Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Volver al Origen
Leonardo Girondella Mora
31 mayo 2010
Sección: DERECHOS, LIBERTAD GENERAL, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Toda la noción de derechos humanos ha sido convertida en una lista de reclamos en expansión —a la que se añaden ítems, los que sean, y en tal cantidad que se habla de derechos de primera, segunda y tercera generación.

La metamorfosis de la idea de derechos humanos —en otras palabras— los ha convertido en lo opuesto de lo que deberían ser. En lugar de entenderse como un instrumento de defensa de cada persona individual, los derechos humanos han sido convertidos en una herramienta para justificar éticamente la expansión del gobierno.

Lo que trataré de demostrar en lo que sigue es la conveniencia de girar el tema retirando del vocabulario la expresión “derechos humanos” y usar otra que rescate el sentido original que tuvieron —lo que propongo es la expresión “libertades humanas” como sustituto de la anterior.

Una declaración de derechos en su sentido original es una lista de los derechos que se cree tienen las personas, todas ellas —una lista breve de creencias sólidas e importantes que se piensa son merecedoras de ser reconocidas explícitamente, como libertad de expresión y libertad religiosa.

El objetivo original y sustantivo de una declaración de derechos es la protección de la persona contra los abusos de poder —especialmente de los gobiernos. El caso de la libertad de expresión lo ejemplifica muy bien al considerar una violación de derechos humanos los actos de censura que pueden ejercer los gobiernos u otras personas.

El sustento filosófico es el de la aceptación de una naturaleza humana —común a todos— que establece que cada persona es valiosa, un fin en sí misma y que ella no puede ser afectada en bien de nadie más. Una parte vital de esa naturaleza es la libertad humana, igual para todos, sin distinción de raza, posición social, religión, sexo y demás.

Esa idea de libertades sustentadas en la aceptación de la naturaleza humana ha sido prostituida al dejar de entender a los derechos humanos como libertades esenciales —ahora los derechos son entendidos como reclamos personales. Explico la diferencia y que no es sencilla de comprender en su inicio.

El derecho al trabajo, bajo la visión auténtica original, se interpreta como una libertad —la persona tiene la libertad para dedicarse al trabajo que desee, sin que nadie lo pueda evitar (obviamente no puede dedicarse a ser ladrón porque eso afectaría a las libertades del resto). Este derecho al trabajo, bien entendido, protege a la persona de acciones gubernamentales que se lo impidan y de actos de terceros que hagan lo mismo.

Pero el derecho al trabajo, bajo la visión distorsionada, se interpreta como un reclamo de la persona para exigir que otros le den empleo —ya no es una libertad personal que pide a los demás respetarla, sino la asignación de una obligación en otros para que cumplan con la petición de empleo.

El giro de absoluto, pues de libertad se ha pasado a exigencia —y ya que esos reclamos no pueden ser asignados con justicia a terceros, se concluye que es el gobierno quien debe hacerse responsable de satisfacer reclamos. Para satisfacerlos, por necesidad, necesita más poder y recursos.

La nueva lista de derechos ya no es una lista de libertades que los gobiernos deben respetar —es una lista de exigencias que los gobiernos deben satisfacer. La diferencia es cósmica entre las dos concepciones: bajo la visión auténtica, el gobierno es limitado; bajo la visión distorsionada, el gobierno es ampliado.

Cuando los derechos son entendidos como libertades, todo lo que se exige a las personas es respetar las libertades ajenas —es un régimen de libertad igual para todos sin excepción y sólo contiene una exigencia o reclamo: las personas no pueden afectar las libertades del resto.

Pero algo terrible sucede cuando los derechos son interpretados como exigencias, reclamos, o demandas sociales: se convierten en exigencias específicas y variadas que alteran a las libertades. Un derecho a la educación ya no significa que se posea el derecho a educarse sin que los demás lo impidan —ahora se convierte en la obligación impuesta a terceros de que paguen la educación de quien hace el reclamo.

De derechos a la libertad se ha pasado a reclamos y exigencias. Este es el cambio notable que quiero hacer explícito y que mucho temo, ha pasado inadvertido para muchos que con buenas intenciones han acabado patrocinando una metamorfosis que por diseño viola los reales derechos humanos.

Cuando alguien hace un reclamo, entendido como derecho, coloca en otros una obligación y significa que, de facto, existen personas que son superiores a otras —lo que viola el principio de igualdad humana: alguien puede ser afectado en beneficio de otro. La única posibilidad de hacerlo es contar con el poder gubernamental (que fue precisamente lo que trató de evitar la idea original de derechos).

Es por las anteriores razones que propongo retirar la expresión de “derechos humanos” y usar en su lugar la de “libertades humanas” cuyo fin es la protección contra el abuso del poder: ninguna persona puede ser afectada en sus libertades, ninguna, por el motivo que sea.

Aceptar la idea de una declaración de reclamos y exigencias es dar la autorización expresa para aniquilar a la libertad —cualquier persona podría ser sacrificada en favor de otra, la que así se convierte en dependiente del gobierno.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras