Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Suave Embrujo de la Mediocridad
Eduardo García Gaspar
26 marzo 2010
Sección: NEGOCIOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Era una reunión de negocios. Varios estábamos sentados alrededor de una mesa en una sala amplia. Veíamos hacía la pantalla. En ella se presentaba el resumen de un reporte.

Se analizaba una situación, no importa cuál. Terminó la presentación más de media hora después.

Se nos pidieron opiniones a quienes allí estábamos.

Dos de las personas iniciaron la exposición de ideas, que perseguía una evaluación del material presentado. Las dos expresaron opiniones extraordinarias:

“es lo mejor que he visto en años… es un esfuerzo enorme, pocas veces hecho… debe felicitarse ampliamente a los autores… pocas veces he visto un reporte de tal calidad… resulta edificante ver algo tan fuera de serie…”

No era para tanto. La verdad era un trabajo mediocre, con serias fallas y un par de omisiones imperdonables.

El material era difícil de leer (el clásico error de usar PowerPoint como procesador de palabras). El resto de las personas no fue tan entusiasta, pero coincidió en felicitar ampliamente al presentador.

Por mi parte, dije lo que pensaba.

Al salir de la sala, fue imposible dejar de recordar una novela, El Manantial, la de Ayn Rand.

En ella, uno de sus personajes, un intelectual, explica su estrategia para dominar a las personas: hacer desaparecer el sentido de grandeza en los humanos y, mejor aún, retirar la capacidad de reconocer la grandeza en otros.

Quien tiene sentido de grandeza es libre y no puede ser dominado. Un secreto del dominio sobre la humanidad es la admiración de la mediocridad: hacer que las metas sean reducidas, que los estándares bajen, que todos puedan hacerlo, que no haya diferencia de logros.

Se trata de detener todo estímulo a la excelencia, a lo mejor, a lo grande y difícil.

¿Cómo hacerlo? Exaltando al mediocre, alabando a lo estándar.

Escribe Rand, cuando se aplaude al literato insignificante, la literatura se destruye; cuando se exalta al artista vulgar, el arte decae; cuando se dan grandes créditos al músico mediocre, la música se destruye. Es necesario construir altares a la mediocridad y la medianía. Así, sin grandeza no hay sentido de la libertad y el dominio es posible.

Hay otra forma de anular el sentimiento de poder alcanzar la grandeza y de incapacitar el sentido de su reconocimiento: el peso de la opinión mayoritaria, esa furtiva cadena que obliga a pensar igual que el resto, porque donde todos piensan lo mismo, es que en realidad nadie piensa.

Regreso al ejemplo de esa reunión.

Una posible interpretación de las alabanzas que recibió la presentación hecha es la del exceso de amabilidad: un exceso que constituye una mentira y daña al que ha hecho el trabajo. Le hace pensar que ha hecho un buen trabajo, cuando eso es falso.

Otra interpretación es la incapacidad de evaluar la calidad del trabajo, lo que es aún más grave, como una mentira mutua en la que ambas partes creen.

¿Hay obligación de hablar con franqueza evitando en halago injustificado? Sí, pero es una obligación doble.

• La primera es presentar la opinión franca y honesta, de manera razonada y justificada, con pruebas y razones. Todo, de tal manera que la otra parte entienda y comprenda. Debe dársele oportunidad de responder y explicar.

• La segunda, que es un asunto de prudencia, se refiere al tono y forma. Debe serse amigable, amable, evitando regaños, gritos e insultos. Y, sobre todo, separando a la persona de su trabajo. Los errores de su trabajo no son los errores de su persona. Incluso deben darse sugerencias de mejoras posibles.

Las oportunidades de hablar con franqueza se presentan todo el tiempo. Y la decisión de hacerlo es una de prudencia, es decir, de medir las consecuencias de hacerlo.

En una reunión de negocios, como fue la ocasión que narro, esas dos obligaciones son claras. La situación lo exige y es un deber personal hacerlo.

Pero hay otras ocasiones en las que quizá lo más aconsejable sea evitar expresarse con esa franqueza. Esto es si las consecuencias son irrelevantes, como cuando se encuentran varios amigos tomando tragos y hablando de política. No hay muchas consecuencias considerables si alguno de ellos tiene una opinión que otro cree errónea.

De entre los dos extremos, sin embargo, es por mucho preferible la franqueza al halago injustificado. Alabar la medianía y confundirla con excelencia es un hábito pésimo que equivale a mentir y construir sobre falsedades lleva a errores.

Post Scriptum

La frase “porque donde todos piensan lo mismo, es que en realidad nadie piensa” no pienso que sea original mía, creo haberla leído en algún sitio que no recuerdo.

Un buen ejemplo de medianía en el altar es la serie de medidas que bajan estándares educativos en escuelas y universidades. Su objetivo es la igualdad de resultados, su resultado es la pobreza educativa. La labor educativa es siempre elitista, busca elevar conocimientos y no todos pueden alcanzar las alturas requeridas.

 


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas. 



1 comentario en “Suave Embrujo de la Mediocridad”
  1. Juan Antonio Cruz López Dijo:

    Gracias por este espacio y sobre todo porque en el he encontrado información para darle setido al aspecto humano de la organización.





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