Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sí, Según Ellos Somos Idiotas
Eduardo García Gaspar
31 mayo 2010
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


El mecanismo es un clásico de la intervención gubernamental en la vida de las personas. Se repite una y otra vez. En todas partes sin excepción. Y muestra la terrible adicción del gobernante al control. Controlar a los demás es la droga del político.

Hace unos días, en México, el gobierno presentó reglas para aplicarse a la comida que se ofrece en las escuelas. La meta es combatir el exceso de peso en los alumnos. ¿Malo intentar eso? Por supuesto que no. Sobre el objetivo nada malo puede decirse. Lo terrible está en el cómo lograrlo.

En este caso, como en otros muchos, se implanta un mecanismo de intervención gubernamental, cuya esencia es la prohibición. En este caso, la regla es prohibir alimentos que tengan más de 450 calorías por cada cien gramos. Por ejemplo: yoghurt de ciertos tipo, leche entera, refrescos envasados con edulcorantes. Hasta los chilaquiles tan mexicanos y los sándwiches de jamón, o de huevo y chorizo.

Alimentos como esos ya no se tendrán en las escuelas. Como dije, el mecanismo está basado en la prohibición. Funciona de la siguiente manera. En el primer paso, el político está en busca de problemas a resolver. Encuentra uno, el que sea, como el consumo de drogas, mercados volátiles, exceso de peso, y procede a diseñar un mecanismo legal de control.

Ese mecanismo legal es una serie de disposiciones que prohiben algo, como la venta en corto de acciones, o alimentos con ciertas grasas. La esencia misma es prohibir una cosa, como el alcohol o los panes con frijoles o los hot cakes. Para eso establece penas y castigos, vigilancia. Los ingenuos que aprueban en objetivo ignoran que el modo de lograrlo es erróneo.

Explico la razón de la equivocación. El problema no es la existencia de un producto que tiene un efecto indeseable bajo ciertas condiciones. Si se tratara de quitar de enfrente todo lo que puede ser abusado, tendría que llegarse al ridículo: prohibir internet por exceso de uso, o embutidos como en este caso.

No tiene sentido. Muchos usuarios no abusan de esos productos. La inmensa mayoría de los que beben alcohol no lo hacen en exceso. El error es aplicar una regla universal que sólo conviene a casos selectos. El problema no es que existan hamburguesas, sino que algunas personas las comen en exceso.

Más aún, estas medidas tienen efectos colaterales indeseables. La prohibición de las drogas ocasiona un mercado ilegal que inyecta millones a bandas criminales. La prohibición de alimentos chatarra creará mercados alternos en las escuelas, otra distribución de esos alimentos prohibidos. La consecuencia normal y lógica, que desesperará a los políticos y que producirá un endurecimiento de las reglas: serán delincuentes los que vendan pizzas.

Lo que creo que bien vale una segunda opinión es el descubrir lo que existe detrás de prohibiciones como ésta. Todos los comentarios que al respecto he leído y escuchado, critican la medida por sus efectos indeseables posteriores. Tienen razón. Pero es vital es ir más allá de eso.

La prohibición de plátanos fritos en las escuelas mexicanas ilustra un mecanismo erróneo de solución de problemas y que es el mismo que tienen el control de precios y la prohibición de fumar en lugares públicos. Con la meta de lograr un buen objetivo, el gobierno anula una posible elección libre de la gente creando efectos colaterales indeseables.

Es un diagnóstico totalmente equivocado del problema, que no es la existencia de un producto y servicio potencialmente de efectos negativos (y a veces ni siquiera eso). Con una mente usualmente tan limitada como la del gobernante, él no entiende que el problema tiene causas múltiples, en algunas personas, no todas.

Y adopta así el papel del padre de familia que trata a sus hijos como menores de edad: los ciudadanos son como niños a los que hay que quitarles juguetes porque se pueden lastimar, hay que llevarlos en brazos porque no saben caminar, debe dárseles de comer en la boca porque no saben usar cubiertos.

En pocas palabras, la filosofía gubernamental detrás de medidas como éstas es muy sencilla de explicar: el congreso mexicano piensa que los ciudadanos somos unos idiotas a los que ellos deben cuidar en todos los aspectos de su vida. No exagero.

Post Scriptum

Véase también, Un Problema de Chatarra.


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