Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Son Cuatro, no Dos
Leonardo Girondella Mora
8 marzo 2010
Sección: Sección: Asuntos
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Las conversaciones, discusiones y polémicas necesitan un cierto acuerdo sobre el significado de las palabras que utilizan —cuando una misma palabra tiene significados diferentes, la conversación se vuelve infecunda.

Quiero ilustrar esto con una instancia —la de un columnista razonable que comentó sobre el liberalismo en México. La columna es la de Sergio Sarmiento (Grupo Reforma, 19 febrero 2010)

Un punto del columnista es afirmar que uno de los partidos mexicanos no es liberal —y tiene razón: el PAN no es un partido liberal, aunque se le coloque a veces en esa posición. Dice el columnista que “Si bien en ocasiones defiende principios liberales en materia económica, mantiene posiciones profundamente conservadoras en asuntos morales y sociales”.

Quiero afinar esa idea pues contiene dos dimensiones distintas, la del liberalismo y la del conservadurismo —no son lo mismo. Según Sarmiento, mantener una posición liberal en economía significa no sostener opiniones conservadoras. El columnista supone que apoyar la libertad económica equivaldría a no “tratar de detener la legislación en el Distrito Federal que permite los matrimonios entre personas del mismo sexo” —que es lo que el PAN ha hecho.

El razonamiento que usa es el de que el fundamento liberal es el de un gobierno que “no debe intervenir en las decisiones morales de los individuos ni debe promover las posiciones de alguna iglesia”. Pero hay en la columna una mala definición del liberalismo: el verdadero liberal, según él, no sería un conservador moral que siguiera mandatos morales que, por ejemplo, prohiben matrimonios homosexuales.

Hay dos dimensiones que se mezclan indebidamente —que es la confusión frecuente que se presenta en este tema.

• En términos políticos y económicos, las posiciones varían entre socialistas y liberales dependiendo del monto de intervención estatal en la economía. Un socialista quiere un gobierno grande que sustituya las decisiones personales y un liberal quiere un gobierno pequeño que deje libres a las personas. En México, por ejemplo, los partidos políticos mayores son socialistas o se inclinan al socialismo.

• Pero en términos culturales, hay una dimensión moral en la que las posiciones varían de conservador a progresista. Un progresista quiere una moral relativa y laxa, básicamente determinada por la ley emitida por el gobierno y un conservador quiere un gobierno pequeño que no determine los preceptos morales, a los que considera por encima de la ley.

Un liberal en economía no es por definición un progresista, ni un socialista un conservador —que es lo que Samiento supone.

Muchas veces sucede exactamente lo opuesto: los socialistas, como el PRD, son los que promueven legislaciones progresistas que aprueban el matrimonio homosexual y el aborto —la razón es obvia, pues con el progresismo moral el gobierno adquiere más poder. No es extraño por eso que el PRD sea el que propone matrimonios homosexuales y aborto, pues así su gobierno tiene no sólo poder económico (socialismo), sino también poder moral (progresismo).

Bajo la tesis de Sarmiento, el PAN cae en contradicción por apoyar liberalismo económico —siquiera tibio— al mismo tiempo que tener opiniones morales conservadoras. La realidad es que no es contradicción, sino una posibilidad real y común. En realidad es perfectamente lógica, pues el liberalismo económico y el conservadurismo tienen en común el desear gobiernos con poderes limitados. Además, es perfectamente lógico que los socialistas sean progresistas, porque de ambas maneras crece el tamaño y el poder gubernamental.

Mi intención ha sido preservar al liberalismo de ideas distorsionadas que lo asocian automáticamente con el progresismo moral dictado por el gobierno —esto es un error tremendo: el liberal auténtico quiere un gobierno pequeño y mínimo, no un gobierno que además de intervencionista en lo económico también lo sea en lo moral.

Yendo más a fondo, el liberal tiene un cimiento moral muy fuerte, que no acepta el relativismo moral del progresismo —defender la libertad, por definición, supone una moral absoluta con valores que no puede determinar el gobierno porque son mayores y anteriores al gobierno: las personas son dignas y libres, no pueden sacrificarse unas en aras de otras.

Algunos liberales pueden aceptar el aborto, por ejemplo, pero hay buena evidencia de que el liberalismo se opone al  aborto —siendo mi punto señalar que ser liberal no significa necesariamente ser progresista (en realidad es más lógico lo opuesto) y que ser conservador no significa por obligación ser socialista (también es más lógico lo contrario).

Esto puede comprenderse mejor. Las dos dimensiones anteriores significa que pueden tenerse cuatro posiciones posibles:

Liberal y conservador: poco gobierno y fuertes fundamentos morales.

Liberal y progresista: poco gobierno y escasos fundamentos morales.

Socialista y conservador: mucho gobierno y fuertes fundamentos morales, como el PAN.

Socialista y progresista: mucho gobierno y pocos fundamentos morales, como el PRD.

Estas cuatro posibilidades explican mejor la posición del PRD: desean un alto nivel de intervencionismo estatal, es decir, socialismo, y escasos fundamentos morales establecido a conveniencia de la ley gubernamental. Son socialistas y progresistas: quieren que el gobierno defina no sólo a la economía, sino también a la moral.

El PAN sería un socialista no tan extremo y al mismo tiempo conservador, es decir, la moral está por encima de la ley gubernamental. Las cuatro posibilidades también ayudarían a explicar la relación cercana entre grupos liberales y conservadores en los EEUU, que en común tienen sus deseos de un gobierno reducido.

Igualmente así se explicarían las simpatías entre algunos socialistas y algunos conservadores —cuando ambos quieren usar la fuerza estatal para implantar sus ideas. V. Postrel ha explicado bien esta posibilidad.

Espero haber explicado la equivocación del columnista al mezclar dos dimensiones distintas de opiniones —un error muy desafortunado por su consecuencia colateral: el liberalismo que apoya al progresismo colabora a hacer que los gobiernos sean más grandes y poderosos.

Addendum

¿Aprobaría un liberal los matrimonios homosexuales? No necesariamente, podría rechazarlos sin dejar de ser liberal.

Es muy deseable aclarar que la palabra “liberal” en los EEUU no es igual a su significado en español —en realidad significa lo opuesto: un liberal en ese país suele ser la unión de ideas socialistas con ideas progresistas.

El error apuntado es muy común —en el pasado lo señalé en el caso de Lorenzo Meyer, en Derecha, Izquierda: Definiciones. Allí mostré la gráfica siguiente:


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