Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Rousseff Sigue la Línea
Eduardo García Gaspar
4 noviembre 2010
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Pudo haber sido un arranque emocional por su triunfo. Me refiero a lo que llevó a Dilma Rousseff a decir que: “no podemos descansar mientras haya brasileños con hambre”.

Habló de su “compromiso para la erradicación de la miseria y la creación de oportunidades”. Estaba emocionada, en buena parte por el apoyo dado por Lula (algo que es ilegal en México).

La presidente de Brasil, en fin, parece que seguirá las políticas de su antecesor y, mejor aún, las del previo a éste.

Con antecedentes guerrilleros y habiendo estado en la cárcel, Dila Rousseff ocupará un puesto vital en ese país, el que tiene un registro reciente exitoso: más de 20 millones han dejado de ser pobres y unos 30 son ya clase media. No está mal.

Pero Rousseff, como todo político, habla de más y se asigna responsabilidades que son demasiado grandes para cualquier ser humano. Recuerda la frase que dice que el problema de los gobiernos es que ninguna persona está preparada para gobernar, ninguna.

No es privativo de ella. Es más una regla general, o mejor dicho, un vicio, el de la soberbia. ¿Acabará ella con la miseria, como dijo? No, en realidad no puede. Ningún gobierno lo puede hacer, al menos de manera directa. Tiene influencia y mucha, pero de formas indirectas.

Me explico. La miseria la combate la gente misma, que es la que crea riqueza para ella y para otros. A todo lo que los gobiernos pueden aspirar es a facilitar las condiciones bajo las que otros crean esa riqueza. Los gobiernos son en realidad facilitadores de condiciones y nada más que eso.

No es un desprecio a los gobiernos. Lejos de eso. Pero sí es una precisión que bien vale una segunda opinión para que no se coloquen medallas aquellos que no las merecen. Dije que vale una segunda opinión el tema porque si los gobiernos pueden facilitar la creación de riqueza, también pueden obstaculizarla.

Un vecino de Brasil es una gran muestra de esa otra posibilidad, la de obstaculizar la creación de riqueza que la gente puede hacer. En Venezuela, también un gobernante se ha echado a cuestas la responsabilidad de reducir la pobreza, que es la misma carga que Roussef se ha comprometido a realizar. Ponga atención en eso, es la misma promesa.

La misma promesa y que necesita la misma soberbia, la del que cree que sabe lo suficiente como para decretar lo que hay que hacer, en detalle, para que usted y yo seamos felices. Esto es lo que hace a las cosas realmente interesantes, porque la promesa hecha resulta pura palabrería.

Lo que importa es, al final de cuentas, lo que el gobernante piensa hacer para lograr su promesa. Tiene dos opciones grandes, con variaciones: una es la de tomar medidas con buenas intenciones pero que obstaculizan la creación de la riqueza. Es el caso de Chávez, de Correa, de los Castro y de muchos más, incluyendo a México (que es más bien una economía frenada que una obstaculizada)

La otra opción es menos probable, porque requiere humildad, es decir, lo opuesto a la soberbia. En esta segunda opción, los gobernantes facilitan que otros creen esa riqueza porque, por diseño, ningún gobierno puede crearla. Ninguno. No es ésa su función.

Los gobiernos, por diseño, tienen una gran responsabilidad, que es la de crear y mantener condiciones y circunstancias de tal estabilidad que sean incentivos para que los ciudadanos trabajen y se esfuercen pensando que existe una razonable confianza de que en el futuro, así sea lejano, disfrutarán de lo que han sembrado.

Rousseff no es la excepción a la regla de la soberbia del gobernante, la de adjudicarse responsabilidades que no son propiamente suyas, ni lo pueden ser. Lo que la diferencia es algo menos obvio y es que ella estará haciendo al menos parcialmente eso que sí combate a la pobreza, que es facilitar que lo hagan quienes sí pueden hacerlo.

Y es que al final de cuentas, no hay gobernante que no quiera hacer el bien del país que gobierna, al menos eso dirá una y otra vez. Pero el asunto no es uno de buenas intenciones, sino el de hacer lo que en realidad debe hacerse para lograr bienestar, que es lo de dejar que otros tengan la suficiente confianza como para trabajar con metas de largo plazo.

Rousseff siguió la misma línea de todo gobernante soberbio, lo que la distingue es que parece que también sigue la otra línea, que en alguna dosis puede ampliar, la de dejar que los que trabajan lo hagan sin temores.

Post Scriptum

La noción de economías frenadas es tratad en varias columnas que pueden seleccionarse en ContraPeso.info: Economías Frenadas. La explicación ordenada de esta noción está aquí.

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