Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Resuelva Sus Dudas Políticas
Eduardo García Gaspar
15 septiembre 2010
Sección: LEYES, POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Empecemos con un reto, si lo acepta. Trate de pensar en una ley cualquiera que no esté sustentada en una idea moral. No creo que encuentre ninguna. Toda ley supone la existencia de un juicio previo que distingue entre lo bueno y lo malo.

Ahora viene lo interesante. Si toda ley tiene un sustento moral que distingue entre lo bueno y lo malo, el punto es considerar que el concepto moral del que parte la ley puede ser erróneo o falso. Si lo es, entonces la ley es mala y debería anularse. Incluso no habría obligación de obedecerla.

Por eso, exactamente por eso, un real examen de la ley incluye la valuación del principio moral del que parte. En un ejemplo claro, las leyes que prohiben y castigan el asesinato no pueden justificarse a sí mismas. Asesinar no es malo porque lo establece la ley. Asesinar es malo porque existe una idea moral anterior y superior, la de que la vida humana es valiosa en sí misma.

Esa es la idea moral que vale y que sustenta a la ley. Vayamos al caso contrario. El de una ley que censure la información obligando a que los medios obtengan antes de su publicación un sello de aprobación gubernamental. Esta ley tiene también un fundamento moral, el de que es mala la libertad humana para difundir las ideas que crea su razón.

Los dos ejemplos muestran dos leyes, cada una con un sustento moral previo a ellas. En un caso, el sustento moral es verdadero, en el otro es falso. De aquí que examinar las leyes necesite examinar también sus fundamentos morales. No hay escapatoria posible. Esto es lo que hace a la política realmente fascinante.

Es posible concluir sin remedio que la política tiene un origen moral y ético. Si usted quiere saber de política en serio no hay salida, va a tener que hacer consideraciones morales y hablar de reglas y virtudes, de lo bueno y de lo malo. Esto, que es obvio, resultará odioso a muchos, los que pretenden que el gobierno puede definir a la moral por medio de leyes.

Esto es muy positivo, porque eleva la discusión sobre la bondad de las leyes y su validez moral. Tome usted, por ejemplo, una ley que dicta que los impuestos son una herramienta distributiva de ingresos. Ahora es posible examinar esa ley de una manera más completa, discutiendo si es moral o no que propiedades de unos sean enajenadas por la autoridad para ser otorgadas a otros.

La discusión se facilita mucho más. Igualmente, vea usted una ley que permite el aborto por decisión libre de la mujer antes de las catorce semanas. Ahora se hace posible plantear si es moral o no quitar la vida a un ser humano. Las discusiones se facilitan porque se concentran en el punto central y no en detalles.

Y ahora viene otro punto, el mayor de todos. ¿Cómo saber si algo es moral o no? Por principio de cuentas, lo que sea que determine a lo moral no puede ser cambiante. Debe ser fijo, pues de lo contrario tendríamos un efecto indeseable: dos leyes contradictorias entre sí serían válidas las dos. Mucho me temo que no quede otro remedio que tomar al ser humano y considerar a su naturaleza como el criterio moral.

Lo que es congruente con esa naturaleza es moralmente bueno y lo opuesto, lo que es contrario a esa naturaleza es moralmente malo. Este paso ayuda mucho porque concentra la discusión política a un terreno, el de la naturaleza humana y cómo ella se entienda. Es decir, el estudio adecuado de la política, al final de cuentas, es un estudio de la naturaleza humana y no hay manera de escapar a esto.

En otras palabras, mucho más llanas, usted puede arrojar luz sobre sus ideas políticas contestando una pregunta, la de qué piensa usted de sí mismo: qué tipo de ser es en su esencia misma común al resto de las personas. Dependiendo de la respuesta que usted dé será el sistema político que usted crea más conveniente.

Doy un ejemplo de posible respuesta, la mía. Creo sinceramente que las personas somos seres libres, racionales, con capacidad de decidir y de actuar, incluso en contra de nuestros propios intereses sin quererlo o intencionalmente. Que todos somos iguales, creados por Dios, en esa esencia, pero que poseemos diferencias no esenciales en lo físico, en habilidades y gustos, las que nos hacen complementarios.

Esto me manda a hacer mucho más deseable un tipo de gobierno sobre otro.

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