Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Son, en Realidad, Clubes
Eduardo García Gaspar
3 noviembre 2010
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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El parlamento no es un congreso con embajadores de intereses hostiles y diferentes, cuya defensa deben mantener como sus agentes y defensores… [un congreso es] una reunión de deliberación de una nación, con un interés, el de todos; donde ningún propósito local, prejuicio local, debe guiar, sino el bien general…

La cita es de Edmund Burke, un escritor y político inglés, del siglo 18. Buen tipo, reconocido por penetrantes observaciones y de inclinación claramente conservadora. No está de más recordar esas palabras y desmenuzarlas siquiera un poco.

Imagine usted a los legisladores de un país, el que sea, incluso el propio. Ellos se reúnen habiendo sido electos en votaciones populares, lo que nos ayuda a entender que son representantes de los ciudadanos a los que eligieron.

Lo podemos poner en otras palabras: son embajadores de los ciudadanos de sus territorios, Cualquiera entiende esto y tiene su significado: el interés de sus ciudadanos es su máxima prioridad, a la que todo deben someter. Y, más aún, sus reuniones no son un escenario de hostilidad y animosidad.

Al contrario, sus reuniones, en un parlamento o congreso, son por definición escenarios de deliberación razonada, en los que pueda verse eso que se llama oposición leal sujeta a las reglas del juego. Por supuesto habrá contiendas serias y difíciles, pero son aceptadas esas reglas de solución.

El problema, no sólo de nuestros tiempos, es la metamorfosis del papel de los legisladores, De ellos se espera eso que Burke escribió, el ser expertos deliberadores que son guiados por el bien de sus representados. Pero ha sucedido lo que en el cuento de Kafka, donde una persona despierta dándose cuenta de haber sido convertido en un insecto.

Los legisladores, mucho me temo, han sido transformados en embajadores de sus partidos y la ideología de estos. Dejando de representar a los ciudadanos, son ahora enviados de sus partidos y tienen la misión de imponerse a sus opositores. Tal es su misión prioritaria, la implantación de sus ideas.

Para entender esto más completamente, debemos echar un par de pasos para atrás y ver que la razón de ser de un gobernante, lo que lo mueve y estimula, es el llegar a posiciones de poder, así sea la de alcalde en un pequeño poblado. Esa es su ansia y causa de vida. Para eso existe y vive.

Los gobernantes se unen en una especie de clubes más o menos exclusivos, cuya meta es hacer que sus miembros lleguen al poder. Esos clubes son lo más sagrado que puede existir. Allí están sus amigos, esos que los pueden defender y de los que obtendrá favores y consideraciones especiales.

Es, por tanto, muy natural que los gobernantes tiendan a defender más a su club que a nadie más y en el momento de actuar como legisladores, se conviertan en sus embajadores. Es cierto. Suponga usted el caso de que un legislador sea acusado de tratos con narcotraficantes, no dude usted que los miembros de su partido lo defenderán todo lo que puedan.

Por supuesto, los otros clubes, los opositores, atacarán a ese miembro acusado de actos ilegales y, se comportan todos como embajadores de sus partidos, no como responsables de la legalidad de su país.

Más aún, sus acciones dentro del congreso o del parlamento se guiarán por la afectación que ellas tengan en las probabilidades de ganar la siguiente elección. México es un buen ejemplo de leyes necesarias no implantadas y de leyes innecesarias decretadas, todo por motivos electorales.

El tema bien vale una segunda opinión para poner encima de la mesa, y a la vista de todos, una realidad innegable: los gobernantes tienen como prioridad central su propio bien antes que el bien de sus gobernados. En un hecho demostrado con la práctica diaria.

Queda por definir qué es su propio bien, me refiero al del gobernante. Ese bien está formado por la consecución del poder. A más poder, mayor beneficio para el político. Por eso protege y defiende a su partido por encima de todo. En ese club, además, se han agrupado gobernantes similares.

Gobernantes que tienen las mismas ideas sobre cómo debe ser la sociedad, es decir, sobre cómo debe ser la vida de usted y la mía. Son clubes de protección mutua que tienen la misión de llegar al poder para implantar sus sueños.

Post Scriptum

La misma cita de Burke la usé en otra columna hace varios años y no hay duda, conviene recordarla.

Existe una buena cantidad de material sobre el tema en ContraPeso.info: Gobernantes. Quizá sea de interés leer Lenin: Su Sueño, Nuestra Pesadilla.

Como subtema del examen de los gobernantes, existe uno pocas veces examinado, el del efecto que causa el poder y puede verse en ContraPeso.info: Poder Atonta. El tema ha sido tratado aquí desde 1996 con la publicación de Poder y Estulticia.

Todo el punto es reconocer que los gobernantes son imperfectos, cometen errores, tienen ambiciones personales, un tema que se trata con amplitud en una serie de columnas en ContraPeso.info: Gobernantes Imperfectos.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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