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Salarios Dignos, Sin Vacíos
Selección de ContraPeso.info
1 julio 2010
Sección: DERECHOS, Sección: AmaYi
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El gran tema de la idea de Schmiesing es el de la determinación de los salarios, el precio del trabajo humano. Lo que el autor hace, como mención general, es reconocer que se trata de un tema complejo: debe reconocer la realidad evitando trabajar en el vacío teórico, pero eso no deja de lado a las obligaciones personales, sean de justicia o de caridad.

La idea fue encontrada en la obra de Schmiesing, Kevin E (2004). WITHIN THE MARKET STRIFE : AMERICAN CATHOLIC ECONOMIC THOUGHT FROM RERUM NOVARUM TO VATICAN II. Lanham, Md. Lexington Books, pp 37-39. El libro es en extremo interesante por dedicarse a examinar el pensamiento de una de las instituciones que más ha tratado este tema.

El tema del salario justo ha sido y es sujeto de discusiones de economistas y moralistas.

La Iglesia Católica lo ha tratado ampliamente desde finales del siglo 19 en las encíclicas, y mucho antes por parte de moralistas.

En lo general dentro de los círculos católicos se reconoce que existe una obligación moral, la que obliga al empleador a pagar salarios dignos (living wages), lo que ha sido tratado de diversas maneras desde el siglo 16 con santo Tomás de Aquino [véase, por ejemplo, las opiniones de los Escolásticos Tardíos].

La clave del tema, desde el inicio de las reflexiones al respecto, ha sido un reto para los estudiosos del tema.

Por un lado está la cuestión de cómo determinar el monto que debe tener un salario justo.

Por el otro, está el tema de cómo balancear dos realidades: la del derecho del trabajador a una vida digna y la de la viabilidad de los niveles de salario.

Esta es la gran idea que Schmiesing señala.

Es la de considerar no sólo una de las partes, sino las dos. Dice el autor que los asuntos morales y los económicos están entrelazados. No pueden tratarse de manera independiente.

Si los salarios son determinados con apego estricto a las leyes de mercado por medio de la oferta y demanda de trabajo, entonces hay poco espacio para consideraciones morales.

Si por el contrario, los salarios pudieran ser alterados de acuerdo con la sola voluntad del empleador, entonces no habría espacio para las consideraciones económicas.

Ninguna de esas dos posibilidades extremas es posible. La mención de que en la realidad ambas consideraciones están inevitablemente entretejidas aporta un punto de vista mejor y más sólido, que evita propuestas que sólo consideran una de esas consideraciones.

Una de las partes del debate sobre el tema explora si el pago de un salario justo es un asunto de justicia o es uno de caridad.

Dentro del catolicismo, como lo menciona el autor, existen ambas posiciones las que surgen de interpretaciones distintas de la Rerum Novarum, donde se dice que “el salario no debe ser en manera alguna insuficiente para alimentar a un obrero frugal y morigerado [de buenas costumbres]”.

El punto es si eso es una obligación de justicia y solucionar el asunto de la conmutativa que pide igualdad en el intercambio de bienes: si un trabajador realiza un trabajo de mayor valor que el de otro, ¿puede en justicia reclamarse un pago igual a los dos?

La noción de un salario familiar suficiente para el sostén de una familia no caería bajo la justicia conmutativa. Podría existir esa obligación como caridad, pero no como justicia.

Schmiesing añade otra pieza de información a la anterior. Al tratar este tema, el del precio del trabajo humano, deben considerarse aspectos económicos y morales, pero también debe considerarse otra cosa: no es un tema simple como suele ser tratado.

Un posible resumen del tema, de acuerdo con estas ideas católicas es aceptar que sí existe una obligación en justicia de pagar un salario digno y en ocasiones la obligación por caridad de pagar un salario familiar.

Hasta aquí la posición moral es clara, pero a ella se añade otra cosa. La realidad económica debe ser tenida en cuenta para no caer en el caso de cerrar una empresa que no puede cumplir con las obligaciones anteriores.

Es decir, la realidad marca las posibilidades del cumplimiento de las obligaciones. Quizá sea posible traducir esta idea a una general de prudencia, es decir, de cuidar que el cumplimiento de obligaciones de justicia y caridad no produzca una situación pero a la que se trata de resolver.

Sería absurdo que si una empresa no pudiese cubrir salarios considerados dignos, ella tuviese que cerrar causando el desempleo de sus trabajadores.

Lo que estas consideraciones dejan ver es un panorama en el que no son admisibles las posiciones simples, definidas éstas como las que hacen de lado la dualidad del tema.

Quien, por ejemplo, propone que por decreto se obligue a los empresarios a pagar salarios considerados dignos según alguna definición y no atiende a las consecuencias económicas de su demanda, comete un error de imprudencia.

Y quien por el otro lado, se atiene a seguir los resultados de un análisis estrictamente económico, comete un error serio de justicia o caridad.

Entre las dos posiciones deberá encontrarse un balance satisfactorio del que es responsable no la autoridad con leyes universales, sino los acuerdos a los que pueden llegar trabajadores y empresarios en lo personal y sin interferencia externa.

Si bien las consecuencias de la realidad económica aplican a todos, las responsabilidades de justicia y caridad son una cuestión personal e individual.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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