Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Fábula: un Bufón
Eduardo García Gaspar
15 junio 2010
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión, Y FABULAS E HISTORIAS
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La historia comienza en un tiempo lejano, cuando un rey se preocupaba igual que ahora de las mismas cosas, de proveer a su pueblo con diversiones gratuitas. Para tal objeto construyó un nuevo teatro, más grande y cómodo que el anterior. Pero enfrentó un problema.

No podía el rey estrenar el teatro nuevo con los mismos actos a los que había acostumbrado a su pueblo. Debía ser algo diferente y nuevo, jamás intentado. Puso entonces en funcionamiento un concurso. Daría un jugoso premio a quien realizara un acto jamás visto. Nadie se atrevió a tal hazaña.

Nadie, excepto un bufón conocido por sus bromas pesadas y que prometió un acto que jamás se había visto en el reino. Concedió el rey al bufón el privilegio de realizar la primera función del nuevo teatro a las dos semanas. La voz se corrió por todo el reino y el día del estreno, el teatro se encontraba totalmente lleno.

A la hora anunciada, se abrieron las cortinas y apareció en escena el bufón, vestido de gala, pero si otra cosa un telón atrás. Habló al público diciendo, “realizaré ahora algo nunca visto en el reino, imitaré el sonido de diversos animales, de manera tan real que pensarán que los animales están en escena detrás de mí, tras el telón”. Y eso hizo.

De manera tan real y auténtica imitó a varios animales, pensó la gente, que era imposible. Lejos de aplaudir, reclamaron la existencia de fraude y varios ciudadanos fueron nombrados para examinar el telón trasero, detrás del que se pensó que estaban escondidos el cerdo, la vaca, el ruiseñor y los demás que había imitado. No los encontraron.

Y una vez reconocido el mérito del bufón, recibió una enorme ovación. Entonces, una vez que terminaron los aplausos, un campesino pidió la palabra y dijo que al día siguiente él repetiría la misma hazaña. Nadie le creyó, pero aceptaron todos el reto. Fue así que al día siguiente hubo otra función. Aparecieron en escena el bufón y el campesino. Detrás de ellos había el mismo telón anterior.

Pero detrás de él, el campesino había colocado a animales reales. Los mismos que el bufón había imitado y que producirían sus peculiares sonidos con la ayuda del hermano del campesino, que también estaba escondido tras el telón. Comenzó la función y el bufón imitó a una vaca recibiendo grandes aplausos.

Siguió el turno del campesino que puso su mano en la boca al mismo tiempo que su hermano hacía que la vaca mugiera. La gente le abucheó. Siguió el turno de un perro, al que el bufón imitó y la gente aplaudió con locura. Hizo lo mismo el campesino, con su hermano atrás haciendo ladrar a un perro real. Recibió unos pocos aplausos.

Se repitió lo mismo con el graznido de un pato, el croar de una rana y otros animales más. El bufón era aplaudido a rabiar, pero el campesino en general abucheado. Terminada la demostración, el campesino pidió la palabra. Todos pensaron que iba a declararse vencido.

Pidió que se abriese el telón de atrás y todos pudieron ver a los animales ocultos detrás del telón a espaldas del campesino. Dijo él, “Esto, amigos, muestra el tipo de juicio que tienen ustedes. Mientras el bufón imitaba a los animales, yo les hice escuchar a la realidad. A él lo aplaudieron. A mí me abuchearon”.

La historia es una de las fábulas de Esopo, a la que he modificado en sus detalles, pero que deja ver la misma esencia: la facilidad con la que suelen ser engañadas las multitudes las que llegan a pensar que es cierto lo que es en verdad falso. Todos pensaron que era más real el ladrido artificial que el real.

Esto es lo que resulta fascinante de la historia. Existe algo que es real y que es independiente de lo que pensemos. Pero sobre todo, existen cosas que nos parecen más reales que la realidad misma y de ellas debemos cuidarnos. Es fácil encontrar falso que un perro maúlle, o que un cerdo muja.

Pero distinguir un ladrido real de uno falso es algo más complejo, especialmente cuando se nos quiere engañar. Una parte fascinante de la historia es la personalidad del campesino: alguien escéptico que tuvo cierta valentía, tanta como para no ir con la corriente y retarla a pesar de los abucheos que recibió.

El papel de la audiencia me parece extraordinario: todos sufrieron un engaño. Todos creyeron cierto a lo artificial y eso, creo, es un fenómeno común en la política, donde los gobernantes juegan el papel del bufón que es admirado y aplaudido. Su papel es el de hacer creer a otros que lo suyo es lo real.


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