Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Pez Mal Negociador
Eduardo García Gaspar
5 enero 2010
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión, Y FABULAS E HISTORIAS
Catalogado en: ,


Una cierta vez, ya hace mucho tiempo, había un pescador que un buen día, muy de mañana, tomó su barca y hizo lo acostumbrado, pero le sucedió algo insólito. El primer pez que pescó con su caña fue uno muy pequeño.

Iba el pescador a colocar al pez en su canasta, cuando el pez comenzó a hablarle de manera muy educada y hasta parsimoniosa. Le dijo, “Buen día tenga usted, señor pescador, muy conocido en estos lugares. Bien sabe usted su negocio y cada día viene a estas aguas a llevarse a algunos de mis congéneres con gran habilidad”.

El pescador se quedó con la boca abierta, sin pronunciar palabra, mientras el pez continuó hablando: “Digo que bien sabe conoce sus artes y sabe que un pescado de anzuelo es mejor que un pescado de red, pues éste último se golpea en la captura, pero no el que es pescado con anzuelo”.

Recuperado de la primera sorpresa, el pescador respondió: “Bien me conoces, pez de estas aguas y que esta tarde serás convertido en algún suculento platillo de alguno de mis clientes”.

“De eso precisamente quiero hablar, señor pescador”, dijo el pez, “le propongo un trato: si me deja de nuevo en libertad arrojándome otra vez al agua, podré crecer y convertirme en un pez mayor, de más peso, y más apreciado en el mercado. En cambio, siendo ahora un pez de pequeño tamaño, no representaré un gran beneficio para un gran pescador como usted”.

La discusión siguió varios minutos más. El pez siguió hablando y de mil maneras posibles razonando que era mejor que el pescador le dejara libre para que en el futuro, ya siendo un pez de mucho mayor tamaño, fuera capturado por el pescador y ser así objeto de una mayor venta, incluso quizá para el mismísimo rey.

Al final, el pescador se quedó pensando un tiempo ante la mirada atenta del pez.

Y el pescador dijo: “No, no te devolveré al agua. Vendrás conmigo hasta el mercado y allí te venderé a quien más me pague por ti, que eres de buena presencia y sabrosa carne. Debía ser yo un hombre muy simple, ingenuo e inocente si renuncio a un beneficio presente en aras de un beneficio futuro incierto”.

La fábula es de Esopo y su moraleja se encuentra en las palabras mismas del pescador: es muy ingenuo quien renuncia a un bien presente en aras de un inseguro beneficio futuro. Es una lección económica que da pie a buenas posibilidades de análisis, expresando lo mismo del refrán ése que dice que más vale pájaro en mano que ciento volando.

La historia se convierte en un experimento de sillón planteando el problema de qué hubiera hecho que el pescador aceptara la oferta del pez. Ofrecerle unos dos kilos más de carne futura no fue suficiente, en buena parte por la incertidumbre de pescar de nuevo al pez (que de seguro se hubiera cuidado de no caer de nuevo en esa trampa).

Tal vez, el pez habría tenido éxito con otra oferta: atraer a muchos más peces cerca de la barca para ser pescados. Todo dependería de la confianza que el pescador hubiera tenido en la palabra del pez. De seguro existen otras posibles ofertas atractivas al pescador, pero lo que es admirable es encontrar en una fábula para niños, una instancia de un cálculo del valor presente de bienes futuros.

Es una de las decisiones que hacemos los humanos a diario: preferir un bien ahora, en este momento, o bien tener otro bien en el futuro. El bien futuro debe ser mayor al bien presente para siquiera considerar la oferta. Pero, qué tanto mayor. Cuanta mayor sea la incertidumbre, más grande tiene que ser el bien futuro.

Por eso, los humanos compramos billetes de loterías: renunciamos al bien muy pequeño que ahora mismo representan, digamos, 50 pesos, a cambio de una probabilidad bajísima de ganar algunos millones en el futuro. Por eso, igualmente, se cobran intereses por préstamos hechos con tasas que varían dependiendo del riesgo que se corre.

Son nuestras preferencias en el tiempo las que nos hacen tomar decisiones de gozos presentes o gozos pospuestos. En el caso del pescador, la oferta del pez era de escasa cuantía y riesgosa, lo que hacía preferible al bien presente… pero podía haber sido de mayor cuantía y menor riesgo, lo que hubiera puesto a pensar al pescador.

En fin, historias como ésta tienen la ventaja de poder ser usadas como formas de enseñanza y descubrir ideas que son menos modernas de lo que creemos.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



3 Comentarios en “Un Pez Mal Negociador”
  1. Jorge Salas Dijo:

    Muy bueno.

  2. Ex alumno Dijo:

    Excelente su artículo, desde hace 2 años que llevé su curso de Sociedad y Desarrollo en México y sigo siendo fiel lector de su columna. Así como usted lo hizo en aquel momento, aprovecho para corregirlo en su siguiente error: “tomó su barca y hizo lo acostumbrado”. Sería “e hizo”. Saludos. NOTA DEL EDITOR: absolutamente cierto y incómodo de aceptar… digo, e incómodo de aceptar

  3. brandon Dijo:

    esta muy padre pero escriban otro. NOTA DEL EDITOR: quien guste de estas historias, puede encontrar una buena coleción en fábulas e historias, una de las secciones de ContraPeso.info.





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