Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Conclusión Falsa
Eduardo García Gaspar
14 mayo 2010
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Necesitamos, no tengo la menor duda, un cambio de premisas, esas creencias de las que sacamos conclusiones. Con malas premisas, las conclusiones serán falsas y viceversa. Y las premisas que deben cambiarse son las que usamos para tener una opinión sobre las funciones del gobierno.

Comienzo con quienes concluyen que los gobiernos deben ser mayores, recibir más dinero, tener más responsabilidades, gastar más, elevar impuestos, encargarse de la felicidad del ciudadano desde que nace hasta que muere. Sacar esta conclusión requiere premisas que la soporten para que ella sea válida.

Sigo con la conclusión opuesta, la que dice que los gobiernos deben tener menos responsabilidades, ser más pequeños, tener menos funciones, gastar menos, reducir impuestos y dejar libres a los ciudadanos para que ellos sean los responsables de su felicidad personal.

Son dos conclusiones muy diferentes y ellas sólo pueden ser explicadas diciendo que ambas parten de premisas anteriores muy distintas. Hacer esta separación de premisas es una manera de examinar los puntos de partida de escuelas político-económicas y ver el realismo que tienen.

En lo que sigue hago una especie de interrogatorio que persigue examinar las ideas que cada persona tiene como premisas y ayudarle a llegar a la conclusión más lógica (que no necesariamente es la que ahora sostiene). Empiezo haciéndole dos preguntas al lector.

Primero, ¿qué opinión tiene usted de los gobernantes? Para responder, es necesario establecer dos premisas distintas.

Una premisa establece que los gobernantes son personas de inteligencia superior al promedio y poseen una vocación fuera de serie para servir a las personas que gobiernan. Además su honestidad es a toda prueba y no les interesa el poder para provecho personal.

La otra premisa establece lo contrario: los gobernantes no son más inteligentes que el resto de la gente, incluso son menos. Afirma que están dispuestos a aprovechar el poder que detentan para provecho personal antes que para servir a los ciudadanos y que su honestidad deja mucho que desear.

Ahora respóndase a sí mismo, que premisa sostiene usted, la del gobernante ejemplar siempre o la del gobernante con defectos.

Segundo, ¿tiene el poder riesgos de ser abusado? Para responder, también es necesario distinguir entre dos premisas distintas.

Una dice que el poder gubernamental no tiende nunca a ser abusado y que por sí mismo puede auto-limitarse sin necesidad de mecanismos de pesos y contrapesos.

La otra establece lo opuesto y afirma que en su esencia misma el poder tenderá a ser abusado por quien lo detenta, por lo que son necesarios mecanismos que frenen el poder gubernamental y así se eviten excesos.

Ahora respóndase a sí mismo, que premisa sostiene usted, la de que ell poder nunca corre riesgos de ser abusado, o la de que el poder tenderá a serlo.

Si hasta aquí usted cree en las premisas de gobernantes más inteligentes, siempre honestos y desinteresados que pueden detentar gran poder sin necesidad de limitaciones legales expresas y formales… entonces usted será partidario de gobiernos grandes, muy poderosos, que se encarguen de la felicidad de la gente.

Pero si usted cree que en las premisas de que los gobernantes son personas como cualquiera, que sucumben a tentaciones de poder y corrupción y que tenderán a abusar del poder una vez que ocupen ciertos puestos… entonces usted será partidario de gobiernos pequeños, con poderes claros y limitados que no sustituyan las decisiones libres de las personas.

Por mi parte, tengo un par de premisas muy claras.

En una de ellas, estoy de acuerdo con Montesquieu cuando dijo que por naturaleza todo poder tiende a ser abusado y que él necesita ser acotado y limitado.

En la otra premisa, estoy de acuerdo con Hume cuando dijo que debemos pensar que todo gobernante es, por principio, un pillo (aunque no lo sea es más realista pensar así y produce menos sorpresas desagradables).

Y, más aún, estoy de acuerdo con Popper cuando dijo que es una locura intentar la búsqueda de un gobernante ejemplar en quien se pueda confiar plenamente al otorgarle mucho poder. Primero, no existen esos gobernantes ejemplares y, segundo, cualquiera en una situación de gran poder abusará de él.

Mi sola intención fue mostrar las premisas alocadas que están detrás de la creencia en las bondades de gobiernos grandes con muchas responsabilidades y que necesitan de mucho poder y recursos. Creo muy sinceramente que las premisas que justifican a esos gobiernos son irreales, quiméricas, utópicas y que la realidad ha demostrado una y otra vez su falsedad.


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