Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Triste Nueva Caridad
Eduardo García Gaspar
30 junio 2010
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


El giro ha sido de 180 grados y es un mal giro, aún peor de lo que podemos imaginarnos porque ha pasado inadvertido. Hablo de la caridad y cómo ella ha sido convertida en causa de amarguras y envidias. Me explico.

Hace tiempo, un grupo de amigos reunieron dinero y otros bienes. El objetivo fue ayudar a una casa de atención a jovencitas que habían sufrido violaciones y explotación sexual. Unas monjas las atendían en una pobre casa, bajo condiciones miserables. Esa ayuda que dieron fue recibida con sonrisas y agradecimientos, no a ellos, sino a Dios.

Es una historia como miles de otras, de mayor o menor escala. Una o más personas se sienten movidas por la situación de otros y aceptan su responsabilidad de ayudar. No hay nadie que los obligue. Podían gastar su dinero y pasar su tiempo en otras cosas. Pero aceptan ser caritativos por iniciativa propia.

Quien recibe la ayuda expresa su gratitud, la de quien recibe una sorpresa, algo que no esperaba. Y da las gracias. Es un sentimiento contagioso el de ambas partes, un sentimiento agradable. El agradecimiento de unos y la satisfacción de otros forma una situación difícil de describir. Se vuelve tradición y costumbre, beneficiando a todos.

Lo llamamos caridad y tiene un componente muy conocido, la acción de quien da por voluntad propia, sabiendo que no hay quien lo obligue. Todos podemos ver ese componente. Es el más visible. Pero hay otro, la acción de quien recibe la ayuda.

Hay en esa persona una gran cualidad, la de saber recibir, que es agradecimiento. Esta gratitud es una virtud sustentada en la humildad, el saber que pueden no recibirse esas ayudas, que el recibirlas es ocasión de agradecer al otro por su actos. Es una hermosa actitud, quizá más meritoria que la del que da.

Pero algo malo ha sucedido, como casi siempre cuando los gobiernos intervienen en los asuntos que atañen a los particulares solamente. Los gobiernos han tomado a la caridad y han destruido lo hermoso que ella posee. Hay retirado la libertad del que da y han convertido el agradecimiento del que recibe en un reclamo que es ocasión de envidia.

Deseando convertirse en una entidad de bienestar, el gobierno decide ahora quiénes deben dar caridad y quiénes deben recibirla. Sobre bases que ignoran a las personas y sus méritos, los gobiernos forman grupos de donadores forzados y de receptores designados. La caridad ha girado 180 terribles grados.

Por parte de quien da, la caridad ha dejado de ser libre, para convertirse en obligatoria. Es ahora el gobierno quien pasa retirando por la fuerza dinero de los ciudadanos. La libertad ha desaparecido de la caridad estatal.

Por parte de quien recibe, la transformación ha sido aún más notable. Antes, el receptor de la ayuda reaccionaba con gratitud, uno de los sentimientos más hermosos. Ahora se tienen sentimientos de reclamo y exigencia. Peor aún, se tiene un sentimiento de envidia, la que causa la idea de que unos tienen porque otros no tienen.

Cuando se recibe eso a lo que uno siente tener derecho, la gratitud desaparece. Cuando se da por obligación, la satisfacción se desvanece. Y sin gratitud ni satisfacción, ya no puede haber caridad. Ella ha dejado de existir para tornarse en una política gubernamental, que con los más admirables deseos ha destruido sentimientos humanos. Es difícil pensar en peor política de gobierno.

Sí, hay efectos colaterales. La caridad disminuye porque los ciudadanos tienen menos que dar y los sentimientos caritativos ya no existen como antes. Los reclamos aumentan y se corporativizan, organizándose en grupos de presión que compiten por partidas del presupuesto estatal.

¿De dónde ha salido tal transformación? De otra prostitución de otra buena idea, a la que se la ha dado otro giro de 180 grados, los derechos humanos. Son ellos ahora no algo basado en la naturaleza humana y su dignidad, sino una creciente lista de reclamos y exigencias expresadas de tal manera que sólo pueden ser satisfechos con un gobierno todopoderoso.

El drama de esos dos giros, el de la caridad y el de los derechos humanos, es elevado porque de ambos hay una escasa conciencia. Peor aún, existe una aprobación popular y hasta un entusiasmo frente a esta metamorfosis que nos quita parte de nuestra humanidad.

Post Scriptum

Cuando he comentado esta idea con otras personas, muchas de ellas me preguntan, “¿Entonces quién hará las obras de caridad?” Mi respuesta es simple, “Tú y otros como tú”. Es realmente notable el hacer esa pregunta pues muestra lo enraizado de la idea de que el responsable de la caridad es el gobierno.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




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