Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Vida de Apuestas
Eduardo García Gaspar
9 febrero 2010
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


En su versión reducida, puede expresarse como una apuesta religiosa sobre la existencia de Dios. Para algunos sonará sacrílega, pero no creo que lo sea. Dios nos dio el poder de pensar y usar la razón no debe ser malo en sí mismo. Aún para los no creyentes, la idea es fascinante de examinar. Es un gran ejercicio mental.

Primero, Dios existe o no existe. No hay una opción media entre ellas.

Segundo, seguir sus mandatos nos lleva al Cielo. No seguirlos nos lleva al Infierno.

Tercero, ¿qué decidir, seguir o no sus mandatos?

La respuesta racional es, bajo circunstancias de incertidumbre, creer en Dios y seguir sus mandatos. La causa es abrumadora: el valor infinito del resultado final que es una vida eterna en el Cielo o en el Infierno. La apuesta lleva el nombre de Blas Pascal, un cristiano devoto también matemático.

A esto podemos hacer añadidos, por ejemplo, pensar en que no existe un Dios sino varios y la decisión sería a cuál de ellos hacer caso. Buen punto, pero como la definición de Dios es la del ser sobre el que no hay nadie superior ni igual, el argumento no vale.

Pero sí hay un argumento en verdad interesante y que es la premisa oculta en la apuesta de Pascal. Ella supone que usted y yo tenemos conocimiento para tomar esa decisión. ¿Qué pasa si no lo tenemos? La posibilidad es razonable.

Piense en un hombre en Egipto, varios siglos antes de Cristo y bajo un sistema religioso muy diferente. Piense en los griegos, con otra religión, o en algún romano viviendo en las Galias en el año 10 de nuestra era. Más aún, piense en alguna persona en Nepal, en una población en la que nunca ha llegado un extranjero.

¿Pueden esas personas hacer la apuesta? No lo creo, al menos como la planteó Pascal. Ella aplica sólo a quienes conocen los elementos a decidir: existe o no Dios, seguir o no sus mandatos. A ellos nunca se les planteó la posibilidad de un único Dios.

¿Será condenado al Infierno eterno el romano que no conoció esa posibilidad de creer? La pregunta es realmente clave, porque se aplica también a, por ejemplo, el budista de la actualidad, o quien sea que profese la religión “equivocada”. Es decir, hay otra apuesta adicional a la de Pascal, la de la decisión de la religión verdadera, sea la egipcia en la antigüedad o cualquier otra en nuestros tiempos, judaísmo, catolicismo, la que sea.

Entonces hay otra decisión, que es la de optar por la religión verdadera. Es otra apuesta necesaria. que se toma sin certidumbre satisfactoria y plantea la duda. ¿Me condeno sin remedio si escojo la religión equivocada incluso a pesar de tomar esa decisión con extremo cuidado?

• Si contesto que sí parto de otra premisa oculta, la de creer en un Dios muy fundamentalista y literal, sin sentido de piedad ni compasión. Es un Dios que me obliga a tomar una decisión sin tener la información completa, como le sucedió a un egipcio dos milenios antes de Cristo.

• Si contesto que no, que si yo escojo con sinceridad a mi religión y sigo sus mandatos, iré al Cielo eterno, entonces parto de la idea de un Dios compasivo y amoroso, uno que entiende que me puedo equivocar de buena fe y que mis circunstancias particulares me afectan.

No sé a usted, pero estas preguntas me parecen fascinantes por sus consecuencias y la oportunidad que presentan para analizar el tema. Un tema en el que existe una respuesta que está, como dicen, “fuera de la caja”. Es decir, se sale de la solución miope y limitada. Se llama derecho natural y se sustenta en una idea: todos los seres humanos tenemos una naturaleza esencial idéntica y en ella están arraigados ciertos valores universales.

Si nos comportamos dentro de esos valores a los que llamamos conciencia podremos ir al Cielo eternamente. La idea se justifica en la creencia en un Dios que ama a cada uno y es capaz de ser conmovido por nuestra imperfección y desconocimiento, pero quien hace de lado a los que obran en contra de esa conciencia con pleno conocimiento e intención.

La conclusión es interesante, porque llevaría a cualquier persona de cualquier religión a salvar su alma, mientras ella actúe en conciencia dentro de su situación. Incluso a un ateo que haga lo mismo. Más aún, a quienes sí conocen la decisión a tomar y sus consecuencias, a esos los evaluaría con mayor seriedad que aquellos quienes no tienen ese conocimiento.

Temas como éste bien valen una segunda opinión y merecen más discusiones. Es una pena que en los tiempos de la televisión, los temas hayan sido puestos de lado, porque ponerlos de lado es otra apuesta muy grande: apostar a que el tema no importa cuando puede apostarse a que sí importan y mucho.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



No hay comentarios en “Vida de Apuestas”
  1. Ramán Preciado Dijo:

    Fascinante y a la vez,peliagudo tema..es como decidir entre el "ser ò no ser"..Creo que el hombre necesita creer,en un Dios,para dar razòn a sus actos y sentido a su existencia ,aspirando ò "apostando" por una vida eterna.





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