leonardo Girondella Mora
14 abril 2010
Sección: FAMOSOS, Sección: Análisis, SEXUALIDAD
Catalogado en:


Las páginas de espectáculos y los programas de escándalos artísticos en ocasiones aisladas son interesantes —como las que presentaron hace poco situaciones:• Tiger Woods, un golfista, infiel repetidamente en su matrimonio.

• Ricky Martin, un cantante, reconociendo públicamente su homosexualidad.

• Anna Paquin, una actriz, se declara públicamente bisexual.

Los tres casos, y otros similares, han dado motivo a diferentes comentarios que intentan legitimar esas conductas —y son esos comentarios los que sí interesan más allá de los eventos reportados. Esto es lo que exploro.

El comentario del acomodo —que dice que “las personas debemos acostumbrarnos a ese tipo de conductas de personas con vidas sexuales distintas a las tradicionales”.

El comentario pide cambiar la forma de pensar —lo que antes era visto como reprobable debe ser motivo de aprobación. Se llama a una nueva ética, y lo hace de manera primitiva, con sólo una petición de cambio de normas. Si va a reclamarse ese acomodo, lo menos que podría solicitarse es una explicación —incluso podría reducirse al absurdo: también debería haber acomodo a la corrupción y el abuso sexual a menores, si es que hay que acostumbrarse a cosas nuevas.

El comentario de la hipocresía —también común, consiste en contrastar que muchas personas que reprueban una conducta mala ellas mismas la realizan.

El comentario es aún más pueril. Solicita que se mezclen dos planos distintos, el del ser y el del deber ser. Si existe una norma como la de ser fiel en el matrimonio, ella es un deber ser y su validez se mantiene a pesar de que en la realidad se tengan muchos casos de infidelidad. También, puede ser reducido al absurdo: si se reprueba moralmente a la corrupción y al mismo tiempo la corrupción es numerosa, tendría que concluirse que la corrupción deberá ser aprobada moralmente.

El comentario de la honestidad —otro frecuente, trata de pasar por aceptable e incluso admirable que el autor de la falta la reconozca públicamente, exaltando la franqueza con la que la persona acepta haber cometido esa falta y sobre ello sugerir que esas malas conductas ya no lo sean.

Es un comentario curioso porque se basa en la franqueza de confesar una falta —el reconocimiento de esa franqueza meritoria es prueba de que en el fondo la conducta se considera indeseable. De lo contrario no se alabaría la confesión. También este comentario puede reducirse al absurdo: el asesino que se confiesa autor del crimen sería alabado por su honestidad y eso sería una base para que el asesinato ya no se considerase tan indeseable.

El comentario de la naturaleza —también muy repetido, consiste en reconocer que las personas tienen instintos sexuales imposibles de ignorar, a tal punto que no hay más remedio que aceptarlos, incluyendo las conductas que ellos producen.

La base es biológica: por razones evolutivas, se dice, la especie humana tiene instintos que la llevan sin remedio a la promiscuidad sexual. No hay otra salida que permitirlos sin que sean considerados como reprobables. La base del comentario es más compleja —se refiere al entendimiento de la naturaleza humana y la trato al final por su importancia.

Es posible también reducirlo al absurdo —si los instintos sexuales deben ser permitidos como legítimos, también lo deben ser los demás instintos animales de las personas y aceptar moralmente a la glotonería, por ejemplo.

El comentario de la tolerancia —muy mencionado y que apela a la pasividad frente a conductas sexuales que son distintas a las tradicionales. La base del argumento es uno de no-interferencia, pidiendo que esos actos sean dejados libres.

El comentario es primitivo y débil, ya que todo lo que pide es dejar hacer a los demás sin interferir con ellos. Podría reducirse al absurdo diciendo que si la tolerancia es el máximo valor, entonces también debían tolerarse otras conductas reprobables, como la corrupción y el robo.

El comentario de la represión —también muy usado y que entiende que si se reprimen esas conductas sexuales no tradicionales, eso es un acto indebido que incluso puede causar patologías mentales. Tiene gran similitud con el comentario biológico.

El comentario de la modernización —tan repetido como débil. Es un reclamo que llama a ya no llamar indeseable ni escandalosa a la conducta sexual desviada de las normas tradicionales, que ahora deben ser modernas y acomodadas a la actualidad. Sin justificar ese reclamo es imposible siquiera criticarlo.

Puede ser reducido al absurdo, diciendo que todo lo moderno debe ser aprobado por definición y sin excepción, lo que llevaría a situaciones ridículas.

De todos los anteriores comentarios justificatorios de las conductas ilustradas en esos sucesos de celebridades, sólo hay uno de fondo y que sí merece atención, el de la redefinición de la naturaleza humana.

Se trata, con ese comentario, de validar una naturaleza humana distinta a la tradicional.

• La naturaleza humana ha sido comprendida como la de un ser especial que combina elementos de animales con rasgos propios y que nadie más tiene en este mundo: razón, inteligencia, libertad, capacidad de reconocerse y entender el concepto de deber ser —lo que combinado hace ver metas altas humanas, mucho más allá de su animalidad. Una naturaleza que comprende y se guía por el deber ser.

• La redefinición que se pide con el comentario biológico es una que Samuel Gregg ha expresado de manera magistral: “La idea de que el hombre no es nada más que un conglomerado de pasiones y que la realización humana consiste en meramente satisfacer tantas de esas pasiones como sea posible en el más breve tiempo”. Es una naturaleza humana que desconoce el deber ser.

Finalmente, reprobar conductas escandalosas e indeseables, como las de esas celebridades, tiene una base profunda —trata de evitar que la definición del ser humano sea rebajada y llevada a un nivel vulgar, carente de ambiciones altas. Es una lucha en contra de hacer del ser humano algo insignificante y desdeñable, que se satisface sólo en lo baladí, temporal e insustancial.

Es un esfuerzo que vale mucho por lo que está en juego, nuestro propio entendimiento.

Post Scriptum

Escuché a una persona partidaria de la redefinición de la reducción de estándares de la naturaleza humana citar a B. Russell —quien dijo que “Las personas consideradas como ejemplos morales son las que desprecian los placeres normales y sólo encuentran satisfacción interfiriendo en los placeres de los otros“.

Bonita frase, pero inexacta. La dualidad es falsa: no hay desprecio de los placeres normales sino preocupación por los gozos mayores, los que respetan la dignidad humana. Y, si hay desprecio, lo hay por los placeres que no son normales: esos que reemplazan a los gozos mayores.

La cita está en Gregg, S. (2003). On Ordered Liberty: A Treatise on the Free Society (Religion, Politics, and Society in the New Millennium). Lexington Books, p. 117.


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No hay comentarios en “Renunciando a las Alturas”
  1. droctavio Dijo:

    Creo que es correcto el punto final de la columna y es la definición de ser humano que se quiera tener, la del que tiene altas expectativas o la del que se rinde ante los instintos.





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