Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Comediante, Una Rutina
ContraPedia ContraPedia
26 julio 2010
Sección: Sección: Listas, Y CONTRAPEDIA
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En exclusiva para ContraPedia, Gorgono Martini cedió los derechos de reproducir una de sus rutinas y que se presenta a continuación.

Me alegra estar en este lugar y a esta hora. Nadie sabe qué es lo que acontecerá en los próximos minutos.¿Qué es lo que esperamos que suceda dentro de unos segundos? Nadie lo sabe.

Si nos dijeran: se verá una película porno… todas esas películas presentan las mismas posiciones. O podemos por ejemplo contar un chiste, cosa que tal vez poca gente hubiera esperado. ¿Y qué sucedería si no se contase ese cuento? Nada, porque nadie se sentiría defraudado ya que nadie tampoco lo esperaba.

Había una vez… Espero que sepan que hay varios tipos de chistes y esto es muy importante. Igual que los vinos, hay chistes bueno y chistes malos. Los malos son los que se pueden contar cuando hay niños alrededor y los buenos son los que se cuentan cuando hay mujeres en la reunión.

Había una vez, en una granja de cerdos, un hombre que cierto día recibió la visita de un inspector de salubridad quien le pregunto cuál era el régimen alimenticio que seguía la cría de los cerdos. A esta pregunta el hombre, que era el dueño de la granja, contestó diciendo eran alimentados con desperdicios de comida y otro tipo de sobrantes.

El inspector comentó que la granja seria objeto de una considerable multa ya que esos desperdicios podían causar lesiones en la salud de los humanos que posteriormente comieran la carne de los cerdos. El granjero se vio forzado a pagara esa multa.

¿No se sienten ya un poco intrigados? Pocas gentes se hubieran esperado que en esta reunión se tocara como tema de plática algo tan burdo como el régimen alimenticio de los cerdos.

Y lo de la limpieza y buen arreglo, por asociación de ideas, recuerda el cuento de los tres ingleses aquellos que sin faltar un sólo día se habían reunido durante muchos años puntualmente a las cinco de la tarde a tomar el té y hablar del tiempo. Se veían de lunes a viernes en su club, privado desde luego, en una cita a la que ninguno de los tres había faltado.

Pero, ¿y los cerdos? Pues bien, ese pobre hombre, dueño de dicha granja, cierto tiempo después recibe la visita de un segundo inspector quien le hace la misma pregunta del primer inspector.

A este segundo inspector, en cambio, responde muy seguro de sí mismo, que los cerdos en esa granja comen carne, leche, huevos, pescado y verduras y el granjero agrega que todo es siempre de primera calidad.

No bien acaba de hablar, cuando el inspector lo multa otra vez alegando que esos alimentos son de consumo exclusivamente humano y no deben destinarse a la cría y engorda de animales sobre todo en épocas de escasez de alimentos. Se va el inspector después de cobrar una alta multa, dejando al granjero terriblemente molesto y pensando que diga lo que diga lo van a multar.

Pero regresemos a los tres ingleses que siempre fueron puntualmente a las cinco de la tarde a tomar el té. Tres ingleses típicos siempre a la misma hora, tres tazas de té. Tres carros llegando a la puerta de un club en Londres.

Pues bien, un cierto día llegaron tan sólo dos, aunque con unos tres minutos de adelanto a la cita acostumbrada. Muy extrañados ante la ausencia del tercero, pero viendo que todavía no eran las cinco en punto, entraron al club y procedieron a sentarse en la mesa acostumbrada. Dándose cuenta de su error, lo corrigieron y se sentaron en sus acostumbrados sillones. Allí esperaron, nerviosos a su amigo.

A las cinco en punto el camarero sirvió el té, mientras los dos ingleses comentaban con disgusto la impuntualidad de su amigo en quien, dijeron, ya no se podía confiar. Se encontraban en esa plática cuando el mayordomo llego a su mesa con un sobre.

A estas alturas debe ser obvio a todos que en el sobre está lo gracioso de este cuento, por lo que aconsejo a todos aquellos que lo cuenten que en este momento incluyan algún elemento de suspenso que cree mucha expectativa entre los que desconocen el chiste.

Recuerdo también a esas personas  que este chiste es tan sutil que se puede contar delante de menores y que incluso algunos adultos no lo van a entender, pero se reirán y uno creerá que sí lo entendieron, o sea, que da lo mismo.

Nos quedamos en que ese granjero había recibido la visita de dos inspectores de salubridad y ambos lo habían multado por los motivos antes señalados. Bueno, pues después de cierto tiempo este granjero recibe la visita de un tercer inspector de salubridad, quien le hace una pregunta sobre la alimentación de los cerdos.

El granjero enfrentaba un gran dilema pues pensaba que lo multarían cualquiera que fuese su respuesta. Sin embargo, en un momento de brillantez contestó lo siguiente “Mire usted, señor inspector, en realidad yo no lo sé, desconozco que es lo que comen estos cerdos. Yo lo que hago es darle a cada uno cincuenta pesos diarios y que salgan a comer lo que quieran y donde quieran”.

Nos quedamos con la entrega de un sobre cerrado a los dos ingleses que sí habían cumplido con su cita. Uno de ellos abre el sobre y en él encuentra una nota firmada por su amigo impuntual  y la nota decía textualmente, “Amigos, espero que me comprendan. Fue algo inesperado que resultó ser un inevitable compromiso con la Condesa de Widhanserschire, esa joven y hermosa dama a quien conocemos. Si ello es posible, les acompañaré mañana a la misma hora en el club. Si ello no es posible, llegaré en quince minutos”.

ContraPedia tiene un antecedente en los 80, cuando fueron publicadas una serie de propuestas de palabras y personajes que no existían. Eran muy breves. Esta versión respeta la idea original, jamás publicada antes, con textos más amplios.





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