Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
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Eduardo García Gaspar
2 junio 2010
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
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Como en la mayoría de los casos similares, la palabra se pone de moda: todos la mencionan, nadie la entiende. O casi nadie. Un ejemplo de esa moda es la globalización. Una palabra inflada que ha perdido sentido.

En la esfera económica, la globalización no es nada más allá que libertad humana. Libertad para comerciar entre personas de distintos países. Eso es todo. Significa que ningún burócrata me impida comprar un queso francés, ni unos salmones chilenos. Poner trabas a esto es un pasatiempo favorito del burócrata, para lo que se han inventado las más alocadas teorías, como en la Unión Europea.

En la esfera política, es decir, la de los regímenes de gobierno, la globalización sigue la misma dirección, la de libertades humanas. Obviamente se trata de sistemas de gobiernos limitados, con frenos al abuso del poder… lo que no agrada a quienes tienen el poder en países donde los cambios de gobierno no son pacíficos. Estos países suelen ser aislados del exterior por sus gobierno, como Cuba, Corea del Norte, Venezuela.

La más fascinante de las esferas de la globalización es la cultural, que es el contacto cercano entre personas que tienen diferentes creencias básicas. Es un asunto de heterogeneidad. Una persona en el país A puede importar un producto del país B y todo lo que se necesita son contactos comerciales. Pero las cosas cambian cuando las personas de esos países viven en un mismo lugar.

Las cosas cambian en montos diferentes. Si un mexicano vive en Colombia, o un colombiano en Perú, o un Canadiense en EEUU, o un italiano en España, podemos anticipar que a pesar de diferentes idiomas, expresiones, palabras, comidas y algunas costumbres, no hay probabilidades grandes de controversias culturales. El mexicano se lamentará de que en España no hay picantes y de eso no pasa.

Pero esos contrastes culturales serán mayores e incluso enormes, cuando personas que vivan en el mismo lugar provengan no de diversos países, sino de culturas distintas. Por cultura entiendo aquí formas de pensar que son básicas: creencias profundas y arraigadas que explican la vida y dan sentido a la existencia misma.

Uso un ejemplo muy mencionado. La persona que tiene la cultura en la que la libertad es una creencia enraizada y la persona para la que la libertad no es una prioridad. O bien la persona para la que un gobierno debe respetar libertades de creencia y expresión, y la persona para la que es normal que un gobierno imponga creencias religiosas y censure puntos de vista opuestos.

Más aún, hay posibilidades de que en una cultura se sostenga como un valor muy alto el imponer las ideas propias en los demás, mientras que en otra cultura se tenga como gran valor la libertad de creencia. Me parece obvio que los grandes problemas de la globalización son problemas culturales de convivencia creados por la emigración que ella supone.

¿Cómo resolver esto? No tengo idea, pero se me ocurre un experimento imposible: dejar la emigración mundial sin restricción alguna y medir los movimientos de las personas. Aquellas culturas hacia las que emigren más personas serán las más preferidas y viceversa, lo que mostrará un indicio de las creencias más comunes… quizá Cuba se quede muy sola y Canadá se llene.

El anterior es un enfoque cuantitativo, mediante un experimento (del que se pueden tener indicios en las emigraciones reales, a pesar de limitaciones gubernamentales). Pero hay un enfoque más profundo, el de la propia naturaleza humana y sus rasgos fundamentales: valores humanos esenciales. Las culturas más acordes con ellos serían las más apropiadas.

La globalización quizá pueda ser vista como una escalera con tres escalones en una escala logarítmica.

La globalización económica es un paso relativamente sencillo al ser nada más que un retiro de bloqueos artificiales de movimientos de mercancías.

Mucho más compleja es la consecuencia política de la globalización, la que pide gobiernos que puedan ser cambiados pacíficamente.

La globalización en el tercer escalón es mucho más difícil porque es un asunto de creencias profundas muy valoradas por las personas y usadas por ellas como rasgos de identificación personal. Incluso dentro de una misma cultura estas creencias suelen producir controversias duras.

Post Scriptum

La idea de M. Novak sobre la globalización usa las mismas esferas que he aprovechado aquí y es una lectura útil.

Señalo que la globalización puede ser mejor comprendida si se pone atención en su opuesto, que sería un mundo en el que cada país existe aislado del resto, con fronteras que impiden la transmisión de mercancías, personas e ideas. En cada país se viviría sin contacto alguno con el resto. Esta situación es imposible. Toda “muralla” gubernamental es porosa en cierto monto, lo que apunta a un rasgo humano esencial, la de ser sociable y tener tratos con todos, estén donde estén. Es decir, la globalización es el estado natural de la humanidad.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




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